Desvaríos y aplausos
Pondera la estatización de YPF, que perjudica sus planes inmediatos.
ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar
Singularidades ya tiene esta administración. La violenta muerte de Carlos Soria truncó un proyecto personalista y transformó a Alberto Weretilneck en el primer gobernador que se incorporó a un equipo ajeno, sin un proyecto delineado. El oficialismo quedó expuesto a un doble acomodamiento. Aquel que exige el acceso a un ámbito extraño, como liderar el Estado provincial, y el ajuste por la abrupta variación de su conductor. La marcha política sabe relegar y reasignar lealtades. Pero afloran riesgos: un Estado fraccionado, basado en intereses sectoriales y personales. Hay insinuaciones preocupantes de que podría reiterarse el impúdico modelo de reparto de estructuras impuesto por el radicalismo. La mayoría de las carteras estaba asignada cuando llegó Weretilneck. No se arriesgó a cambios bruscos. Sí impuso a Leandro Gómez en Horizonte cuando se fue Juan Huentelaf. Sirvió como mensaje. Igual, persisten reductos con mandos de reportes divididos. El gobernador detecta expresiones disidentes. Molesto por su exclusión de injerencias en la aseguradora, Huentelaf –hoy mandamás del Tribunal de Cuentas– está señalado. Es el más expuesto, pero no el único. Pronostica belicosidad a partir de la intervención “sorista” desde los cuerpos de control. Triste destino rionegrino con esos organismos, siempre sometidos al poder político y cuando se liberaron o insinúan hacerlo están motorizados por represalias propias o sectoriales. El oficialismo llevó ese fanatismo al Tribunal y la Fiscalía de Investigaciones. Ese pecado se intentó corregir en la última semana con una receta antipartidaria para cubrir la Defensoría del Pueblo. “Hay que oxigenar”, repetía Weretilneck. Su plan fue tardío. Emergió cuando se había limitado la nómina a una decena de seleccionados, orientada a otro desenlace. El gobernador instruyó desactivar las candidaturas peronistas de Gustavo Casas y Miguel Ciliberto. La opción de Fabián Rojas fue más fugaz. Con igual razonamiento, trabó el arribo como defensor adjunto al ex legislador radical Adrián Torres, previsto en un lejano acuerdo con Bautista Mendioroz. Ese freno fue, por lógica, concedido a sus aliados del FpV. Eliminados esos cuatro, permanecían seis seleccionados: Nadina Díaz, Adriana Santagati, el gremialista Alejandro Gatica, la ruralista Norma Durante, la cantante Claudia Peter (esposa del juez Víctor Sodero Nievas) y el médico Carlos Reussi. Weretilneck eligió a la reginense Díaz, una escribana y locutora de 29 años, sin experiencia política, salvo ser hija del ex legislador Oscar Díaz. El radicalismo se aferró a Torres hasta que divisó cuánto costaría esa porfía. El FpV lograría elegir a Díaz con votos de la bancada opositora. Los ex arriaguistas Facundo López y Matías Gómez apoyarían la candidata de Weretilneck. La última elección los distanció en la selección de sus socios, pero ellos son viejos conocidos. Aquella dispersión de los votos sería la antesala de la fractura del bloque de la Concertación y renovaría el debate por la presidencia. Mendioroz podía perder, y algo también Weretilneck. Ese radical es su mejor y más previsible interlocutor en el radicalismo. La búsqueda conjunta del adjunto derivó, otra vez, en Santagati, esposa del líder de UPCN, Juan Carlos Scalesi. El gobernador y el legislador hicieron llegar al gremialista un anticipo de ese ascenso conyugal. El primer intento se frustró por la resistencia de los legisladores del FpV. La ex defensora Ana Piccinini fue la más crítica. Propuso ampliar la selección del adjunto a la totalidad de los inscriptos y recobrar la posibilidad para Julián Fernández Eguía, ex asesor legal de la Defensoría. Desde Buenos Aires, Weretilneck desestimó esa propuesta, detectó el trance que vivía Mendioroz y su propia dificultad si se fraccionaba más la oposición. Pidió a los suyos por Santagati. Este trabajoso mandato estuvo a cargo del titular del bloque, Pedro Pesatti, y el legislador Ricardo Arroyo. Fue el miércoles, en una cena. El vicegobernador Carlos Peralta no concurrió y se tomó nota de su ausencia. Al otro día, la Legislatura designó, casi por unanimidad, a Díaz y Santagati. Su utilidad ciudadana está por verse porque ambas son ignotas. Arriban sin actuación política, tampoco tuvieron otras participaciones públicas. Díaz es muy joven, y a Santagati se le desconocen. Tras la resolución, el gobernador detectó, otra vez, que se debía haber mezclado antes con esa trama. Cae reiteradamente en esa conclusión, a pesar de su despliegue personal por llegar a cada brete. Participa en la reunión de YPF mientras monitorea la ocupación en Roca de los porteros desocupados. Habló con el titular de ATE, Rodolfo Aguiar, y el secretario de Trabajo, Orlando Troncoso para forzar una negociación. Cristalizaba simultáneamente un pacto para la elección de la Defensoría, con un gesto para Scalesi. Reina su perfil distintivo: consensuar por derecha y por izquierda. Weretilneck, además, convive con las particularidades recibidas. “Yo voy a ser el ministro”, repetía Carlos Soria cuando anunciaba ciertas designaciones. Sobre todo en dos casos: Alejandro Palmieri (Economía) y César Del Valle (Obras Públicas). Esa orfandad se manifiesta hoy. Existen otras falencias en la gestión por inexperiencia o impericia. Lo peor es cuando sus funcionarios agregan torpezas y conflictos. En el gabinete se abrió otra brecha después de un duro entrevero entre Del Valle y Rovira Bosch (Turismo). “Los ministros siempre discuten”, declaró Weretilneck sobre la flamante “mini-crisis”, como define a cada forcejeo interno. Válida teoría, sólo que ésta no pareció un debate por políticas oficiales. Todo se reduce a la permanencia o no de la hija de De Valle, Guadalupe, todavía subsecretaria de Turismo. Parece que a los motivos habría que hurgarlos en los gastos oficiales en la Fiesta del Chocolate. Esa contienda no está resuelta. El gobernador, aún, no participará. Tolera, construye y espera a junio-julio. “¿Por qué las críticas siempre recaen en el sorismo?”, interpeló un líder del grupo. Ellos habitan los mayores despachos. Allí residen también los mayores costos. El mandatario incorpora sus referentes. Lo hace en áreas sensibles a su confianza. Designó como técnico y vocal gubernamental del Ipross a Enrique Ranucci, cirujano cipoleño y ex director de prestaciones de la obra social neuquina ISSN. Ranucci es un nexo con la corporación médica. En Rentas nombró a la contadora Laura Manzano –otra ex funcionaria neuquina– como segunda de Agustín Domingo, más allá de su formal cargo. Arma en Río Negro y acompaña en la Nación. Aplaude a la presidenta, pero la expropiación de YPF desacomodó sus planes. Weretilneck dejó en suspenso la licitación de áreas petroleras que preveía para mayo, incluyendo la renegociación de los contratos por vencer. “Río Negro está ante una oportunidad histórica. Tiene el 90% de sus áreas para renegociar y licitar”. Fue su frase auspiciosa, pero expresa un futuro lejano. El presente no es el mismo. Hace semanas, el gobernador vaticinó que la provincia lograría una buena inyección de recursos con la renovación petrolera. Proyectó un Fondo especial para infraestructura. Esa previsión quedó afectada. Ocurre que más del 20% de las áreas a renegociar pertenecen a YPF. No vendrán fondos frescos de esos acuerdos. Por el contrario, Río Negro deberá ceder yacimientos –entre ellos, esos cuatro– para integrarse a la nueva YPF. La apuesta provincial radicará en las inversiones que finalmente se negocien o los dividendos que llegarán pasando un lustro. “Apostar a un proyecto de país”, sintetizan. Ideales que colisionan con la urgencia cotidiana. La herencia es un argumento ya devaluado y, en contrapartida, se capitalizan las culpas. Para colmo, no hay tanto espacio para todas las fallas y los desvaríos gubernamentales.
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