Desafíos tecnológicos para el gobierno neuquino en pandemia






La demanda sobre servicios TIC pone bajo estrés infraestructuras físicas de conectividad, capacidad de procesar de los datacenters de gobierno, la seguridad y los recursos humanos.


La Provincia de Neuquén tiene una larga historia tecnológica que se remonta a inicios de los 90 cuando dictó su primera política informática y luego la complementó con el Plan Maestro de Gobierno electrónico. Estas políticas definieron el uso de tecnologías asépticas al cambio, tomando en cuenta la velocidad de su evolución, entendiendo a estas como un medio y no como un fin en sí mismo.

La estrategia fue pensar en grande, trabajar en proyectos acotados y crecer rápido. Eso ha permitido mantenerse a la delantera de las demandas en lo inherente a los servicios internos del gobierno y la relación ciudadana.

La concentración de las TIC en las grandes ciudades y su demanda atendida por las inversiones de prestadores privados de comunicación requirieron trazar un plan pensado para equilibrar la prestación de estos servicios con un claro fin social de reducción de la brecha digital, llevando los servicios de comunicación a cada localidad, paraje y comunidad de la provincia.

Para ello, la geografía neuquina es recorrida por una autopista de transmisión de datos de más de 2000 km a 300 Mb de velocidad, enlazada por radioenlaces de microondas y reforzada con un telepuerto satelital propio Neusat (la única provincia del país que posee uno) que transporta sus servicios (internet, datos, transacciones informáticas, telefonía IP, radio, televisión) a los lugares más recónditos del territorio.

Puertas adentro del gobierno, la premisa es que la información sobre un ciudadano contenida en una base de datos debe ser compartida desde su fuente de origen.

La despapelización es un capítulo que se transita en la actualidad soportado con sistemas informáticos y un fuerte ejercicio de cambio en la cultura de las organizaciones del Estado. En dicha transición se garantiza la autenticidad con tecnologías como la firma digital y el blockchain.

Dónde estamos

En la pandemia actual, dicha base ha permitido soportar el embate de la aceleración en la demanda de los servicios TIC. La gran mayoría de los empleados públicos realiza sus tareas bajo el concepto de “home office”, por lo cual cada organismo mantiene la prestación de sus servicios.

Traccionados por la demanda ciudadana afloran algunos servicios existentes, pero parcialmente utilizados como las plataformas educativas, las videoconferencias y las capacitaciones online.

La ciberseguridad es crucial en este momento, ya que cada trabajador en home office, interactuando con un servicio de gobierno, está conectado al corazón TIC de la infraestructura crítica del mismo, donde se concentra la vida de toda la información transaccional del gobierno, el mapa de las relaciones digitales de las redes y los servicios en movimiento.

En este esquema, las redes virtuales habilitadas, los accesos remotos, los sistemas web y las app de servicios son canales que deben ser permanentemente monitoreados y custodiados con herramientas de hardware y software para evitar ataques cibernéticos.

La demanda actual sobre estos servicios TIC pone bajo estrés las infraestructuras físicas de conectividad, la capacidad de procesamiento de los datacenters de gobierno, la ciberseguridad y los recursos humanos asociados a las tecnologías, siendo este último aspecto el más delicado. Al igual que ocurre en otras áreas de servicios esenciales, la gestión de infraestructuras y servicios TIC está requiriendo de profesionales del sector, ventanas de tiempo de atención y trabajo intensivo fuera de lo convencional.

A dónde vamos

El día después de la pandemia dejará lecciones aprendidas y nuevas formas de trabajo que llegaron para quedarse. Se entiende que las TIC son un servicio básico e imprescindible, pero al ser un servicio silencioso solo es dimensionado en su cabal importancia cuando deja de funcionar. Por ello es necesario poner el foco en su mantenimiento, actualización, evolución y el entrenamiento de los recursos humanos del sector, todos aspectos que implican planificación, mantenimiento e inversiones para llevarlos adelante.

La aplicación y reglamentación de la ley de teletrabajo será necesaria para allanar los acuerdos futuros de esta modalidad. Si bien hoy se aplica sin consenso dada la situación de la pandemia, requiere de acuerdos empleador/teletrabajador que hagan foco en los derechos y obligaciones de unos y otros donde temas como el derecho a la desconexión, la reversibilidad del acuerdo, la seguridad de la información y el derecho a la intimidad, tienen que estar bien definidos.

En términos de lo que está faltando, hay que hacer hincapié en profundizar la conectividad por fibra óptica de todas nuestras localidades para dar un servicio universal que permita seguir reduciendo la brecha digital. De tal modo se podrá equilibrar el acceso a la educación, a la economía, a la producción y a la promoción de industrias sin chimeneas fuera de las grandes urbes, evitando además la migración de nuestros jóvenes de sus lugares de origen.

(*) Director de Servicios TIC, Oficina Provincial de Tecnologías de la Información y la Comunicación del gobierno de Neuquén


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