El Cañadón de las Ostras, un sitio con 12.000 años de historia
Allí hay un yacimiento muy antiguo de bivalvos.
LAS GRUTAS .- El sorprendente Cañadón de la Ostras es un lugar impresionante, pero como todo recurso paleontológico, no renovable.
Mientras los turistas que participan de algunas excursiones se deliran conociendo la historia de los fósiles de distintos bivalvos que encuentran a varios metros de la costa otros menos respetuosos y también muchos residentes inescrupulosos, ingresan diariamente a alzarse con diversos botines.
Luego del saqueo, los valiosos elementos de este yacimiento sin par tienen como destino el formar parte de una repisa, después de un jardín, y por último quedan olvidados en el medio de algún patio.
Estos fósiles están dispersos a distancia del océano, pero en un lugar donde hace más de 10 millones de años, antes de la derivación de los continentes, llegaba el agua del mar.
Hasta este sitio maravilloso ubicado a unos 20 kilómetros del balneario, poco después de El Sótano, llegan varias excursiones en distintos vehículos.
Una de ellas es la del Monster, un enorme vehículo doble tracción, reformado y abierto para permitir la observación del paisaje natural de la costa atlántica rionegrina. En ese paseo la guía Karina explica con lujo de detalle cada uno de los misterios, leyendas, historias y características propias de esta zona. Esa paseo cuesta diez pesos por persona, dura alrededor de tres horas y permite a los turistas descubrir y fotografiar diversos atractivos de la zona.
En el Cañadón de las Ostras, formado por lluvias recientes (hablando en términos geológicos) pueden encontrarse fósiles de moluscos, en especial ostras, vieyras, mejillones, cholgas y caracoles, entre otros.
El agua de las escorrentías que a los largo de varios kilómetros fluyó por las mesetas hasta el mar, socavó el suelo y dejó al descubierto este banco de tesoros invalorables.
«Los organismos que vemos se petrifican y los minerales cristalizan» explica la guía, mostrando entre sus manos la diferencia entre una ostra petrificada por el paso de los años y un fósil al que le ingresó algún mineral que luego cristalizó.
Los chicos que conocen el lugar se enloquecen conociendo este lugar y recordando por momentos algunas secuencias de Jurassic Park. Y los padres no pueden dejar de entusiasmarse con las novedades que sus hijos aprenden a cada paso.
«Viste, hijo, lo que te explicaron en la escuela, acá lo podés ver perfectamente», le comentaba una madre mendocina a su pequeño, mientras la guía daba los detalles de la conformación estratificada de las capas terrestres.
Una de las capas que se observan, de alrededor de 12 millones de años de antigüedad, está conformada según la guía por fósiles de moluscos bivalvos.
Esa capa empieza a bastante altura, alrededor de dos o tres metros en las paredes del Cañadón y a medida que se camina hacia el interior dando la espalda al mar y ascendiendo por la pendiente hacia el continente la capa se va acercando al nivel de los turistas que pueden observar y tocar las piezas de importante valor paleontológico.
Por último, a más de doscientos metros en el interior del Cañadón y después de varias curvas y zigzagueos, la ostras comienzan a salir del piso. El suelo mismo del Cañadón se transforma en algunos tramos en bivalvos fosilizados.
La salida es como la despedida de un lugar místico. Es una experiencia inolvidable para niños y adultos. Ojalá muchos otros turistas puedan apreciar alguna vez este importante atractivo, hoy descuidado y agredido por quienes extraen a tontas y a ciegas piezas de más de 12 millones de años.
Un paseo que apuesta a concientizar al visitante
LAS GRUTAS .- «Se cuida lo que se ama, se ama lo que se conoce, se conoce lo que se enseña», dice Karina, la guía de Safari, para fundamentar porqué hace tanto hincapié en cada uno de los detalles de la conformación geológica, de la importancia y de la belleza de este lugar.
Luego del paseo es impensable que a alguno de los participantes pudiera ocurrírsele llevar de recuerdo uno de estos tesoros. La concientización -casi un trabajo psicológico- que realiza la guía se profundiza en los participantes y todos salen del sitio mucho más cuidadosos y respetuosos del medio natural que cuando ingresaron.
Sin embargo, por las suyas, residentes y turistas que salen de paseo o con el objetivo preciso, ingresan y retiran fósiles como si fueran sus propietarios. Los cargan y se los llevan para instalarlos en el patio, donde podrán mostrárselos a sus amistades como trofeo.
Lo insólito es que estos elementos no tienen valor comercial, su importancia no está incorporada al fósil, no se traslada con él a cualquier lado. Si no que es allí, en ese marco único y virgen, testimonio de épocas pasadas, donde su importancia adquiere la real magnitud.
Ubicadas exactamente igual que hace dos millones de años, ostras fosilizadas, con sus dos valvas irregulares perfectamente claras se sitúan a lo largo de toda una capa en las paredes del Cañadón. Algunas adquieren tamaños impensables en esta época.
Cada uno de los moluscos es diferenciable, la guía explica las características particulares y luego pasa revista para ver si los participantes de la excursión lo aprendieron. «Las vieyras -las de las estaciones de servicio- tienen las estrías a lo largo, la almeja las tiene concéntricas y la ostra es irregular», dice. Algunos se salen de estos moldes. Por ejemplo, hay tirabuzones, una especie de caracol muy pintoresca que parece que su concha se enroscara sobre sí misma.
LAS GRUTAS .- El sorprendente Cañadón de la Ostras es un lugar impresionante, pero como todo recurso paleontológico, no renovable.
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