Dura protesta de Italia por asilo brasileño a ex extremista Battisti

Llamó a consultas a su embajador e insiste en pedir la extradición



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El ex integrante de grupos de extrema izquierda fue un actor clave en los denominados "años de plomo" en Italia en los ´70.

ROMA (AFP/DPA).- Italia llamó ayer a consultas a su embajador en Brasil para protestar por la concesión del asilo político al ex activista de extrema izquierda Cesare Battisti y espera que la “última instancia institucional” del país suramericano le conceda la extradición.

En una conversación telefónica con su homólogo brasileño Celso Amorim, Frattini reclamó de nuevo la extradición de Battisti, condenado a cadena perpetua en Italia por cuatro homicidios cometidos por la organización Proletarios Armados por el Comunismo, de la cual habría sido uno de los líderes, a finales de la década de los ´70.

El canciller manifestó “la fuerte expectativa que existe de que una última instancia institucional brasileña” apruebe la extradición de Battisti, indicó en un comunicado la cancillería.

El caso se encuentra ahora en manos del Supremo Tribunal Federal, que debe analizar ahora si acatan la recomendación de la fiscalía general de archivar el pedido o si el tribunal seguirá adelante con el proceso de extradición.

Pese a la crisis diplomática que ha generado el caso, el gobierno brasileño estima que “no afecta las relaciones” entre los dos países.

“Battisti es un terrorista que no merece en absoluto el estatuto de refugiado” político, advirtió el jefe de la diplomacia italiana Franco Frattini, tras anunciar que llamaba “a consultas” al embajador de Italia en Brasil, Michele Valensise. La dura reacción de Italia “no va a ser comentada” por la cancillería brasileña, cuyo portavoz explicó en Brasilia que la llamada a consultas sólo constituye “un instrumento para analizar acciones”. En efecto, las dos cancillerías subrayaron las “buenas relaciones” entre ambos países. La decisión de Brasil de otorgar el pasado 14 de enero el asilo político Battisti, generó indignación en la península, en particular entre las víctimas de los “años de plomo”.

El gobierno brasileño justificó la concesión de asilo en que los delitos cometidos por Battisti fueron “políticos” y que por tanto existe un “fundado temor” de sufrir persecución política en su país. Battisti, quien siempre negó cualquier responsabilidad en los cuatro asesinatos practicados por su grupo, huyó de Italia en 1981. Vivió 8 años en la clandestinidad en México antes de trasladarse en 1990 a Francia, donde reconstruyó su vida bajo la protección de la “Doctrina Mitterrand”, que negaba la extradición de ex militantes de grupos armados que hubiesen renunciado a la violencia.

En París trabajó como portero y se dedicó a escribir novelas policiales, pero decidió fugarse otra vez cuando el Consejo de Estado francés puso fin definitivo a esa política de tolerancia. El italiano llegó a Brasil en el 2004 y vivió clandestinamente hasta marzo del 2007, cuando fue detenido. En la actualidad está en el penal de Papuda, en Brasilia.


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