El Cuarteto Cedrón celebró 50 años con la música
El Cuarteto Cedrón festejó anteanoche sus 50 años de trayectoria con un emocionante concierto que se desarrolló en el teatro Cervantes, donde cautivó a un público afectuoso con un recorrido atravesado por la poesía, la canción, la búsqueda de la pertenencia y la identidad, como reflejo de su propia historia. “El cuarteto no fue solo el cuarteto, fue mucha gente, mis hermanos, amigos, pintores, poetas”, expresó el cantante y compositor Juan “Tata” Cedrón” -creador del conjunto en 1963- sintetizando el espíritu de una noche que reunió a través de la música a los artistas esenciales de la cultura argentina. La poesía de Raúl González Tuñón, Juan Gelman, Homero Manzi, Roberto Arlt, Miguel Paoletti y Julio Cortázar en las bellas melodías creadas e interpretadas por el mismo Tata, y el recuerdo -que nombró en anécdotas o citas- de otros artistas como su hermano Alberto, Cátulo Castillo, Atahualpa Yupanqui, Tito Cossa, Eduardo Rovira, Paco Urondo y Acho Manzi, también fueron protagonistas. Con sensibilidad y ternura, entre silencios apabullantes y aplausos conmovedores, Cedrón fue desgranando piezas como el bello tango “En un corralón de Barracas”, basado en la letra que Homero Manzi y Cátulo Castillo escribieron en homenaje al caballo Frisón de los años 20, y clásicos del cuarteto como las milongas “Eche 20 centavos en la ranura” y “Tarjeta de cartón”, de Tuñón. La delicadeza de la viola de su eterno compañero de ruta Miguel Praino, los graves profundos en el contrabajo de su hijo Román Cedrón -quien como dijo el Tata en el concierto, “nació con el cuarteto”-, y la dulzura del bandoneonista uruguayo Daniel Cabrera, acompañaron al Tata en esta nueva travesía. “Creo que ésta es la primera que hice de Raúl (González Tunón), habla de una cosa simple de cuando nosotros éramos chicos, que era la fogata de San Juan. Durante uno o dos meses los chicos juntaban muebles y sillas viejas, después hacíamos una fogata, poníamos un muñeco arriba y luego quedaban brasas, donde poníamos las papas y después las comíamos. Yo hice esta milonguita”, contó el Tata antes de cantar “A la luz de la fogata”. Así, como sentado en el patio de su casa pero consciente de que se trataba de una noche histórica, Cedrón compartió con el público la intimidad del origen de las canciones, pintando un momento histórico que muchos de los que asistieron al concierto no vivieron y repasó su repertorio mirando hacia adelante. En ese marco de complicidad y llegando al final del show, el Tata disparó: “Fueron tantos años de música, de poesía, de autores, irse, volver, todo lo que pasó en la Argentina. Es un hecho cultural lo que está pasando y por eso insistí en festejar estos 50 años, para ver que estamos vivos, que se hacen cosas. No me van a poder”. El cuarteto también interpretó “Manoblanca” y obras instrumentales como la bella “A Lola Mora”, mientras que la melancolía llegó de la mano de “Canción sin verano”, que el músico creó a partir de una sentida letra en donde Cortázar habla del exilio, ése que el mismo Tata vivió durante 30 años y al que definió en varias ocasiones como “unas largas vacaciones”. Tal vez, como dice Manzi en “Palabras sin importancia”, sea cierto que “nada acerca mejor que la distancia”, una frase que Cedrón parece haberse apropiado con su vida y una obra rotunda que respira el aire de acá. (Télam)
Romina Grosso
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