El “efecto iglú” para controlar heladas en frutales

Solución alternativa

Los esquimales hacen sus casas con bloques de hielo que aíslan el interior de la mayor crudeza exterior. Afuera pueden registrarse 40 grados bajo cero, pero dentro de la vivienda de hielo o iglú sólo cero grado o cerca de esa marca.

El mismo efecto es el que se logra con el sistema “Control de heladas”, diseñado y patentado por un agricultor valenciano, Carlos Arenes, de Carlet, que está extendiéndolo con éxito por medio mundo.

Según su diseñador, es un sistema que necesita poca inversión porque se utiliza la red básica de riego a goteo, sin presión adicional. La protección resulta segura si la “lluvia” empieza antes de helar y no cesa hasta derretirse el hielo.

Contra las heladas se han ensayado múltiples medios de calefacción, humo, aspersión de agua, torres con hélices que mueven el aire… Unos son demasiado caros y otros contaminan o tienen difícil manejo.

La aspersión podría multiplicar los daños por acumulación de hielo, aunque es la base sobre la que ha desarrollado Arenes su procedimiento. Se trata de cubrir todo el cultivo con una llovizna persistente sobre las partes de las plantas o árboles. Lo consigue con microaspersores situados en un marco de cinco metros que acaban cruzando sus gotas. Para no encarecer la inversión se utiliza la red básica del riego a goteo y no hace falta presión adicional de agua. Bastan dos atmósferas que aseguren 1,6 al final de la parcela, la presión a la que abren los pulsadores, dispositivos que son el alma máter del sistema, lo que asegura la adecuada y uniforme dispersión del agua protectora. Todo se basa en aprovechar el calor latente de las plantas y el suelo, evitando que se escape, y las calorías que cede el agua para pasar de líquido a sólido. Para ello es importante que la aspersión se ponga en marcha cuando la temperatura descienda a dos grados. Así, cuando llegue a cero, el agua empezará a congelarse, dejando una película de hielo alrededor de frutos y hojas. A partir de ahí es importantísimo que no cese la “lluvia”. El agua que cae sobre el hielo que cubre hojas y frutos irá resbalando al suelo. Ese hielo protector se mantiene a cero grado. Fuente: lasprovincias.es


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