El control aéreo en la Argentina es vulnerable
Hay sólo tres radares en todo el territorio. Tienen un alcance de casi 200 kilómetros.
Neuquén (AN).- A lo mejor es una exageración afirmar que la Argentina es una gran pista clandestina de aterrizaje. Pero lo cierto es que el país presenta un pobre panorama de radarización y esto habla de la inseguridad y también de la falta de control en el tráfico aéreo.
Sólo tres radares existen en la Argentina para controlar los vuelos, mientras que en países vecinos, como Chile, los radares abundan y todo el territorio está bajo control. Un avión que cruza la cordillera es detectado inmediatamente por un aparato.
El aeródromo de Zapala, a cargo del municipio, es poco más que una oficina administrativa. Opera de 9 a 18, tiene dos empleados, uno municipal y otro de la Fuerza Aérea, y el grado de su importancia se puede medir por otro tipo de funciones: su pista suele ser utilizada para correr en la categoría del Turismo Carretera Neuquino.
Fuentes consultadas ayer por «Río Negro» vinculadas a la actividad aérea dijeron que el aeródromo se encuentra en la categoría de «no controlados». Esto quiere decir que su grado de organización es mínima.
La pista de aterrizaje de Zapala fue utilizada por los integrantes de la banda de asaltantes que intentó robar la sucursal del Bansud en Zapala el miércoles último.
Allí llegaron los ladrones y se fueron con un Beechcraft de la empresa VIP AIR, alquilado en Don Torcuato, Buenos Aires.
La responsabilidad de un aterrizaje o de un despegue antes o después del horario de atención de este aeródromo corre por cuenta del piloto, porque en el sitio ya no existen más controles.
En este precario sistema de control tan vulnerable realizar un vuelo clandestino no resulta tan complicado, dijo una de las fuentes.
Con una máquina versátil y obviando la declaración del vuelo se puede partir y aterrizar en cualquier pista marginal.
La ausencia de control también es visible en aeródromos con mucha mayor actividad, como el de Don Torcuato o San Fernando, desde donde operan empresas de alquiler de aviones, como la que utilizaron los integrantes de esta banda de delincuentes que aterrizó en Zapala.
Otras fuentes consultadas por este diario admitieron que en vuelos de cabotaje la rigurosidad en el control casi no existe y a veces ni siquiera se conoce la identidad de los pasajeros que se transportan.
Argentina tiene tres radares. Uno se encuentra en Ezeiza y los dos restantes en Mendoza y Córdoba. Cada uno de estos equipos pueden controlar el espacio aéreo en un radio de poco menos de 200 kilómetros.
Contacto radial
Un vuelo que parte de Buenos Aires rumbo a Neuquén es detectado por el radar del centro de control de Ezeiza hasta una distancia de unas 100 millas náuticas. El resto del contacto entre los pilotos y los controladores se realiza por sistema de radio.
Ezeiza se desentiende del vuelo 60 kilómetros antes del aterrizaje, cuando el comandante de la nave comienza a hablar, también por sistema de radio, con la torre de control del aeropuerto local.
La radarización de la Argentina era un proyecto que impulsaba el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, cuando prometía una inversión de 160 millones de pesos para instalar un nuevo sistema, capaz de barrer todo el espacio aéreo.
Del proyecto no se volvió a hablar y todo parece indicar que ha quedado en el olvido.
«No conocemos ni a los pasajeros»
ROCA (AR).- Los controles que se realizan en aeródromos como los de Don Torcuato o San Fernando, son prácticamente nulos cuando se trata de vuelos de cabotaje.
En muchos casos, no se conoce ni la identidad de los pasajeros, ya que suele ocurrir que los aviones los alquila directamente un piloto matriculado. En caso de efectuar algún control sobre las identidades o la carga que se llevará, lo debería hacer la Policía Aeronáutica Nacional.
«Sólo se realiza en caso de que la PAN esté siguiendo a alguna persona determinada. En ese caso le pueden pedir la documentación personal o revisar los bolsos o bultos que va a transportar. Pero es muy raro que ocurra», señaló Silvina en diálogo telefónico, quien trabaja para una de las tantas empresas de alquiler de aviones que tiene sede en Don Torcuato.
Mientras el vuelo se pague, poco importa el nombre de la totalidad de los pasajeros.
«Se pide el nombre de algún familiar o amigo y un número de teléfono. Es para avisar en caso de que el avión desvíe su ruta por algún problema meteorológico o mecánico», señalaron desde Don Torcuato.
Distinta es la situación de los vuelos que parten de Ezeiza o del aeroparque Jorge Newbery, ya que poseen las cintas de control de equipaje y los detectores de metales para los pasajeros.
Neuquén (AN).- A lo mejor es una exageración afirmar que la Argentina es una gran pista clandestina de aterrizaje. Pero lo cierto es que el país presenta un pobre panorama de radarización y esto habla de la inseguridad y también de la falta de control en el tráfico aéreo.
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