Diferencias criollas sobre la jineteada
Señor Jorge Vergara:
Disiento con el contenido de su columna del 18/3/2018, página 29 del diario “Río Negro”.
La jineteada no nació para homenajear a nadie, ni jinete, ni potro. Era la diversión que tenía la gente en un campo o estancia los días feriados o de poco trabajo.
Encerraban la manada y comenzaba la destreza, el coraje en el corral, campo afuera, sobre el pial, o de la maroma, si tenían.
A partir de ahí, de estas destrezas, el criollo separaba los animales según su físico, rebeldía o pelaje y designaba si era para doma o jineteada.
La jineteada es un arte con destreza y coraje, y no “casi un arte” como usted dice. Era un deporte tradicional argentino.
Es cierto que es complejo tomar una postura que defina. Si antes no se distingue un potro de un reservado, “nunca se jineteará un caballo”.
Los jinetes se encargaban de seguir con los potros para enseñarles a bellaquear y así hacerlos “reservados”. Luego los entropillaban a obediencia de una “madrina” (yegua junto a la cual se agrupan los potros) para así poder llevarlos a un espectáculo de jineteadas en distintas categorías.
En el peor de los casos, un reservado trabaja entre 12 y 14 segundos por jineteada.
El criollo que es domador separa los potros que serían para armar una tropilla de trabajo, mansos totales.
El potro que se doma pasa a ser caballo de trabajo en el campo, la chacra, o de paseo, etc.
Esto viene desde el origen mismo de nuestro país y son nuestras más lindas tradiciones.
Es muy digno destacar la nobleza y considerar que es la mano derecha del hombre.
El hombre domador no usa ningún elemento de no ser su talento para que el futuro caballo vea que el dominante es el hombre. Ahí viene la enseñanza cuando el domador decida cuál será la función del domado.
La jineteada reparte destreza y suerte. El reservado está preparado para luchar contra el jinete, muestra su fuerza y corcovo, y el hombre su destreza y coraje.
Me parece muy lejos comparar la doma con una corrida de toros. Ningún caballo será parte de un espectáculo, salvo un desfile, carrera de sortija, o simplemente que su domador le indique que se acueste o se tire a su orden. Un caballo que da espectáculo no recibe gritos ni chirlos, solamente la voz baja de su amo.
El caballo siempre trabajó igual; el reservado muy poco.
Esperando clarificar de alguna manera las opiniones al respecto, lo saludo cordialmente.
Ángel Echaures
DNI 8.217.998
Ángel Echaures
DNI 8.217.998
Señor Jorge Vergara:
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios