El duro oficio de ser una Bandana
ENTREVISTA:
Una de las integrantes del famoso grupo femenino que en días estará en la zona, cuenta que no todo es éxito y autógrafos
BUENOS AIRES.- Virginia Da Cunha, es la rubia luminosa del quinteto que desde noviembre del 2001 integra con Lourdes Fernández, Valeria Gastaldi (las tres de 22), María Elizabeth Vera (21) y la colombiana Ivonne Guzmán (19). Bailarina, estudiante de distintas disciplinas musicales, escribe, practica yoga, tenis, snowboard, surf, equitación y vóley.
Virginia acababa de salir de la sala de ensayo, donde cada una de las Bandana recibe clases de interpretación de los textos que cantan. Lucía cansada pero dispuesta al diálogo, tras la presentación de rigor del manager permanente de la banda, coordinador de las entrevistas, los horarios, sus tiempos y actividades cotidianas.
«Tomamos clase todo el tiempo, de canto, de danza, ensayamos las coreografías, las entradas, aprendemos a interpretar las canciones por separado, a usar nuestras posibilidades vocales según cada frase, cada intención, cada idea; luego nos juntamos y buscamos empastar, sonar juntas, con el color que nos identifica apenas nos oyen. Pasamos además todas las partes que integran nuestro espectáculo, hasta llegar al ensayo final donde lo hacemos completo como si estuviéramos ante el público.»
– ¿Qué ha cambiado en tu mirada sobre esta actividad, después de tantos ensayos, presentaciones, giras por el país y el exterior, la película, cientos de reportajes para todo tipo de medios?
– Me siento más segura de lo que creía estar cuando esto empezó; me he ido dando cuenta a medida que pasaron estos dos años que llevamos juntas. Respeto mucho a la gente que nos va a ver, al escenario al que considero un lugar sagrado en el que me siento cada día, en cada recital, más responsable por todo lo que desde allí generamos. Es como una burbuja donde estoy protegida, cuidada, segura. Yo sé qué va a suceder y cómo actuar. Estar ahí es como una adicción. Pero también es extraño porque todo lo que allí sucede es irreal, es una situación de la que todos somos cómplices; compartimos una historia por dos horas o más, con gente para la que tenemos una imagen poderosa, atractiva y muchos contenidos má que nos adjudican, lejanos de la realidad personal de cada una. Pero, bueno, así es el juego…
Yo, de todas estas cosas no tenía idea cuando me presenté al casting. Sí sabía, cómo sigo sabiendo que es una parte importantísima de mi vida, algo por lo que trabajé y trabajo mucho. Pero nosotras somos bien reales y tratamos de mostrarnos así, siempre, sencillas.
– Dijiste adicción, esa palabra usaste (Virginia sonríe). ¿Dependés de Bandana para vivir?
– No tanto, pero sí me absorbe cada hora, me exige a fondo; con placer, claro. Lo digo por que necesito el contacto con el público, su respuesta, sus emociones. Me hacen bien, me estimulan, me llenan de energía buena, de buena onda. Pero, mi persona viviría igual sin Bandana, tengo mi identidad, mi capacidad propia a la que le dedico muchísimo esfuerzo para seguir construyéndome. Yo debo estar bien, como cada una de mis compañeras y el equipo que nos rodea, nos cuida, nos mima, para que el grupo funcione. Hay días que no paramos, que dedicamos a pleno a preparar cada detalle, cada paso, lo que vamos a decir, cómo mirarnos, bailar, cantar por supuesto.
– ¿Queda tiempo para tomar distancia, distenderte, no ocuparte del quinteto?
– Cuando lo tengo, trato de estar con mis seres queridos, en casa, con las cosas simples que me daban sentido ante de entrar en el programa (Popstars) y me lo siguen dando. Nada. Me gusta la tranquilidad, reunirme con amigos… Pero para que todo esto sea como es y continúe funcionando, hace falta entrega, dedicación, horas y horas de canto, de profesores, ensayos, correcciones, de comprensión, de buenas relaciones con mis compañeras y todos los que nos acompañan en esta empresa que es Bandana.
– Cuando recorrés las calles de Buenos Aires o desde el aeropuerto hasta el hotel y el estadio donde se presentarán durante las giras, y ves tu rostro multiplicado en cientos, miles de afiches, que sensación te produce?
– Es raro, todavía no sé como manejarlo. Es muy fuerte. Nada. No puedo hacerme cargo de lo que eso genera en los demás, de poder de convocatoria que tienen. Pensar que hay chicos y chicas que apenas los miran, ya piensan en vernos, en el momento en que salgamos al escenario y cantemos, o se animen a pedirnos un autógrafo, a tirarnos un beso… No puedo, porque eso se relaciona con el enorme y poderoso aparato del marketing que nosotras no manejamos. Es raro porque la que está ahí soy yo y no lo soy. En realidad es mi imagen, es la parte que mi imagen hace al todo de Bandana, pero no soy muy consciente de lo que mueve. Tratamos de movernos dentro de límites más pequeños, siempre ligados con estar bien, con buenos momentos, pero sin pasarnos de rosca.
– ¿Habrás visto chicas llorando tendiéndoles las manos, intentando tocarlas?
– Sí, pero no buscamos eso. Esas reacciones ocurren… Buscamos que las canciones les gusten, que las canten, que pasen un rato lindo, que disfruten con nuestro espectáculo, pero no podemos hacernos cargo de otra cosa. Evitamos las situaciones que provoquen histeria o cualquier clase de sufrimiento por alcanzarnos, por estar más cerca nuestro, pero no podemos meternos en cada persona del público. No nos imaginamos, no imagino que piensan de nosotras, qué fantasías tienen, qué sueñan, que desean. Es imposible controlar eso. Sucede, pero no lo estimulamos, más bien preferimos verlo lejano.
– De lejos para ustedes, cercano para cada chica que tiene sus fotos en la carpeta del colegio, en un afiche que mira todos los días en su cuarto.
– Es una situación ambigua… Particularmente no me gusta ver chicas llorando, gritando desesperadas por tocarnos; tampoco que nos vean ideales, intocables. Nosotras somos chicas comunes y corrientes que hacemos esto por placer y para generar lo mismo en el público, nada más. Por otro lado es muy lindo sentirlo cerca, saber que está ahí, después de las luces, en la platea.
– Pero saben que se las ve dentro del tan deseado éxito, que se las considera famosas, que ganan dinero, que salen por la tele, en las revistas, los diarios, por Internet.
– Sí, pero eso es parte de nuestro trabajo. Lo del dinero no es cierto, es un mito, igual que el éxito y la fama. Si no trabajás, si no te preparás, no te exigís, no ensayás, no corregís tus errores, no estudiás, nada de eso pasa. Es la parte que no se ve de Bandana y de cualquier actividad como ésta. La gente se lleva el tiempo que estamos en el escenario, la energía que damos, nuestra imagen, lo otro no cuenta demasiado. No tiene por qué contar. Estamos ahí para hacerlos sentir bien, para pasar un buen rato, lo cual no es poco. Para eso debemos estar siempre bien, dispuestas, listas para entregar lo mejor de cada una en función del grupo, pero no es fácil porque además vivimos para ser nosotras, personas con una historia que ahora tiene esta etapa musical. No siempre será así y tenemos que seguir formándonos. Yo estudio todo lo que puedo. Y las chicas hacen lo mismo.
Vivir intentándolo…y consiguiéndolo
El primer CD, «Bandana», lanzado apenas concluyó la etapa femenina de Popstars, fue disco de oro a los tres días, platino a la semana y lleva vendidas doscientas mil placas. «Noche», pasó las ciento cincuenta mil. «Vivir Intentando», el tercero, ya es platino. En ochenta presentaciones en el Gran Rex reunieron doscientos sesenta mil fans. Cantaron en Nueva York, España, Chile, Uruguay y las principales ciudades de nuestro país. El 2002 lo cerraron en el estadio de Vélez Sarfield cantando para ochenta mil personas.
Ya grabaron seis videoclips y han recibido los premios Gardel -Mejor Album Grupo Pop- y Martín Fierro -Mejor Programa Musical de TV y Mejor Artista Nuevo. En junio se estrenó su película, «Vivir Intentando», y en agosto superó el millón de espectadores. En ese mismo mes, se constituyeron en el primer conjunto argentino que ocupa la tapa de la famosa revista norteamericana Billboard. Septiembre sumó un nuevo tour, esta vez por Paraguay y España; en Tenerife tocaron ante cuatrocientas mil almas, en Zaragoza fueron setenta mil.
Eduardo Rouillet
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