El consumo de cerveza llegó a 44 litros por habitante por año

La producción y las ventas tuvieron un crecimiento sostenido en la Argentina. El grupo británico SABMiller adquirió las operaciones locales y en Uruguay, Paraguay y el sur del Brasil de Isenbeck (del alemán Warsteiner).

Cómo se plantea la competencia en el mercado interno

Miguel Ángel Fuks miguelangelfuks@yahoo.com.ar

E

l mercado de cervezas en la Argentina movilizó aproximadamente 17 millones de hectolitros en el 2007, lo que significó un consumo de 41,4 litros por persona (ver cuadro) y últimamente 44. Es liderado por Cervecería y Maltería Quilmes (del grupo belga-brasileño Anheuser-Busch InBev, el más grande del mundo) cuya participación en el mismo es del 74% y a continuación se ubican Compañía de Cervecerías Unidas de Argentina (CCU), con el 23%, e Isenbeck, con el 3% restante (no se tomaron en cuenta las pequeñas fábricas). La marca que más se vende es Quilmes, con el 40%, seguida por Brahma, que pertenece a los mismos dueños. El segmento premium avanzó porque los consumidores exigieron mayor calidad y sabores distintos de los tradicionales y representa cerca del 15% del negocio, encontrándose Stella Artois (de Quilmes) y Heineken (CCU Argentina) en sus primeras posiciones. El grupo británico SABMiller adquirió en noviembre pasado las operaciones locales y en el Uruguay, Paraguay y el sur del Brasil de Isenbeck (del alemán Warsteiner), quizás en unos 45 millones de dólares (ver aparte). Mientras dos compañías concentran el 97% del mercado, se recuerda que en la Argentina hay alrededor de 400 bodegas que tratan de vender 1.500 marcas de vinos, cuyo consumo anual per cápita cayó de 37,75 litros en el 2000 a 26,70 en el 2009, de acuerdo con el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Los 11,05 litros de diferencia habrían sido captados mayormente por las cervezas, que en el 2010 tuvieron un limitado crecimiento del 1% al 2% por la evolución de los precios y la influencia de otras bebidas, como el fernet. La producción –a un ritmo superior a la mundial en determinadas épocas– y las ventas tuvieron un crecimiento sostenido en la Argentina durante las últimas décadas, aunque hubo años en que las variaciones fueron inestables. El consumo de cervezas desplazó al que tenían otras bebidas alcohólicas, como los vinos, porque el mejoramiento de la calidad redujo la diferencia que mantenía en ese aspecto con la que el Poder Ejecutivo Nacional (PEN) declaró “bebida nacional”; la brecha entre los precios de unas y otros, y la identificación de las nuevas generaciones de jóvenes con el producto en cuestión (recuérdese los enfoques publicitarios utilizados por las principales marcas). Las exportaciones nunca fueron significativas: representaron el 1% de la producción nacional y Chile, Uruguay, Perú y Paraguay estuvieron entre los principales destinos. Contrariamente a lo que muchas personas suponen, las importaciones fueron inferiores a las exportaciones, siendo relevantes las del Brasil, México, Chile e Inglaterra. En realidad, las compras en el exterior disminuyeron cuando comenzó a satisfacerse la demanda interna con la producción local. Del análisis del consumo en el mundo surge que el mercado nacional tiene posibilidades de incrementarse considerablemente (ver cuadro). La Cámara Argentina de la Industria Cervecera (Caic) ya señalaba en la década pasada que el sector se había ubicado en el tercer puesto del ranking de alimentos y bebidas de mayor facturación en los canales minoristas, detrás de las gaseosas y las galletitas. En la Argentina, la variedad más vendida es la “blanca” –alcanzó el 90% del consumo–, en especial en envases de vidrio retornables, de acuerdo con la Dirección Nacional de Alimentación del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca. Aunque durante mucho tiempo fue un consumo muy estacional, de verano, las campañas de publicidad y de marketing influyeron para que esa tendencia comenzara a modificarse (el producto se considera muy elástico a tales influencias, tanto en lo que se refiere a su elección por sobre otros, como a la opción entre las distintas marcas). Las ventas minoristas se efectúan mayormente en los comercios tradicionales (almacenes y pequeños comercios, con mayor presencia en el interior del país que en la ciudad de Buenos Aires), que representarían el 55%. Luego se ubicarían los autoservicios, con el 20%; los súper e hipermercados, 15% y los quioscos y minimercados, 10%. Estas proporciones se estimaron antes de que se prohibieran en la ciudad de Buenos Aires, algunas provincias y municipios las ventas o suministros a menores de edad de bebidas alcohólicas de cualquier tipo y graduación, aun cuando la transacción estuviera destinada a ser consumida fuera del local, comercio o establecimiento. Por la crisis económica, la demanda de marcas más baratas creció en relación con las demás y desplazó a las importadas. Sin toda la incidencia que seguramente algunas de ellas merecen, avanzaron las artesanales, de producción diferenciada y, casi siempre, originadas en localizaciones geográficas específicas, que se consumen no sólo en las zonas de producción sino también en canales de expendio de centros urbanos, como bares específicos. Las productoras y comercializadoras de cerveza a nivel nacional poseen, según el caso, una o dos marcas principales y otras destinadas a ciertos lugares y sectores socioeconómicos. La cebada cervecera es el principal insumo para la fabricación de la bebida y exhibió en la década del 90 una importante expansión, acompañando el crecimiento de la industria; más del 90% del cultivo se efectúan en la provincia de Buenos Aires. La malta se considera un insumo intermedio y se obtiene en plantas ubicadas en el mismo ámbito bonaerense. El lúpulo es otra materia prima importante y, como se sabe, las zonas productoras son El Bolsón y Neuquén. La citada Dirección Nacional de Alimentos efectuó el análisis FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) con las siguientes conclusiones. • Fortalezas – Alta inserción del producto en los grupos más jóvenes, lo que implicaría, a futuro, un aumento casi constante del consumo. – Bajo costo respecto de los de otras bebidas alcohólicas. – Poca variación de la producción de las materias primas, que hacen más estable y previsible la fabricación de la cerveza. • Oportunidades – A diferencia del vino, la tasa de consumo de la cerveza (nacional e internacional) muestra una tendencia positiva. – Posibilidad de elaborarla tanto con alta utilización de tecnología como con procesos artesanales. – Acceso a todos los estratos socioeconómicos. • Debilidades – Es uno de los productos más dependientes de las inversiones publicitarias. – Resulta difícil exportarla por encontrarse muy segmentada la producción internacional. • Amenazas – Alta concentración de la producción, con riesgos monopólicos. – Aparición de nuevas bebidas (energizantes) dirigidas específicamente a los jóvenes.


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