«El camino», un filme que trae la historia a la zona
Desde ayer Antonella Costa y Ezequiel Rodríguez, protagonistas de "El camino", segundo filme de Javier Olivera, están en Roca, rodando algunas secuencias. Mañana tienen previsto partir para Aluminé, donde piensan terminar la filmación. "Río Negro" estuvo con estos protagonistas en Buenos Aires, al comienzo de l rodaje, antes de su paso por Río Colorado y La Adela, donde ya este road movie tuvo la parte más intersante de la historia.
Un sábado a la tarde, Palermo es tranquilo. Cinco pibes transpiran un picado de vereda a vereda, parejas en bici bajan el estrés de la semana, el verdulero refresca la vereda a puro balde. En las mesas fuera de los restaurantes se aletarga la charla, las persianas están bajas de siesta.
En Aries Cinematográfica, Fitz Roy al 1900, los asistentes de producción van y vienen, fatigan los teléfonos buscando objetos para terminar de ambientar la habitación que Ezequiel Rodríguez habitará durante las primeras tomas del «El camino», la película de Javier Olivera que comenzó a tramarse el 20 de marzo.
Veinte minutos antes de las dos, hora de la entrevista con «Río Negro», Eze traspasó la puerta de los estudios cargando una tabla de surf enfundada, medio body de neoprene y dos bolsos; como uno más, sin la pose típica de los que se creen centro de las miradas.
El guardia de seguridad le recuerda que su hija y una amiga le pidieron fotos autografiadas y del resto del elenco de «Verano del 98». Sabés que pasa, explica el uniformado casi rapado, me tienen harto con que se la quieren mostrar a las compañeras del colegio… ER se ruboriza, pide disculpas y justifica su olvido. Está hasta las manos con su nuevo personaje, ordenando sus cosas porque luego de filmar en Buenos Aires, partía con Antonella Costa en moto hacia Río Colorado, con el equipo y las cámaras detrás, registrando el viaje.
Llega Antonella, pasaditas las dos, y por unos segundos su belleza congela el diálogo. Presentaciones de rigor. Eze se alegra y le dedica un «¡qué linda estás!». Ella agradece, segura de estarlo. Se convidan cigarrillos y fuegos. (E.R.)
«El director siempre tiene la última palabra»
En Cahier du Cinéma, el crítico Frédéric Strauss define a Pedro Almodóvar en una entrevista, como un gran manipulador, ese nombre designa el trabajo de un director que modela todo según su deseo(…). «La manipulación del director es muy importante, es un lugar de contención, define Ezequiel. Hay varias cosas a tener en cuenta, lo que cuenta el guión, lo que el actor quiere contar. Y siempre el director da la última palabra, tiene la visión total de la película. Varias veces he defendido una posición, bien cabeza dura, hasta que Javier (Olivera) ubicado en el todo, me lo mostraba y explicaba, y tenía razón. Fruto de la pasión, el actor ve su mundo únicamente, su burbuja, y labura basándose en eso; el director es el encargado de equilibrar y de articular con lo que quiere hacer.»
Debe escuchar los sentimientos tan difíciles de expresar en palabras, los sutiles colores internos del actor. «Javier es una persona inteligente que escucha y dirige actores.» Antonella comparte la afirmación con un discreto movimiento de cabeza. «Hay directores que prestan más atención a lo técnico, a la cámara, a lo que va a narrar y no tanto a los actores, los instrumentos para contar su historia. Javier acepta y se adapta y también propone que nos adaptemos a su idea. Permanentemente está atento al todo y nos pide que también lo hagamos. Siguiendo su propuesta de trabajar comprendiendo el guión en su totalidad y con los permisos que nos dimos, van apareciendo cosas muy buenas. Hay que bajar un poco las defensas, ver, adaptarse, dejarse modelar y comulgar para que haya comunión. De eso se trata actuar.»
«El actor debe refugiarse en su técnica, continúa tras un sorbo de café. Gracias a ella, logra relajarse, que aparezcan herramientas hasta ese momento desconocidas, y que la escena fluya… Hay cosas que no he encontrado todavía, pero asumo el riesgo. Durante los ensayos no ponemos todo en juego, no quemamos las naves, sí sabemos desde donde parte el barco, por donde irá, conocemos la ruta. Luego, en la filmación suceden cosas inesperadas y si estoy concentrado, con mi instrumento relajado, sabré adaptarme. Yo estoy caminado el guión con toda mi humanidad dispuesta, con todas mis inquietudes que no mueren hasta después que concluye la filmación.»
«Creo mucho en el poder de la afirmación de la palabra y no pienso mucho en el miedo, palabra que pesa y sienta precedentes, que siento.
Un sábado a la tarde, Palermo es tranquilo. Cinco pibes transpiran un picado de vereda a vereda, parejas en bici bajan el estrés de la semana, el verdulero refresca la vereda a puro balde. En las mesas fuera de los restaurantes se aletarga la charla, las persianas están bajas de siesta.
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