Don Quijote, entre los molinos y las hamburguesas
Por Romina López La Rosa
Don Quijote también es mercadotecnia. Y vende. Si no, que les pregunten a los representantes de turismo, fabricantes de souvenirs y organizadores de los actos por el cuarto centenario de la publicación de la novela.
«Cervantes sigue vivo y coleando, pese al aluvión de homenajes, actos oficiales, concursos y premios bajo el que se lo sepulta de nuevo», comentaba antes del inicio del año cervantino Juan Goytisolo, a la espera de lo que vendría.
Poco después se daba a conocer un estudio académico que afirma haber establecido dónde queda «el lugar de la Mancha» de cuyo nombre no quiere acordarse el narrador al inicio del libro, dando origen a una dura batalla dialéctica entre las poblaciones de la región que se disputan el honor -pero también la publicidad- de ser la elegida.
En el último capítulo, Cervantes escribe que el narrador, el árabe Cide Hamete Benengeli, decide no aclarar de dónde es el hidalgo cincuentón, «por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero». Y no hay duda de que ha tenido éxito.
Así como Cervantes juega en toda la novela con la confusión entre realidad y la ficción, cuatro siglos más tarde las villas de la Mancha se enfrentan por reivindicar de dónde era el Caballero de la Triste Figura, por qué sitios pasó y las casas en las que vivieron él y otros personajes… aunque ninguno de ellos haya existido.
Pero si hay un balcón de Romeo y Julieta en Verona y a nadie le importa que ni ellos ni su autor, Shakespeare, hayan pisado nunca la ciudad, las localidades de Argamasilla de Alba y de Villanueva de los Infantes quieren ser «El lugar de la Mancha».
Argamasilla tiene a favor la tradición y Villanueva un estudio académico, y ambas defienden su razón aunque conocer de dónde era don Quijote sea como luchar contra molinos de viento.
Las dos localidades se encuentran en la «Ruta del Quijote», que comprende aquellos pueblos, ciudades y regiones por donde cabalga el personaje y donde vive sus aventuras.
En Argamasilla, Noelia Serrano, concejala de Cultura, cuenta entusiasmada las actividades de este año, aunque destaca que apenas son un poco más amplias de lo habitual, en un pueblo de muy larga tradición cervantina -en 1905 fue el único que celebró el tercer centenario, explica- y donde todos los años unos 200 habitantes representan escenas del libro por las calles.
La iglesia de San Juan Bautista, que iba para catedral pero se quedó a medias, alberga el cuadro donado por Rodrigo Pacheco, que es supuestamente en quien se basó Cervantes para crear a Alonso Quijano, alias don Quijote. En el lienzo aparece don Rodrigo, con aspecto muy quijotesco, y una inscripción en la que cuenta que se le apareció la virgen cuando sufría de «un gran dolor que tenía en el cerebro de una gran frialdad que se le cuajó dentro».
A su vez, en la Casa de Medrano, hoy centro cultural y biblioteca, existe una cueva que según la tradición es donde Cervantes estuvo preso, por su trabajo de recaudador de impuestos o por un asunto de faldas, y donde habría ideado el «Quijote».
«El abuelo de mi primo me contaba que había participado en el tercer centenario y mis nietos podrán decir que yo estuve en el cuarto», asegura José Obdulio Hilario, un vecino y académico de Argamasilla que regresó a vivir aquí hace dos años después de cansarse de Madrid y que es un apasionado del libro y la historia del pueblo.
Obdulio y Noelia subrayan que se alegran por Villanueva de los Infantes y que las relaciones con la ciudad vecina son buenas, pero dejan caer varias veces la palabra «oportunismo» al comentar el estudio que le adjudica ser «el lugar de la Mancha», cartel que ahora las dos poblaciones se han colgado, literalmente.
A medida que se recorre el pueblo, con sus numerosas estatuas de los personajes del libro y su casa del bachiller Carrasco, ambos van enumerando los errores que en su opinión contiene el estudio de los profesores de la Universidad Complutense que otorga la paternidad a Villanueva.
Obdulio se queja de que lo que «subyace en la polémica es una falta del espíritu quijotesco. Han cambiado la tradición por la hamburguesa». «Nosotros lo vivimos», afirma por su parte Noelia, y ambos dejan caer con misterio que a fin de año revelarán un nuevo proyecto del pueblo que por ahora es secreto.
«No es oportunismo. No es cierto que haya surgido con motivo del cuarto centenario, sino hace dos años en un encuentro en Portugal», se defiende Clemente Plaza no bien se entra en Villanueva de los Infantes. Clemente, el «cronista oficial» y editor del periódico local, niega además que la Junta o el ayuntamiento hayan financiado el trabajo, aunque este último está dispuesto a pagar ahora su publicación.
En un bar con riquísimas tapas, este profesor y periodista por vocación cuenta que lo que hace el estudio es aplicar el modelo matemático de la teoría de los sistemas al «Quijote». El grupo de académicos, encabezado por Francisco Parra, tomó 24 variables sobre 27 pueblos en 8 distintos campos de estudio. Al cruzar las variables sacadas del libro en una computadora, el sitio que más cantidad de ellas cumple es Villanueva.
Pero Cervantes, al dar estos datos en los que se basan las variables, ¿no pudo estar inventando para confundir? «El lo describe con tanta precisión que no puede ser. Conocía muy bien estos pueblos, como recaudador pasó camino a Andalucía por aquí muchas veces», asegura Clemente, que más adelante añade: «Argamasilla no está en ninguna ruta a Andalucía de la época».
«El estudio está abierto para seguir investigando», añade, y reconoce que es sólo un primer paso, pese a lo cual Villanueva ya se autodefine como «El lugar». «Aun a la ficción se le puede aplicar un estudio epistemológico en base a las propias reglas de la ficción», afirma para rechazar algunas críticas, aunque agrega conciliador: «La universalidad del Quijote no se la va a quitar nadie».
Pero la polémica no alcanza sólo al «Quijote», sino también al propio Cervantes. Alcázar de San Juan, otra de las poblaciones de la ruta ubicada más al norte, reivindica la posesión de una partida de bautismo de un tal Miguel de Cervantes Saavedra, que según sus habitantes disputa a Alcalá de Henares ser el lugar de nacimiento del escritor.
El documento fue descubierto por Blas Nassarre en 1748, quien anotó a un costado: «Este es el autor de la historia de D. Quijote». Mercedes Mateu, técnico de Turismo de esta localidad cuidada y bella, que cuenta por supuesto con su estatua del Quijote y Sancho, señala que no es que Alcázar quiera adjudicarse con seguridad el ser la patria chica de Cervantes, pero que el tema «no se ha investigado lo suficiente».
Sobre todo, destaca, pese a que el apellido Cervantes es muy común en la ciudad y de que existía una casa de la que se decía que era donde había vivido el escritor. Aunque la partida de bautismo es once años posterior a la oficial de Alcalá, Mercedes cree que en vista de que hay grandes lagunas en la biografía del «Manco de Lepanto», es perfectamente posible que la que alberga Alcázar sea la auténtica.
Un bonito folleto turístico del pueblo, el más organizado y moderno de todos en este aspecto, afirma en cambio sin dudar, aprovechando la oportunidad, que la iglesia de «Santa María conserva la partida de bautismo» del autor.
Mercedes prefiere ser más cauta y sólo subraya que el tema «se ha reivindicado muy poco». Aunque añade: «Todos nos estamos peleando por dónde nació o cuál es el lugar de la Mancha, pero está claro que más allá de eso la obra es manchega al cien por cien».
Cervantes no reveló cuál era el lugar de la Mancha, pero sí cita al final de la primera parte a los académicos de Argamasilla, que componen sonetos sobre los protagonistas del libro. Y los bautiza con nombres burlones como Monicongo, Paniaguado, Caprichoso, Cachidiablo o Tiquitoc.
Lo genial del «Quijote» es que, dentro de 400 años, es muy probable que se lo siga leyendo. Argamasilla y Villanueva continuarán celebrando, mientras los Tiquitocs aún estarán debatiendo. Algo que al escritor y a Cide Hamete sin duda les habría encantado. (DPA)
Don Quijote también es mercadotecnia. Y vende. Si no, que les pregunten a los representantes de turismo, fabricantes de souvenirs y organizadores de los actos por el cuarto centenario de la publicación de la novela.
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