Diez años
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
Hablábamos de la necesidad de rescatar costumbres, tradiciones, música, de hablar de folclore para acotar un poco el espectro. Hablamos de revalorizar un género bastante dejado de lado en el país. Eso hacíamos en este mismo espacio hace diez años, cuando “Río Negro” publicó la primera “Peña” el 28 de abril del 2002. Desde esa fecha pasaron cientos de columnas donde intentamos revalorizar un género, rescatar historias, buscar personajes y destacar a los que sobresalen. Lo logramos en parte, no siempre se consigue todo lo que se plantea, pero fueron diez años donde el género folclore tuvo muchos cambios, donde el relato de experiencias infantiles, de tradiciones, de cuestiones de vida fueron una constante y donde cosechamos lectores, que en definitiva es la razón de que esté en este mismo lugar. Sin lectores no hay columna que valga y los encontramos en el amplio horizonte geográfico regional como en el de algunas provincias, porque según sea el tema que abordemos, nos escribieron del país y desde otros puntos, como sucedió desde México, de Uruguay. Entre esos lectores que uno sabe que están porque de una u otra manera dieron señales, están aquellos silenciosos, que sugieren ,que explican, que enseñan, de acuerdo o no. Y aquellos que escriben seguido, que se muestran y hasta se animaron a contarnos sus propias historias. Cosechamos amigos como Taján en Cipolletti, Direne en Valcheta, Pirri en Villa Regina y una pila de nombres más que nos hacen sentir leídos. Es esa especie de compañía que uno siente cuando escribe. Siente que esa gente, más allá de los caprichos de la geografía, está cerca. Es un gusto contar, es un gusto escuchar, es un gusto transformar cada domingo esos relatos en una columna, es socializar experiencias en un espectro de lectores silencioso, prudente y no tan volcado a las redes sociales, pero siempre presente. Las señales llegan, siempre llegan. Recibimos mails, cartas en papel, comentarios en la edición on line de “Río Negro”, llamados, lo suficiente como para saber que que están. Y no siempre son elogios. Llegamos a los 10 años de La Peña, apenas una pequeña porción de los cien de este diario, pero sirven para renovarnos, para sugerir nuevos temas, para contar nuevas historias, para conmovernos con relatos que de tan reales nos emocionan. Por eso es que el objetivo nunca llega a cumplirse en su totalidad, porque el paso del tiempo genera nuevas metas, porque el paso del tiempo aporta su propia temática y hace que lo de ayer se convierta sólo en un eslabón de la historia. Pasaron entrevistados, hablamos con Los Carabajal, con Los Cuatro de Córdoba, con Canto 4, con voces que hicieron historia en este país, pero también lo hicimos con los maestros de pueblo que modestamente llevan la música en el corazón y la enseñan, la difunden, la llevan de escenario en escenario, de escuela en escuela y muestran orgullosos lo que hacen. También estuvieron los que pusieron el empeño para llegar a grabar su primer CD, los que tocan en los bares, los que aspiran a llegar, los que saben que no llegarán pero cantan porque aman lo que hacen. Así de amplio es este escenario imaginario, porque La Peña es como un escenario donde mostramos protagonistas, no siempre de la música, pero sí de las cuestiones cotidianas donde esa misma música es un actor principal. Este espacio de diez años también es de los lectores, es de los que con sus pequeñas o grandes historias hicieron posible que tuviéramos mucho por contar. Y ojalá esos relatos se renueven. Gracias por leernos.
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