Un tajo en el desierto
Darle el gusto a nuestras añoranzas, sin perder la objetividad.
El Jardín de Casa
Hace unos días, en conversación con un viverista de la región, el tema central fue la permanente solicitud de ciertos árboles y arbustos que en nuestra región son decididamente “difíciles” y la realidad de que muchas veces la advertencia de que se tendrá dificultades, cae en saco roto, concretamente en el caso de los tilos. Si se trata de la obstinada elección de esta especie, me jugaría que casi con seguridad son personas oriundas de la ciudad de La Plata, donde este árbol está profusamente plantado en veredas y esto está relacionado con las vivencias y añoranzas de la juventud. Especialmente los aromas típicos de ciertas etapas de la vida, despiertan un irrefrenable deseo de perpetuarlo y no habrá advertencia que lo impida. Creo que lo mismo le pasaría a un cordobés con los paraísos, a un mendocino con los plátanos o a un entrerriano con los naranjos. Si tomamos en cuenta que la gran mayoría de los que actualmente vivimos en estas ciudades del Alto Valle, en el norte de la Patagonia, somos “trasplantados” de quién sabe dónde, la gama de los deseos de este tipo es prácticamente infinito y la configuración de nuesros jardines es una clara muestra de ello, aunado a que los “locos por las plantas”, en general, somos “coleccionistas” de plantas. Asumo que cuando a alguien realmente le gusta algo, es harto difícil sacárselo de la cabeza, pero es mi obligación destacar que en muchos casos esa elección irá unida a una larga lucha para obtener el éxito. Es también mi mayor deseo tratar de que esa lucha termine con éxito. No debemos olvidar nunca que nuestra región, vista desde el aire, es una gigantesca “Y” cuyas dos “alas” son los ríos Limay y Neuquén, que se unen para formar la “pata” (o confluencia), el Negro, en el límite de las dos provincias. Recuerden las estrofas de Pecos Bill, “el mejor vaquero entre Méjico y Estados Unidos” (sic): “…/y cuando estaba medio muerto, hizo un tajo en el desierto/y allí mismo el río Bravo construyó! Nuestro hermoso Valle es también un auténtico “tajo en el desierto” pero, por más agua que lleven nuestros ríos y por más que la estemos embalsando en gigantescos lagos artificiales … seguimos siendo eso … una maravilla fruto del agua canalizada desde la época de nuestros pioneros, como una verdadera vena aorta que atraviesa prácticamente toda esta región. Entonces, si estamos decididos a plantar lo que nuestros sentidos nos piden, lo haremos siempre conscientes de las limitaciones y dispuestos a enfrentar el clima hostil con la creación de “microclimas” en nuestros jardines, el correcto drenaje de los suelos, acidificándolos cuando determinada planta lo requiera y regando con agua de buena calidad, un recurso lamentablemente cada vez menos renovable. Los que indudablemente más sufrirán, serán nuestros pobres árboles de calle, expuestos sin atenuantes a los factores del clima, y los paseos públicos regados con agua salobre.
Teodorico Hildebrandt eljardin@rionegro.com.ar