Don Vicente Celillo, un “mimbrero” con sangre italiana
Neuquén

El 4 de septiembre de 1812 el decreto del Primer Triunvirato sobre fomento de inmigración estipulaba que el gobierno argentino ofrecía su inmediata protección a los individuos de todas las naciones (y a sus familias) que quisieran fijar su domicilio en el territorio del Estado; legislaciones posteriores respetaron esto. Uno de los tantos fue don Vicente Cellillo, quien se atrevió a cruzar el océano y llegar a estas tierras para “hacer la América”. La cultura argentina presenta influencias de diversas vertientes étnicas que se pueden percibir en el lenguaje, las costumbres, los gustos, las tradiciones.
El grueso de la oleada inmigratoria italiana comienza en la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, ya se podían encontrar italianos en la época de la colonia. Muchos fueron los motivos por los que se produjo la llegada de europeos, entre los que es importante señalar las consecuencias económicas dejadas por las contiendas mundiales y la dura situación que atravesaron los países en la posguerra que los obligaba a dejar su país de nacimiento y llegar a América.
Don Vicente Cellillo nació el 22 de diciembre de 1943 en Campo Basso, Molise, pueblo cercano a Roma. Es hijo de Ángelo María y de Josefina, matrimonio trabajador de la tierra. Vicente cursó en su pueblo natal la escuela primaria, y como su padre falleció cuando tenía 6 años.
Su madre lo envió a los 17 años a la Argentina en un carguero en el que durmió todo el viaje, según su relato. Llegó a la casa de su hermano mayor que ya estaba viviendo en Morón, provincia de Buenos Aires, en donde Vicente realizó variados trabajos, fundamentalmente en la construcción y como sereno.
Su sueño era juntar el dinero para volver a Italia, pero cuando había decidido casarse con su novia falleció su madre y por ello se quedó en el país. Formó su familia política con Francisca Iunti, calabresa, que había venido a la Argentina de muy pequeña. Se casaron en 1965 y él vistió de luto, nos contó. De esta unión nacieron Ángel, Josefina y Romina.
Esta es la historia de vida de un inmigrante, de un incansable trabajador, que recaló en nuestra ciudad para ejercer la profesión del arte del mimbre. Hoy continúa deleitándonos con su amplio comercio y con su media lengua italiana.
Antes de casarse se conectó con “paisanos” que estaban en el negocio de la mimbrería, quienes le dieron un paquete de sillas para vender: él, a pesar de no manejar bien el castellano, se las puso al hombro y vendió todo el lote a un precio superior al pactado. A partir de esta anécdota se entusiasmó y comenzó a realizar esta tarea. Transcurridos unos años se compró un carro con caballo y comenzó a recorrer localidades aledañas a Morón por caminos de tierra y ripio. El mimbre provenía del Tigre y era provisto por camiones que, haciendo altos en las rutas, surtían a los vendedores particulares. Ya a comienzos de 1970 compró un camión Bedford para realizar los viajes para la venta. Posteriormente adquirió un camión 0 km con el que recorrió el país de norte a sur y de este a oeste.
Durante 7 años visitó el valle de Río Negro y Neuquén hasta que en 1978 vino solo a vivir y en 1979 tomó la decisión de aventurarse y traer a su familia. Se asentaron en la calle Primeros Pobladores, en donde alquiló un local para la venta del mimbre al que bautizó El Bicho Canasto.
Posteriormente, en 1981, compró el terreno de la calle Alderete al 1200 en donde construyó él mismo su propia casa y también compró el terreno de la calle Primeros Pobladores en donde instaló definitivamente su negocio, ícono que proveyó desde sus inicios a todo el valle con artículos de mimbrería.
Esta es la historia de vida de un inmigrante, de un incansable trabajador, que recaló en nuestra ciudad para ejercer la profesión del arte del mimbre. Hoy continúa deleitándonos con su amplio comercio y con su media lengua italiana. Es de aquellos exponentes que, sin olvidar sus orígenes, amó y ama estas tierras que tantas alegrías le supieron dar. En su nombre, ¡feliz Día del Inmigrante a todos los que arribaron a estas tierras y se animaron a su ventoso e inhóspito clima!
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256
Neuquén
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