El hijo de una maestra rural de Neuquén que soñaba con ser constructor y hoy es desarrollador de Real Estate
Desde corta edad sufrió el desarraigo y eso motorizó sus ganas de construir. Hoy es CEO de una las desarrolladoras que más crece al calor de Vaca Muerta, y su sueño sigue siendo “ayudar a la gente a tener su casa propia”.
El trayecto que alguien recorre hasta convertirse en aquello que está destinado a hacer, está determinado por cada una de las estaciones del recorrido.
Esa es la historia de Gastón Luccioni, CEO de Heon, una desarrolladora inmobiliaria que crece exponencialmente en base a una idea central: lograr que las personas puedan acceder a su casa propia. “Desde chico soñaba con ser constructor. Y el motor de ese sueño era mi propia experiencia de vida junto a mi madre”, relata Luccioni.
Hijo de una maestra rural, tras la separación de sus padres cuando tenía apenas 4 años, recorrió 13 escuelas (localidades) a lo largo y ancho del interior de la provincia de Neuquén junto a su madre, en las que cursó desde 1° a 7° grado. “Mi reclamo hacia ella era que se quedara asentada en algún lugar, porque me hacía amigo un chico en la escuela primaria y me iba de vuelta”, rememora.
Esa secuencia se interrumpió cuando su madre fue designada vice directora de la escuela 198 en el barrio Gregorio Álvarez. “Ella estaba contenta por su designación, pero la felicidad nuestra, era que le adjudicaban un departamento en el barrio de Gregorio Álvarez. Nosotros dejábamos de alquilar, dejábamos de andar dando vueltas por toda la provincia sin saber dónde íbamos a ir”, recuerda Luccioni que señala ese momento como fundacional: “Ese cambio familiar cuando logramos establecernos me marcó. Fue ahí que dije, algún día vamos a hacer casas para la gente que necesite dejar de alquilar”.

Ese sueño de la infancia se tradujo en el deseo de estudiar arquitectura. Pero al terminar la escuela secundaria, debió postergar su anhelo para comenzar a trabajar. Ni bien egresó, ingresó a una empresa editorial en la que trabajó por más de 20 años, recorriendo todo el país para vender libros en una época en la que no había internet ni redes sociales. En ese lugar cimentó gran parte de lo que luego se convertiría en su propia empresa: llegó a conformar un plantel de más de 100 personas y convertirse en supervisor regional.
Fue un mes antes de la crisis de 2001 cuando otro hito tuvo lugar en su historia. El dueño de la empresa le prestó US$ 30.000 para construir su casa, y devolver esa suma se transformó en su nuevo gran objetivo. Pero la devaluación convirtió lo que era un plan de tres años en uno de diez.
“Nos propusimos pagar nuestra casa en 10 años, y luego renunciar al trabajo para emprender nuestro propio negocio”, cuenta Luccioni. A lo largo de esa década, sintió repetidas veces el impulso de dejar el trabajo y trabajar por su cuenta, y el rol de su esposa Glenis fue clave para sostener el plan.
“Ese cambio familiar, el día que logramos establecernos como familia en un lugar me marcó. Fue ahí que dije, algún día vamos a hacer casas para la gente que necesite dejar de alquilar”.
Gastón Luccioni, CEO de Heon.
“Cuando faltaban 27 meses para que se cumplan los 10 años, firmamos un contrato junto con mi esposa donde establecimos el plan para terminar de pagar. Al pie firmó ella, firme yo, y pusimos el piecito de nuestra hija Erin recién nacida”, relata. “El 11 de noviembre de 2011 se cumplieron los 10 años, y renuncié al trabajo. Al otro día nació nuestra empresa”, recuerda.
Consciente de que necesitaba aprender del rubro y conocer los pormenores del negocio, inició por fundar una inmobiliaria, y se especializaron en ventas con el objetivo de conocer en detalle la demanda habitacional. “Nuestro foco era vender dirigidamente productos que nos acerquen algún día a construir. Buscábamos entender qué público compraba, cómo pagaba”, explica.

Con esa premisa descubrieron que desde Allen hasta Senillosa hay un rango de 60.000 familias que no tienen casa y que la única forma de sostener esa demanda es si la provincia hace socialmente 30.000 unidades y los privados otras 30.000. Ante ese escenario y advirtiendo que el 90% de las constructoras y desarrolladoras se concentran en el centro de la ciudad, decidieron concentrar su desarrollo en las periferias.
“Nosotros decidimos irnos a los extremos de la ciudad para que la gente pueda vivir con full amenity, con la mejor calidad de vida posible y un entorno que no se puede encontrar en la ciudad, pagando la mitad que pagaría en el centro y teniendo el doble de metros”.
“Nosotros decidimos irnos a los extremos de la ciudad para que la gente pueda vivir con full amenity, con la mejor calidad de vida posible, pagando la mitad que pagaría en el centro y teniendo el doble de metros”.
Gastón Luccioni, CEO de Heon.
Fue un punto de inflexión. Pronto llegó la posibilidad de iniciar el primer desarrollo en Fernández Oro. El barrio “Oro Urbano” fue la primera experiencia propia de éxito, que en cuatro etapas, logró entregar 53 duplex llave en mano.
Allí en Oro Urbano nació una idea que lo transformó todo: “metros cuadrados totales”. Con aquel sueño de niño vigente, la propuesta comercial de Heon permite a las familias acceder a su casa financiando el 100% en 196 meses, y pagando de a medio metro o de a metro cuadrado. Las familias pueden optar por pagar en dólares o convertir el valor del metro a pesos actualizando el precio por índice CAC, y al completar el 50% del valor, se entrega la unidad.
Con esa estrategia, tienen en carpeta un desarrollo llamado Primaterra en Centenario cerca de la zona del tercer puente, y están a punto de lanzar uno similar en el ingreso a Plottier.

“Lo mejor que nos ha pasado en estos años es recibir el testimonio de las personas que logran acceder a su casa” cuenta Gastón, y se enorgullece de tener morosidad cero. “Eso demuestra que la gente tiene ganas y disposición de pagar su casa, pero la barrera es el acceso al crédito”, asegura.
Con 10.000 metros cuadrados ya construidos, esperan alcanzar los 20.000 metros cuadrados en los próximos dos años y proyectan alcanzar los 40.000 metros cuadrados con los proyectos en marcha, y seguir cumpliendo aquel sueño de niño de ayudar a la gente a tener su casa propia.
El trayecto que alguien recorre hasta convertirse en aquello que está destinado a hacer, está determinado por cada una de las estaciones del recorrido.
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