Del optimismo a la modesta esperanza

Como había anticipado, el gobierno comunicó los aumentos en las tarifas de los servicios públicos previstos para el 2019 lo más lejos que pudo del inicio del calendario electoral. Una decisión que podría haber aconsejado cualquier estratega de campaña, no importa de qué signo. Los anuncios de la última semana del año encierran sin embargo la ilusión, menos tangible, de dejar todo lo malo atrás. Salir del 2018 es un objetivo en sí mismo para el presidente. “Los del mercado dicen que el cambio de año puede ayudar. Empiezan con el contador en cero...”, dijo a esta columna una voz influyente de la Jefatura de Gabinete sobre la escalada del riesgo país. Ha habido un cambio: lo que hasta no hace mucho era optimismo ahora es apenas una modesta esperanza.

El ministro de Transporte Guillermo Dietrich anunció el jueves en el auditorio del Ministerio de Hacienda la suba de hasta un 40% entre enero y marzo de las tarifas de transporte del área metropolitana de Buenos Aires, donde está la mayor concentración de subsidios en el sector. No descartó nuevos incrementos. En un despacho de ese mismo edificio, un rato más tarde, el ahora ex secretario de Energía Javier Iguacel convocó a un grupo de periodistas para comunicarles informalmente incrementos de un 35% promedio en las tarifas del gas y de un 55% en las de electricidad para Buenos Aires. A la mañana siguiente Iguacel estaba fuera del gobierno. Enigmas de una gestión breve: no se sabe si el anuncio fue un último servicio o Iguacel se vio obligado a hacerlo antes de renunciar por diferencias con el ministro de Hacienda Dujovne en torno al recorte de beneficios a las empresas con inversiones en Vaca Muerta. Tampoco todavía está claro si fue una iniciativa de Iguacel el proyecto de hacer pagar a los usuarios una compensación por la devaluación a las productoras de gas, que generó una ola de repudios en octubre pasado y obligó a otra marcha atrás del gobierno. Esa medida parecía haber sellado entonces su destino. Gustavo Lopetegui, ex coordinador de la Jefatura de Gabinete, un hombre de la total confianza de Macri y Marcos Peña, y quien nunca perdió influencia en el gobierno, ocupará su lugar.

Los aumentos anunciados superan largamente la inflación incluida en el Presupuesto para el 2019, que prevé un 23%. El gobierno busca recuperar el terreno perdido con la devaluación en materia de subsidios. Aún hoy el 60% de la tarifa del transporte en el área metropolitana está subsidiada (90% en el caso de los trenes). Antes de la corrida contra el peso, el gobierno había conseguido bajar los subsidios hasta un 35% del costo de la generación eléctrica. Volvieron a un 70%.

En materia económica, el principal objetivo del gobierno para el año que comienza es alcanzar la meta fiscal comprometida con el Fondo. En el informe que acompañó el último desembolso del año el directorio del Fondo pidió “resistir a las presiones de mantener los subsidios a la energía e incrementar los salarios”.

Para Macri es un eterno volver a empezar. Los aumentos previstos ya hicieron crecer en hasta 5 puntos las expectativas de inflación para el 2019, llevándola a cerca del 30%. Reducir los subsidios y mantener controlada la inflación y el dólar ya se mostró impracticable en la primera parte de su mandato.

Los anuncios coincidieron con la difusión del índice de actividad económica del Indec correspondiente a octubre, que marcó una retracción de 4%, el séptimo mes consecutivo, y anticipa que la economía en el 2018 caerá más de un 2%. La industria cayó un 9,5% en noviembre, según Ferreres. Son los indicadores de una recesión que nadie arriesga a decir cuándo termina.

En tres años el gobierno de Macri muestra una pobreza superior al 33%, una desocupación que araña los dos dígitos, más de 150% de inflación y dos períodos de retracción económica. Ninguno de estos indicadores tendrá una mejora sustancial el año que comienza, el último de su gestión. Sigue siendo una incógnita con qué armas el presidente buscará la reelección.

Los anuncios de la última semana del año encierran la ilusión, menos tangible, de dejar todo lo malo atrás. Salir del 2018 es un objetivo en sí mismo para el presidente.

Para Macri es un eterno volver a empezar. Los aumentos previstos ya hicieron crecer en hasta 5 puntos las expectativas de inflación para el 2019, llevándola al 30%.

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Los anuncios de la última semana del año encierran la ilusión, menos tangible, de dejar todo lo malo atrás. Salir del 2018 es un objetivo en sí mismo para el presidente.
Para Macri es un eterno volver a empezar. Los aumentos previstos ya hicieron crecer en hasta 5 puntos las expectativas de inflación para el 2019, llevándola al 30%.

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