El canotaje como vínculo de recuperación, la Regata como elemento de pasión
Sol Verdun corre en un travesía mixto junto a Tito Huenulaf, fue operada de cadera hace 14 años y tuvo cáncer en los huesos. Empezó a remar como rehabilitación y hoy el canotaje y la Regata forman parte de su vida.
Sol Verdun habla desde ese lugar íntimo donde el canotaje deja de ser deporte y se vuelve forma de vida. Fuera del bote se mueve con apoyabrazos luego de pasar por un delicado proceso de salud, corre para la escuela conesina de Monguen Kawen, pero es de San Antonio Oeste y se crió junto al mar. Sin embargo a la chica del bote 83 que comparte junto a Titi Huenulaf, el río no le pregunta de dónde cuando el objetivo es remar y ser parte de la Regata.
A lo largo de estos días en Conesa junto a la Regata, a Sol la contactamos antes de llegar al balneario de esta ciudad, luego de la sexta etapa; y antes de largar la séptima (previo día de descanso en el medio) desde el mismo lugar. Durante la primera charla que tuvimos en la Estancia Ferrari, punto de partida del sexto capítulo, Sol nos revela cómo es que llegó el canotaje a su vida.
“Estoy operada de cadera hace catorce años y también tuve cáncer en los huesos después de la cirugía. Ahora estoy bien, siempre haciendo todo lo que el médico me dice, así que, como siempre digo, mientras que el cuerpo me dé, voy a seguir remando. El canotaje lo empecé como rehabilitación por el tema de la columna, porque caminar mal (tenía un acortamiento en una de sus piernas) no solamente de afecta las caderas, sino también la columna, los meniscos de las rodillas, todo… Así que a este deporte lo empecé como rehabilitación”
Hace siete años que rema. Siete años aprendiendo a leer el agua, a acomodar el cuerpo y a escucharlo. Esta es su tercera Regata y no duda: va a seguir insistiendo. “El canotaje y Regata llegaron a mi vida para siempre…”. Sol lo dice con alegría, porque sabe que una vez que hacés esta prueba, algo cambia para siempre. Una vez que te mirás cara a cara con el río y la Regata “después querés estar ahí, querés volver… Siempre”.
Sol se mueve con unos bastones “que son de apoyo para no lastimar la otra cadera y no hacer otra cirugía más. Después con el tiempo, los años me diagnosticaron cáncer en los huesos, pero los médicos lo agarraron a tiempo, así que empecé con quimio, con pastillas, y bueno… Acá estoy”.

Para Sol el recibimiento en Conesa fue una caricia profunda. Estuvo su familia, los amigos, los palistas de la escuelita… “Eso te recarga un montón”, dice, y no hay frase más justa. Porque en la Regata, muchas veces, lo que empuja es el amor que espera en la llegada. Hoy, toda esa gente también estuvo en la largada de la séptima. El viento volvió a ser protagonista y el río en estas condiciones siempre exige respeto. Sol lo sabe. Por eso habla de ir en grupo, de buscar la ola, de no largarse sola.

Quiere que se sumen más mujeres a correr la Regata. El año pasado fueron pocas, en esta edición dorada el número creció. Hay más chicas animándose a la aventura, más historias que se suben al agua. El canotaje llegó para quedarse en la vida de Sol. “Hasta que sea viejita”, dice, y sonríe. Porque hay pasiones que no se jubilarán jamás siempre que haya mujeres como Sol, que con coraje y determinación también forman parte de la historia de esta travesía.


Sol Verdun habla desde ese lugar íntimo donde el canotaje deja de ser deporte y se vuelve forma de vida. Fuera del bote se mueve con apoyabrazos luego de pasar por un delicado proceso de salud, corre para la escuela conesina de Monguen Kawen, pero es de San Antonio Oeste y se crió junto al mar. Sin embargo a la chica del bote 83 que comparte junto a Titi Huenulaf, el río no le pregunta de dónde cuando el objetivo es remar y ser parte de la Regata.
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