Demencial ataque de un hombre contra su familia

Mató a golpes a su hijo de 3 años y a su ex mujer, a quien también baleó. Luego fue a buscar a su hija de 6 a la escuela y la asesinó en un hotel. Tras la masacre, se suicidó arrojándose desde un octavo piso.

BUENOS AIRES (DyN).- Un hombre con problemas mentales asesinó a su ex mujer y a su hijito de 3 años en un departamento del barrio porteño de Caballito, se llevó a su otra hija de 6 años a un hotel de Chacarita donde la mató de tres balazos, y luego se suicidó arrojándose desde un octavo piso.

El protagonista del trágico drama familiar fue identificado como Gabriel Maximiliano Hernández, de 35 años, un hombre con graves problemas psicológicos que había estado internado en institutos psiquiátricos, según informaron fuentes policiales.

El hombre dejó cartas para explicar los motivos por los que asesinó a su ex esposa, Verónica Andrea Tuma (32), y a sus dos hijos, Iván Hernández (3) y Andriela Maxibel Hernández (6) (ver recuadro).

El drama se inició el martes luego de que Tuma no fue a una cita con su padre, con quien iba a encontrarse a las 17. El hombre intentó comunicarse varias veces por teléfono con la casa de su hija, pero como nadie respondía los llamados alrededor de las 19.30 fue hasta el lugar, un edificio del Pasaje El Maestro 5, a metros de la avenida Rivadavia, en el barrio de Caballito.

En el lugar vivía Verónica con sus dos hijos, ya que estaba separada desde hacía dos años de Hernández, quien residía con su madre en una vivienda a siete cuadras. El padre de la mujer ingresó con llaves que tenía en su poder acompañado por el portero y encontró a su hija y a su nieto muertos dentro de la bañera, tapados con frazadas y una sábana, en medio de un gran charco de sangre. La niña no estaba.

El cadáver de la mujer estaba recostado boca abajo, con varios golpes en la cabeza realizados con un objeto contundente y dos disparos en el cráneo efectuados con un revólver calibre 38 que no se encontró en la escena del crimen. En tanto, el cuerpo del pequeño estaba boca arriba sobre el de su mamá, con varios golpes en la cabeza hechos con un palo de amasar que fue encontrado en la casa con manchas de sangre, pero no tenía disparos.

Las dos víctimas fueron asesinadas en horas del mediodía. Personal de la comisaría 10 y de la Unidad Criminalística de la Policía Federal halló al menos dos cartas donde Hernández asumía la autoría del hecho y anticipaba lo que haría después.

«Antes de separarse tenían una relación conflictiva, aunque nunca hubo hechos de violencia. El era muy posesivo con mi hermana y no permitía que ni siquiera los familiares hablemos con los hijos ni les regalemos juguetes», dijo Martín Tuma a la prensa en la puerta del edificio. «Visi

taba frecuentemente a sus hijos en el departamento, pero nunca se iba con los nenes solos por sus problemas psicológicos», dijo el hombre, que difundió la fotografía de su ex cuñado para tratar de localizarlo y especuló con que podría haberse ido al interior bonaerense, donde tenía parientes, sin imaginar el trágico desenlace que sobrevendría luego.

Según reconstruyeron los investigadores, tras el doble crimen, cerca del mediodía del martes, Hernández fue a buscar a su otra hija al Colegio Normal 4 de Caballito, donde cursaba primer grado, y se la llevó con él. Para entonces comenzaron a trabajar efectivos policiales que cerca del mediodía allanaron sin éxito varios lugares que Hernández solía frecuentar, sin saber que se había hospedado el día anterior en una habitación del octavo piso del hotel La Torre, en Corrientes y Olleros de Chacarita.

Cerca de las 13, un llamado al 911 alertó acerca de un suicidio de una persona alojada en el hotel, que había caído en la terraza de una zapatería aledaña tras romper una claraboya. Efectivos de la comisaría 29 fueron y confirmaron que era Hernández. Rápidamente se dirigieron a la habitación y sobre una cama encontraron muerta a Andriela con tres balazos en la boca, disparados con la misma arma usada para matar a su mamá.

El gerente del hotel, Carlos Mouzo, dijo que se enteró de que un hombre había caído en el comercio vecino pero «suponía que estaba trabajando, limpiando vidrios. Cuando fuimos a ver la Policía inmediatamente se podía tratar de esa persona», en referencia a Hernández. Agregó que el hombre «no tenía ninguna señal que llame la atención».

El segundo de los casos quedó en manos de la jueza María Rita Acosta y el fiscal


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