Un matrimonio le da la merienda a los chicos de un rincón olvidado

El merendero La Reserva se consolida en el barrio 28 de Abril, donde, a pesar de la pobreza que crece con cada crisis, Miguel y Mariana les dan refrigerio y contención a los chicos del sector, especialmente a los de la toma La Cantera.

Un matrimonio le da la merienda a los chicos de un rincón olvidado

Miraba por la ventana cómo pasaban los chicos, uniformados con sus delantales blancos, de regreso a sus casas. Era una tarde de diciembre de 2016 y el ciclo lectivo estaba por finalizar. Mariana Navarro tenía una idea desde hacía varios días, semanas. Pero no terminaba de darle forma. Observó a su esposo y no le dijo nada. Miguel Díaz interpretó de inmediato esa mirada. “Recuerdo que Miguel me dijo: ‘lo que vos digas, yo te acompaño”, relató la mujer. Semanas después, Mariana y Miguel abrieron en su casa un merendero para ayudar a los niños que viven en el barrio 28 de Abril y la toma del sector.

Casi al final de la calle Miramar viven Miguel y Mariana. Hicieron con esfuerzo su casa, donde funciona los fines de semana el merendero La Reserva. Eligieron ese nombre porque así le decían a ese lugar los vecinos. Es uno de los tantos sitios olvidados de Bariloche.

Todo se hace con donaciones, el esfuerzo de los dueños de casa y de las madres de algunos de los pequeños. La mayoría son vecinas de la toma La Cantera, que creció a ritmo galopante en el último tiempo en los alrededores de un enorme barranco que conduce hacia la cantera municipal.

El merendero abrió a finales de marzo y coincidió con Semana Santa. Mariana se había quedado en febrero sin trabajo, pero no bajó las brazos. “Los primeros días eran toda una aventura”, recordó la joven. Miguel ató a unos tirantes de madera a un poste de luz, en la vereda, que sirvieron de banquetas para que los chicos se sienten porque no había sillas.

Los chicos que se acercaron tímidamente fueron construyendo lazos con el paso de las semanas. “Algunos iban al mismo grado en la escuela y cuando llegaban acá no había diálogo entre ellos”, explicó Mariana. Poco a poco el hielo se fue desmoronando.

La necesidad que observaron a su alrededor fue el principal motivo que movilizó a la pareja. “El mejor premio es ver a los chicos con sus caritas sonrientes, contentos”, afirmó Miguel. “Es muy lindo cuando los chicos te saludan y vienen corriendo el fin de semana”, añadió. “Ayudar es una experiencia hermosa”, explicó Mariana.

Mariana y Miguel dejaron un pequeño espacio de su terreno para una plaza. Ya tienen nombre: La Reserva. El sábado por la tarde Ashley, de 10 años, Ludmila, de 11 y Elizabeth de 8 jugaban con una pelota de fútbol antes de la merienda. Mientras, en la casa de Mariana y Miguel, un grupo de mujeres peluqueras y estudiantes cortaban el pelo gratis. La placita aún no tienen ningún juego. Es el próximo desafío.

La apuesta de crecer sin bajar los brazos

Miguel Díaz creció en el barrio Arrayanes. A finales de diciembre de 2007 sufrió un grave accidente que cambió su vida. Miguel conducía un taxi y un conductor alcoholizado al volante de una camioneta, que circulaba en contramano lo chocó. Sufrió graves lesiones y quedó con un brazo paralizado, no pudo seguir trabajando. Pero esa discapacidad no quebró su voluntad.

Levantó con una mano su casa de madera y piso de cemento rústico. Falta para terminarla. Pero no se desanima. Su único ingreso estable es una pensión.

Mariana Navarro perdió a su padre siendo adolescente. Su madre tuvo que salir adelante con varios hijos en el barrio 28 de Abril. Allí nada es fácil. Mariana sabe lo que es pasar necesidades. Pero esos años de carencias la hicieron fuerte.

Miguel y Mariana se conocieron en las calles de esa zona.

Vivieron desde diciembre hasta mayo de 2016 en un viejo tanque de agua del barrio 28 de Abril, mientras levantaban su casilla. Se mudaron cuando la vivienda aún no tenía techo. Sólo un nailon los protegía de la lluvia. Así pasaron el invierno del año pasado. Y en diciembre último sintieron que había llegado el momento de ayudar.


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