El día más triste de la música americana
Considerado uno los grandes de la música americana, Ray Charles murió ayer a los 73 años. Cultivó sobre todo el soul y el blues, pero también se acercó a otros géneros siempre con notable éxito. Quien se hizo famoso por sus anteojos de no vidente, nació en 1930 en Albany y fue un referente para otros "monstruos" como Aretha Franklin y James Brown.
BUENOS AIRES (Télam).- Fue una leyenda. Tan multifacético y creativo que a esta altura resulta difícil encasillarlo. Encontrar una justa definición para su arte. Ayer a los 73 años el cantante, pianista y compositor estadounidense Ray Charles, de 73 años, tremenda figura de la música popular, murió en Beverly Hills. Jerry Digney, portavoz de Charles, fue quien anunció el fallecimiento del músico, quien quedó ciego a los seis años de edad, y en su tarea musical cultivó sobre todo los géneros del blues y del soul, para los que compuso perlas de la canción como «What'd I Say» y «Unchain My Heart», y la recordada versión de «Georgia On My Mind», de Hoagy Carmichael. Ray Charles Robinson, tal su nombre completo, quien se hiciera famoso por sus anteojos de no vidente, nació en 1930 en Albany, Georgia y fue uno de los mayores creadores de la música soul, un referente para Aretha Franklin, Otis Redding y James Brown.
Criado en el estado de Florida y ciego desde los seis años de edad a causa de un glaucoma, estudió piano en una escuela para ciegos con el músico Wylie Pittman y sintió las influencias de Schubert, Bud Powell, Art Tatum y Nat «King» Cole. También aprendió a tocar el órgano, el saxo alto y la trompeta, al tiempo que comenzó a componer música a través del método Braille. Mudado a Seattle, intervino en bandas que tocaban en salas de baile y grabó su primer simple en 1949 con el tema «Confession Blues», ya con su apellido Robinson eliminado para evitar confusiones con el campeón de box Sugar Ray Robinson.
La década de 1950 fue la de su fama internacional y en la que sus discos estuvieron al tope de las ventas en los Estados Unidos y otros países, entre ellos «The Great Ray Charles» (1957) y «Swanee River Rock».
En sus temas se reveló una enorme emotividad a través de melodías profundas que se lucían en su voz potente, que con los años llegó a interpretar famosas versiones de los temas «Yesterday» y «Eleanor Rigby», de Los Beatles, como señal de una gran heterodoxia.
La vida de Charles no careció de aventuras: en 1977 un individuo intentó estrangularlo durante un concierto benéfico en Los Angeles y en 1985 corrió serios peligros cuando el avión con el que llegaba a Bloomington, Indiana, junto a sus músicos, se salió de la pista y fue a dar a un campo lindero.
El músico estuvo en Buenos Aires en 1970 y en 1991, ocasión esta última en que serios problemas de sonido en el Luna Park, donde el músico negro exigió que sólo se amplificaran su voz y su piano, no así su grupo, provocaron enojos entre sus fans. Regresó un año después y ante un Gran Rex semivacío volvió a brillar como en sus mejores épocas en la ejecución de «Georgia On My Mind» y «Come Rain o Come Shine», cuando mezcló ritmos negros con sonidos de diverso origen.
«Hay algo en la facha de Charles que resulta lúgubre -destacó entonces una crítica de Télam-; puede ser, en conjunto, el tono oscuro de su piel, los lentes negros que esconden su ceguera o su paso tímido». «Pero su sonrisa y su saco multicolor alejan enseguida esa sensación, sobre todo cuando se sienta al piano y arranca con 'What I'd Say», mientras sus piernas bailan literalmente y pega tacazos contra el piso», concluía.
Todos los géneros que amó Ray Charles
Su estilo musical podía adaptarse a casi cualquier género que uno pueda imaginar. Ray Charles era dueño de una sorprendente flexibilidad creativa. Quizás por eso sus admiradores se acostumbraron a verlo en las más diversas situaciones. Sólo con su piano o en compañía de otras superestrellas entonando un himno para los niños de Africa. Ray Charles hacía rato que había trascendido la categoría de artista para transformarse en un ícono americano. Algo que ciertamente los estadounidenses les encanta. No son tantos a través de la historia y casi siempre constituyen una síntesis de las culturas que atraviesan al país del norte. Bruce Springsteen, Elvis Presley, pueden ser considerados dioses del mismo Olimpo. «Intento abrirle mi alma al público, para que entienda quién soy. El soul es componer canciones con una parte de uno mismo», dijo alguna vez Ray Charles. Y la respetada revista «New Yorker» lo definió como «el único jazzista que no fue corrompido por un éxito sobredimensionado», cuando en 1984 registró el álbum «Friendship», con la participación de Johnny Cash, Willie Nelson, entre otros. Su clásico de 1960 «Georgia en mi mente» fue declarado diez años después canción oficial del estado norteamericano homónimo, y cuando más tarde grabó «America» algunos de sus fanáticos emprendieron campañas para erigirla en himno nacional estadounidense. Su voz en el límite constante del quiebre, su muy personal forma de vestirse (saco brillante, las gafas oscuras, la sonrisa eterna) y su apertura, lo hicieron crecer hasta lograr una popularidad inaudita. Ray Charles podía integrar tanto la colección de un experto en soul como la de un neófito del blues.
Ayer el periodista Jon Pareles lo describió en su crónica del «New York Times» como «uno de los más grandes cantantes y músicos americanos quien se desarrolló en la esencia de un espectro que va del soul al country pasando por el jazz, el rock, standars y cualquier otro estilo sobre el que puso sus manos».
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