IPC del Indec: qué productos de consumo masivo hoy no existen para la medición oficial de precios

La inflación se calcula con una "canasta" de gastos basada en hábitos de 2004. Desde las plataformas de streaming hasta las apps de transporte, los rubros cotidianos que quedan fuera del radar y distorsionan el costo de vida real.

Redacción

Por Redacción

Argentina mide su inflación del siglo XXI con una herramienta de hace dos décadas. El Índice de Precios al Consumidor (IPC), el termómetro económico más sensible del país, se estructura todavía sobre la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004-2005. En la práctica, esto significa que el «changuito» estadístico del Indec refleja los consumos de una familia de hace más de 20 años, sin contemplar la revolución digital y los nuevos patrones de alimentación.

Un reciente informe de Bloomberg Línea pone la lupa sobre esta desconexión y detalla la lista de bienes y servicios que hoy son masivos pero «invisibles» para la estadística oficial. Según el análisis, gastos que para la clase media ya son fijos —como el entretenimiento digital o la movilidad por aplicaciones— no tienen una ponderación directa en el cálculo mensual, lo que genera una distorsión entre el índice publicado y el bolsillo real.

La vida digital, afuera del cálculo


El ejemplo más claro de este atraso es la tecnología y el entretenimiento. En 2004, Netflix, Spotify o YouTube Premium no existían. Hoy, las suscripciones a plataformas de streaming son un gasto casi universal en los hogares urbanos, pero el IPC no las mide como un ítem específico con su peso real.

Lo mismo ocurre con la movilidad. El transporte público (taxis, remises, colectivos) está contemplado, pero el fenómeno de las apps de transporte como Uber, Cabify o DiDi queda en un limbo estadístico. El gasto mensual que miles de familias destinan a estos servicios no se refleja proporcionalmente en la variación de precios que informa el organismo.

Cambios en la alacena: lo que no se mide


La «canasta vieja» también falla al mirar la cocina moderna. El relevamiento actual no capta el auge de los nuevos hábitos alimenticios que, por lo general, son más costosos.

Productos como las leches vegetales (almendra, soja, maní), las cápsulas de café o la amplia gama de alimentos congelados listos para consumir no tienen un seguimiento detallado.

Párrafo aparte merecen los productos para dietas específicas. La canasta del Indec no contempla la especificidad de los alimentos libres de gluten (Sin TACC) o veganos, cuyos precios suelen moverse a un ritmo distinto —y generalmente superior— al de los productos tradicionales de harina de trigo o lácteos vacunos.

Tecnología obsoleta vs. realidad


La paradoja de mantener una base de 2004 es que, mientras faltan los consumos modernos, sobran los obsoletos. Por cuestiones metodológicas, el índice sigue arrastrando en su ponderación artículos que ya casi nadie compra, como CDs vírgenes, reproductores de DVD o servicios de revelado de fotos.

Si bien el Indec realizó una nueva Encuesta de Gastos en 2017-2018 que actualiza esta matriz, esa base aún no se utiliza para calcular el IPC mensual. Hasta que no se realice el empalme técnico, la inflación oficial seguirá contando la historia de un consumidor que alquila películas en DVD y viaja en remís, pero que no paga cuentas de streaming ni pide autos por el celular.


Argentina mide su inflación del siglo XXI con una herramienta de hace dos décadas. El Índice de Precios al Consumidor (IPC), el termómetro económico más sensible del país, se estructura todavía sobre la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004-2005. En la práctica, esto significa que el "changuito" estadístico del Indec refleja los consumos de una familia de hace más de 20 años, sin contemplar la revolución digital y los nuevos patrones de alimentación.

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