Circulación por DNI en Neuquén: días y horarios para comprar y recrearse

Doctor Ramón Carrillo



JORGE LUIS PELLEGRINI*

Cuando nuestro país vivía su Organización Nacional, se desplegaron ideas ligadas a viejas y nuevas influencias político-culturales. En el campo médico, académico y profesional convivían y rivalizaban distintas tradiciones de matriz europea, junto a experiencias nacionales nacidas antes de la Revolución de Mayo bajo el impulso de Manuel Belgrano. Esta influencia europea explica la renuencia de los gobiernos argentinos liberales de fines del siglo XIX y principios del XX (continuada por los gobiernos radicales) de integrarse a las iniciativas norteamericanas de ser parte en organismos sanitarios internacionales liderados por Washington.

El peso del Reino Unido, Francia y Alemania en la sociedad argentina tuvo correlato directo en nuestras Ciencias Médicas. Cuando el Dr. José Ingenieros –célebre psiquiatra y académico de pensamiento socialista– acompaña dos años al expresidente Julio A. Roca en su gira europea, a la vez concreta un deseo: el paso por cátedras y hospitales del Viejo Continente.


Ello implicaba el deseo de traer celebridades que participaran en el proceso fundacional de cátedras y centros de investigación. Así como el liberalismo profrancés había logrado la radicación de Paul Groussac (un organizador y sistematizador de la cultura argentina desde esa mirada) la llegada (1899) del gran Christofredo Jakob, reconocido profesor universitario alemán, posibilita la fundación de la neurobiología en nuestro país, y ese desarrollo en los actuales hospitales Borda y Moyano, echando las bases del conocimiento anatomopatológico de la psiquiatría y la psicología, de las cuales fue profesor titular en Buenos Aires. Braulio Moyano, José Ingenieros, José T. Borda, Alicia Moreau de Justo, Ramón Carrillo, entre otros, se formaron junto a él, aprovechando los avanzados desarrollos germánicos en dichas especialidades médicas.


Nuestra cultura siempre estuvo atravesada (colonizada dice Arturo Jauretche) por las corrientes europeas, y ello se expresó antes de la Primera Guerra Mundial en el debate sobre la participación o la neutralidad. Aliadófilos (probritánicos, profranceses) y germanófilos trataron que el gobierno de Yrigoyen enviara soldados argentinos al frente para apoyar a uno u otro de los bandos. Lo mismo se repitió en la Segunda Guerra, en que los aliadófilos sumaron corrientes pronorteamericanas y prosoviéticas. En ambos conflictos también hubo corrientes nacionales neutralistas que entendían esas guerras como una lucha entre imperios.


Cuando en 1930 Ramón Carrillo, 24 años, gana la beca de la Universidad Nacional de Buenos Aires para estudiar 3 años en Europa, sigue ese camino transitado por los más destacados médicos argentinos de la época. Estará dos años en Amsterdam (mayor centro de estudios neurológicos del mundo) con el famoso profesor Brower, quien le da su nombre a un descubrimiento clínico de Carrillo. En 1933 irá a la Salpêtrière (París, donde es apadrinado por el gran Nerio Rojas) y luego estará en octubre en Berlín. Además de sus escritos lleva sus libros de cabecera: José Pedroni, Roberto Arlt, José Ingenieros, Lugones, Alfonsina Storni, y la música de Atahualpa Yupanqui, cuyo “Caminito del indio” le había sido dedicado. Ya por entonces la neuroanatomía y la neurocirugía eran su foco de atención, y dirigía la Revista del Círculo Médico Argentino, mientras estudiaba la pintura argentina.


Su regreso a la Argentina lo vincula a la cátedra universitaria donde formará neurocirujanos de la talla de Christensen, Ortiz de Zárate y Mattera.
Su pensamiento nacional desde una mirada provinciana conocedora de lo que él llamó “el desmoronamiento del interior” lo acerca a Forja, a través de la lectura de Scalabrini Ortiz y su amistad con Homero Manzi, y los hermanos Discépolo.


A la salida de la Segunda Guerra, todo el sector aliadófilo que empujó el envío de tropas al frente, constituirá la Unión Democrática con el liderazgo del Embajador de EE. UU. Spruille Braden, para las elecciones de 1946. Carrillo desde su mirada nacional y neutralista se alinea con la fórmula Perón-Quijano.


Su gestión como primer Ministro de Salud de la Nación estuvo orientada por el principio de defensa de la Salud Pública, pilar de la Justicia Social, y la soberanía sanitaria. Fundó un sistema producto del movimiento del 17 de octubre de 1945. Jerarquizó el hospital público, hizo que el Estado fabricara medicamentos para su distribución gratuita, triplicó el número de camas hospitalarias. Fundó la arquitectura hospitalaria terminando con la disposición en pabellones, reflejo de mirar al hombre como un conjunto de aparatos y sistemas, para crear la estructura ”en peine” con amplios corredores y espacios comunes para la circulación y el encuentro, reflejando una mirada del ser humano como ser total. El hospital de General Roca, cuya construcción se paralizó en 1955 con el golpe militar y se retomó en 1958, es muestra de la adaptabilidad a los cambios que su arquitectura tuvo.


Su gestión como primer ministro de Salud de la Nación estuvo orientada por el principio de defensa de la Salud Pública, pilar de la Justicia Social, y la soberanía sanitaria.



Se desarrollaron escuelas médicas de enorme valor científico, conocedoras de las necesidades reales de nuestro país. Para poner tan solo un ejemplo: la escuela quirúrgica de los hermanos Ricardo y Enrique Finochietto en el hoy destruido hospital Rawson, que formó a más de doscientos cirujanos de primer nivel distribuidos por el país. Fue la primera nación del mundo en erradicar el paludismo, con protocolos distintos de los establecidos por la OMS, la cual debió adoptarlos pese al rechazo que tenía contra Argentina y sus autoridades (ya entonces la politiquería era más fuerte que la Salud Pública).

Después del golpe del 55, se destruyó la obra y se desarmaron los equipos. El Dr. Carlos Alvarado, su mano derecha en ese plan, fue durante los siguientes 20 años director mundial de la lucha contra el paludismo e impuso los protocolos de Carrillo en todo el mundo. El Dr. Arturo Oñativia, otro compañero inseparable, fue ministro de Salud de don Arturo Illia y presentó el proyecto de ley nacionalizando la industria farmacéutica, una de las causas del golpe militar de 1966.


“Por los frutos conoceréis el árbol” y cuando la obra es tan inmensa suele suceder que se denigra al autor acallando su obra. Ya sucedía esto –y de un modo muy cruel– cuando Carrillo vivía. El humor fue el escudo que don Ramón esgrimió para protegerse. Cuando la defensora de los pueblos afroamericanos Josephine Baker visitó la Argentina (1949) venía de ser acusada por comunista en las vergonzosas comisiones senatoriales de Mc Carthy en EE. UU. En su encuentro con Carrillo le preguntó si había muchos negros en la Argentina. Socarronamente aquel ministro le contestó: “Señora, acá los dos únicos negros somos usted y yo”.

*Premio Mundial de Psiquiatría 2005/2008 por su defensa de los DD. HH. en Psiquiatría


Comentarios


Doctor Ramón Carrillo