Gonzalo Rovira, un jugador de primera en la final de la Liga Confluencia

El jugador que pasó por San Lorenzo y recorrió Sudamérica ya jugó un par de partidos para Catriel en el Apertura. Se recuperó de una lesión y regresará para enfrentar a Cipolletti en la definición del campeonato. Una historia muy particular.

06 jun 2018 - 00:01

El debut lo recibió con alfombra roja; gol, asistencia y ovación en un partido por Copa Sudamericana. Fue hace casi 9 años en el Nuevo Gasómetro, colmado de gente. En una noche primaveral de 2009 deslumbró con su velocidad y llenó de elogios la boca de los comentaristas de turno. El Ciclón ganó 3 a 0 y en el partido de vuelta volvió a convertir.

Hace algunas semanas marcó un golazo de tiro libre, lejos de la Primera División y de Boedo. Fue defendiendo los colores de la Unión Deportiva Catriel, en un partido de liga Confluencia donde hoy juega. Un tanto que sirvió para que el club canario ganara su zona. Luego de superar a Huergo, disputará la final.

En esos nueve años Gonzalo Rovira pasó por todas. La mayoría fueron pálidas. El terremoto de 2010 en Chile lo encontró jugando en La Serena de Chile, tuvo que entregar un Ipad para pagar un hotel cuando jugaba en San José de Bolivia y se fue con lo puesto sin haber cobrado un peso. Está con un juicio con la Liga de Quito, equipo al que fue con muchas ilusiones y volvió con apenas un puñado de partidos sin marcar goles. La suerte le fue tan esquiva como él, en su mejor momento, dribleaba rivales.

Rovira no quiere mirar para atrás porque la nostalgia está con los dientes afilados, esperando el banquete. El correntino de 30 años mira para delante, como lo hace en la cancha donde observa el arco, quiere hacer goles. No le interesa la plata ni el prestigio tanto como volver a ser aquel que brilló en San Lorenzo y que por un sinfín de contingencias nunca volvió a emular.

Hoy es otro de aquel, pero el deseo es el mismo; disfrutar en una cancha. “Yo quiero jugar al fútbol. Miro para delante, no quiero mirar para atrás. No me arrepiento de nada. Hoy estoy acá (Catriel) muy agradecido porque me han tratado muy bien y quiero dar lo mejor para lograr el objetivo”.

Llegó a Catriel por su amistad con Bruno Camilletti, un catrielense que conoció en las inferiores del club azulgrana. El año pasado jugaba en una liga regional de Córdoba y cuando lo llamaron no lo dudó. “Tengo gente conocida acá, me llamaron tres o cuatro meses antes del empezar y cerramos todo. Ahora quiero ponerme bien y poder rendirle al club dentro de la cancha”, dice Rovira quien se lesionó en un encuentro ante La Amistad y estará en condiciones de jugar para el equipo que llegó a la final.

El futbolista ya pisa los 30 años y aunque muchas veces quiso largar sigue porque el amor por el juego está intacto. “Yo quiero jugar y pienso en eso. Me quiero poner bien y disfrutar dentro de una cancha. El fútbol tiene muchas cosas feas, es un negocio pero yo me siento bien jugando”.

Quito fue el lugar donde más sufrió y quizá donde comenzó su declive futbolístico. Fue con mucha ilusión en 2011 a un equipo con muchos jugadores de selección. Pero la pronta eliminación de la Sudamérica le restó minutos y comenzó un calvario. Lo “colgaron” como se dice en la jerga, y lo mandaron a entrenar a una plaza. “Me afectó mucho todo lo que me pasó en Ecuador. Lloraba todas las noches, porque yo fui a jugar y no estaba bien. Me daban ganas de dejar todo”. Rovira sabe que de haber tomado otras decisiones, su carrera hubiese sido distinta, pero no se lamenta. “Son las decisiones que tomé, ahora no me iría solo a otro país porque tuve malas experiencias, jugué poco y eso para un jugador es todo”.

Bolivia, la peor experiencia

Tras volver de Quito, Rovira navegó por distintos equipos de segunda y tercera división. Jugó en Douglas Heig de Pergamino en la B Nacional y luego tuvo un paso fugaz por dos equipos de Federal A; Gimnasia y Tiro de Salta y Club Textil Mandiyú. En el conjunto correntino había encontrado continuidad y volvía a encontrarse con su mejor juego.

Pero su pasó por Bolivia volvió a ser una mala jugada y lo sacó de los equipos profesionales. Lo llamaron de San José en 2015. Sin embargo apenas jugó tres partidos, no cobró nunca en cuatro meses y tuvo que entregar hasta un Ipad como parte de pagó en el hotel donde se hospedaba.

“Fui por un contrato, pero cuando llegué allá era otro. Al principio fue todo lindo. Pero el presidente que me llevó se fue a los pocos días. El nuevo no se quiso hacer cargos ni del hotel donde estábamos parando, un desastre. Aparte me costó adaptarme en la altura. Es lo peor, no sé cómo aguantaba, parece que te vas a morir. Si no sabés respirar la pasás mal”, recuerda.

Sin representante y sin continuidad, su celular comenzó a sonar cada vez menos en los mercados de pases, pero él asegura que en el Nuevo Gasómetro con 40 mil personas o en la cancha de Catriel, la pasión está “intacta”.

Los países
en los que jugó
4
Argentina, Chile (La Serena), Bolivia (San José) y Ecuador (Liga de Quito).
‘‘El recuerdo más lindo que tengo es haber debutado en San Lorenzo, al que le tengo un cariño muy grande porque me dio todo’’.
Gonzalo Rovira, actual jugador de la Unión Deportiva Catriel.
“El fútbol me decepcionó”
“A veces me dan ganas de dejar todo, pero después pienso que hice mucho sacrificio y me siento feliz jugando al fútbol, entrenado, el vestuario”. Rovira dejó su ciudad natal, Santo Tomé de Corrientes, con apenas 11 años. Se fue a una pensión de futbolistas en Buenos Aires hasta que fue fichado por San Lorenzo. “En lo que pasó no pienso porque me pone mal, solo quiero seguir jugando hasta que me de”.
“El fútbol me decepcionó mucho. Lo más lindo que viví fue en inferiores. Porque vos jugás para divertirte, por el club, después te das cuenta que todo es un negocio y sos un número más. Pero eso lo ves después cuando crecés. Hay muchas cosas que no están buenas, gente que te defrauda, pero el fútbol es así”.
El correntino recuerda a Diego Simeone como el mejor entrenador que tuvo y uno de los pocos que le fue de frente. “El fue muy claro conmigo, yo había jugado algunos partidos había hecho goles pero él me dijo que iba a traer otros jugadores y que iba a pelearla de atrás. Yo valoré mucho eso. Además es un tipo distinto, se preocupa mucho por el jugador, está en todos los detalles por eso es uno de los mejores”, recuerda. Tras esa charla decidió irse a La Serena.
Ahora Rovira piensa en ponerse bien, jugar y a mitad de año resolverá cual es su futuro. “Ahora solo pienso en ponerme bien, jugar y tratar de rendirle a Catriel. Acá me trataron muy bien, después se verá que pasa conmigo”.

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