«De ser modelo pasé a ser una presa esposada y mugrienta en un avión»
La secretaria de Gobierno de Roca pasa revista a su tránsito por la política en un tiempo intenso: los '60 /'70.
por: CARLOS TORRENGO
–¿Es cierto que se estrenó como militante rompiendo las vidrieras de «La Nueva Provincia», en Bahía Blanca?
–No, en ese momento yo ya militaba en el peronismo. Estuve en ese tole tole con la cana pero no rompí esa vidriera, aunque me lo acreditaron. Fue durante una manifestación de protesta por la llegada de Nelson Rockefeller al país… todas las universidades salían a la calle a protestar… creo que fue en el '69…
–Sí, incluso un grupo quemó en el Gran Buenos Aires varios supermercados de la cadena Minimax, que era de la familia Rockefeller. ¿Quién rompió la vidriera ?
–Por lo que recuerdo, creo que fue un flaco del PC, pero yo, muy imberbe todavía para saber cómo se tiene que replegar uno en un despelote de esa naturaleza, quedé en medio de la cana y me llevaron presa.
–¿Primera visita al portland?
–¡Mi primer portland, sí, sí: mi primera cana! Me acreditaron la rotura del ventanal derecho de «La Nueva Provincia». Yo no tenía fuerza para tirar una pedrada así, pero quedé pegada y perdí el trabajo que tenía en Canal 9, que era de «La Nueva Provincia».
–¿Fue cuando usted era modelo? ¿Cómo es esa historia de pasarela?
–Y… yo era muy linda…
–Sólo los célebres suelen ser humildes…
–…y así todo es complejo. Un día, caminando por una galería de Bahía Blanca, la dueña de una boutique me dijo si no quería ser modelo. Agarré y gané unos mangos que me vinieron muy bien. Incluso desfilé con algunas modelos famosas de aquel tiempo.
–Chunchuna…
–No, ella hacía publicidad. Yo desfilé con Karim Pistarini… era bellísima.
–¿Envidia?
–Ninguna, la gente me miraba más a mí. Y a partir de ser modelo me vinieron a buscar de Canal 9 para hablar del clima. Y así, con un puntero, frente a un mapa y vestida por casas de Bahía, todas las noches aparecía en la pantalla hablando de «altos cúmulos», «bajos cúmulos» y algunos consejos: «Prepare la chalina para el nono»…»Que los nenes no se destapen», etc., etc. Pero con la famosa pedrada perdí el trabajo en televisión… me prohibieron la entrada en «La Nueva»… ni retiré mi último sueldo. Pero seguí trabajando de modelo un tiempo más.
–»¡Hoy desfila 'la terrorista', vaya con casco!», algo así como la terrible colorada de la banda Baader-Meinhof. ¿Se acuerda de aquel grupo armado?
–Sí, pero yo no era colorada.
–Porque se hizo peronista viniendo…
–…de un hogar gorila… sí, sí: radicales irigoyenistas y muy antiperonistas. Pero un hogar donde desde muy chicos nos inculcaron una fuerte pasión por la vida, por los «otros», por las ideas, por la política… por la cuestión pública. Agradezco mucho haber tenido esa cuna. Y en la universidad descubrí eso que Sábato llama «la otra cara del peronismo».
–¿Qué descubrió?
–Lo mismo que otros hijos de gorilas: que el peronismo era mucho más que la «mujer del látigo», o la quintaesencia de la violencia, o la Sección Especial de la Federal o la UES. Descubrimos que el peronismo también era la legítima dignificación de la vida de millones de seres y que del '55 en adelante se seguía torturando, asesinando, persiguiendo. ¡Lejos estuve y estoy de negar la impronta dura, autoritaria, que serpentea en el peronismo, pero la historia tenía matices y mi generación los fue descubriendo! Leíamos a Hernández Arregui, a José María Rosa…
–¿Y sus padres cómo reaccionaron?
–Muy bien… debatíamos. Mucho alboroto… creo que les gustaba que me comprometiera, aunque no pensaran como yo. ¡Lindos viejos!
–En el marco del peronismo, ¿dónde comenzó a militar?
–En una corriente universitaria, como era natural cuando se era estudiante: el Frente Estudiantil Nacional.
–»Pajarito» Grabois… y creo que ahí también estaba Julio Barbaro.
–De Grabois sí me acuerdo, era dirigente nacional. El FEN fue una de las usinas que desde el peronismo se instalaron en la universidad de los '60, de la dictadura de Onganía en adelante.
–Si mal no recuerdo, el FEN era más derecha que otra cosa, ¿no?
–Nos decían que éramos de derecha, pero más vale la identificación de un poco ortodoxos. Cuando la lucha ideológica en la interna peronista se dinamizó, del FEN partió mucha gente hacia distintos lados… derecha, izquierda…
–Pero ya en el '72/'73 el gran imán desde el peronismo era Montoneros. ¿Lo manejó como alternativa de militancia?
–No. Durante la dictadura de la Revolución Argentina me expliqué y justifiqué la lucha armada como una reacción a ese poder… una respuesta con inserción en las masas. Hasta ahí, era una acción con lógica. Pero ya en el '73, con Cámpora en el gobierno y luego con la inmensa legitimidad de Perón presidente, bueno… sucedieron cosas que a mi esposo Heber y a mí nos alejaron de la militancia concreta.
–¿Qué cosas?
–Por ejemplo, el que las organizaciones armadas se olvidaran de la política y cayeran en el militarismo… otro ejemplo: el asesinato de Rucci en setiembre del '73.
–Hoy se sabe: fueron los montos.
–Fue esencialmente una provocación al conjunto social. Tres días antes, Perón había ganado la presidencia con el 62% de los votos. El país no quería violencia, pero le tiraban un cadáver…
–¿Percibió el proceso reproducción de la violencia que se estaba gestando?
–No… no, no.
–¿Cómo fue aquella madrugada del 1 de julio del '76?
–Vivíamos en Villa Mercedes, donde Heber y yo teníamos cátedras en la universidad. Teníamos tres hijos: uno de tres y mellizos –varón y nena– de año y medio. Dormíamos y llegó la Federal. Nos dijeron que nos tenían que llevar… «¡Los chicos se quedan!», dijo uno, pero yo me los llevé igual. Con el tiempo, cuando supe lo que la dictadura hizo con muchos chicos, suelo pensar que quizá l mejor hubiese sido dejarlos… llevármelos sin saber lo qué nos iba a pasar a Heber y a mí, fue un riesgo.
–¿Sabía lo que estaba sucediendo en el país en materia de represión?
–Ni remotamente.
–¿De qué se la acusó?
–A Heber y a mí nos incluyeron en lo que se llamó la causa de la Universidad Nacional del Sur, que involucró a cientos de profesores y alumnos… nos acusaban de todo… hasta de haber llevado la peste negra a Europa en 1348. En los hechos, las acusaciones comenzaron a forjarse antes del golpe, cuando el fascista de Remus Tetu asumió el rectorado de la UNS en enero del '75.
–Años en que los grupos de extrema derecha que sostenían a Tetu asesinaron al pibe de Cilleruello, de Roca, y a Nacandakare, de Cipolletti. Fue en Bahía.
–Así es, y hubo más chicos asesinados. ¡Tetu, un fascista! Se unió a los nazis en la Segunda Guerra.
–Y los peronistas lo trajeron en los '50 a la UNS.
– ¡Los mil rostros del peronismo! Lo concreto es que a los tres meses de estar detenidos, a Heber y a mí la Justicia Federal nos sacó de la causa, pero nos pusieron a disposición del PEN. A Heber lo llevaron a Rawson y a mí, a Devoto.
–¿La torturaron?
–A mí no. A Heber sí, en la Federal de Bahía Blanca… la dirigía Baldovinos.
– A Baldovinos lo mataron, y no fue precisamente la guerrilla.
–¡Un ser muy cruel! Ahí, cuando sentía que lo tiraban a Heber en la celda de al lado, después de torturarlo, cuando lo sentía gemir… sí, sí, ahí tomé conciencia de lo que estaba pasando en el país.
–¿Qué queda hoy de todo aquello?
–Tanto… ¡no se pasan casi tres años en una cárcel y siete meses en Roca con prisión domiciliaria sin que todo eso no vaya y vuelva en la cotidianidad! Queda la solidaridad de un vecino de Villa Mercedes que vio cuando nos llevaban y después de mucho averiguar dónde vivían mis padres, les avisó; queda un comisario de la Federal de San Luis que me dijo «yo también soy abuelo, cuanto antes les demos los chicos a sus padres, mejor» y, a costa de riesgos para él, me ayudó. La Federal de San Luis estaba intervenida por un grupo de tareas que había llegado de Buenos Aires. Los mandaba un tipo joven… un «Rambo» al que le decían «Borsalino». Quedan las mil formas en que uno se imaginaba cómo estarían creciendo sus hijos. En tres años los vi tres veces… y a Heber, recién después de tres años. Queda la solidaridad tejida entre las presas… la violación de la intimidad… el tener que hacer caca delante de todos… pero queda un enorme amor por la vida y por luchar por lo que se piensa… ¡ah, queda el sentirse mugrienta!
–¿Cómo es eso?
–En San Luis nos tuvieron una semana en una cocina muy mugrienta, casi sin agua. Como no me habían dejado llevar ni pañales, a los chicos los limpiaba con un hilito de agua. Dormíamos los cinco abrazados en un bajo mesada… todos abrazados, varios grados bajo cero. Cuando a Heber y a mí nos subieron esposados a un avión de línea rumbo a Buenos Aires, llevábamos diez días sin bañarnos. Teníamos que ir con la cabeza gacha… si las esposas están en la espalda y el que te custodia sube las manos esposadas, duelen mucho y son humillantes, porque uno camina arqueado. Nos sentaron. Yo tenía un tapadito y creía que apretándome bien no despedía olor, pero miraba de reojo a la gente, que a nuestra condición de «terroristas» nos sumaba los olores que despedíamos… y nos miraban con asco.
–Las tenían todas
–Todas…
–Ya no era la piba de la pasarela…
–…era la piba de la pasarela al calabozo.
FICHA PERSONAL:
• Anahí Tappatá tiene 59 años. Es licenciada en Economía egresada de la Universidad Nacional del Sur. Hoy se desempeña como secretaria de Gobierno de la Municipalidad de Roca.
• Tiene cuatro hijos, un nieto y otros dos en camino.
• El mayor de sus hijos es economista (vive en EE. UU.), mientras que los mellizos –varón y nena– son licenciados en Administración de Empresas. El cuarto estudia licenciatura en Administración de Hoteles.
• Tappatá es miembro de la Fundación Mediterránea y fue convencional por el Partido Justicialista de Río Negro en la Convención Nacional que reformó la Constitución Argentina en Santa Fe, en 1994.
por: CARLOS TORRENGO
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