El famoso glifosato

Hace algunas semanas publicamos una nota relacionada con la polémica desatada en torno de los efectos tóxicos del glifosato, un agroquímico utilizado ampliamente en la agricultura argentina desde hace más de quince años como coadyuvante del sistema de siembra directa. El problema, que había tomado vuelo a partir de denuncias de diferentes actores publicadas en ediciones del diario «Página / 12», cobró relevancia con la creación de una comisión nacional de investigación sobre el mal uso de agroquímicos, en respuesta a comprobaciones del Laboratorio de Embriología de la UBA sobre efectos del herbicida sobre embriones de anfibios comparables a los de humanos. El Ministerio de Defensa nacional emitió una orden al Ejército en la que prohibía el cultivo de soja transgénica en los terrenos urbanos o suburbanos que posee. La Asociación de Abogados Ambientalistas presentó una demanda ante la Corte Suprema para que se impida la utilización del herbicida fabricado por Monsanto. Múltiples asociaciones ecologistas y humanitarias emitieron declaraciones de alarma sobre agroquímicos e insecticidas, al tiempo que actualizaron denuncias concretas sobre hechos demostrativos de la peligrosidad de ellos para la salud humana y el ambiente natural.

Estas manifestaciones despertaron una fuerte inquietud en los sectores agrarios por cuanto el paquete tecnológico, reconocido como el motor del revolucionario impulso que ha experimentado la producción del país en los últimos años, tiene al glifosato como un componente esencial. Menudearon, en consecuencia, las reacciones en torno de las revelaciones de la investigación realizada por científicos del Conicet en el laboratorio universitario. Se difundió la opinión del Senasa en el sentido de que el herbicida cumple con sus normas, la de la Organización Mundial de la Salud de que no ofrece peligro y, por supuesto, al lado de los argumentos técnico-económicos propios, se reclamó la publicación completa del informe por la parte responsable. La suspensión o prohibición del uso del herbicida, se afirmó, tendría consecuencias fuertemente negativas para la economía del campo y, por ende, del país.

Una de las más recientes novedades estuvo constituida por la entrevista realizada por el periodista Héctor Huergo al ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva publicada por «Clarín» el 4 de mayo, en la que el funcionario expuso sus prudentes puntos de vista sobre la investigación. Explicó que el responsable del trabajo es un conocido investigador del Conicet pero que no había sido encargado por el organismo, era simplemente la comunicación de un investigador particular. No había sido sometido a juicio de una comisión institucional y, por lo tanto, no correspondía aseverar nada sobre la veracidad o falsedad de esas investigaciones. En el caso del glifosato, aclaró, existen normas para su aplicación, fijadas por la Secretaría de Agricultura. Agregó, como opinión personal, que tal vez habría que relativizar un poco sus resultados porque no son directamente extrapolables a lo que podría ocurrir en la situación de campo y en condiciones ambientales normales. De todos modos, dijo, existe una comisión ad-hoc en el Ministerio de Salud que se creó, por iniciativa de la señora presidenta, para estudiar el efecto de agroquímicos y a ella correspondería expedirse.

La nota que publicamos el 2 de mayo sobre el tratamiento del problema ya mostraba en el título («Este asunto exige seriedad») nuestra posición crítica ante las incoherencias y oscuridad que revelaba el manejo de un asunto de tanta importancia socioeconómica por parte de los responsables públicos. Al final del artículo reclamábamos la consulta a una academia de alto nivel científico y con libertad y solvencia específica para proveer dictamen. Curiosamente, el remedio nos ha alcanzado como llovido del cielo en la forma de una «carta de lectores» publicada en «La Nación» este viernes 12 de junio y que, suscrita por un especialista eminente, nos brinda una opinión académica incuestionable.

El firmante es Otto T. Solbrig, profesor emérito en la Universidad de Harvard, ecólogo especialista en biología de las poblaciones vegetales, en particular sobre la interfase entre ecología, evolución y economía en su relación con la agricultura. Obtuvo en 1998 el Premio Internacional de Biología. Es argentino, estudió en la Universidad de La Plata previo a su Ph D en la de California y ha publicado extensamente sobre historia económica de la agricultura y la agroindustria en la Argentina (en 1997, con Jorge Morello, «Argentina, granero del mundo. Hasta cuándo: la degradación del sistema agroproductivo de la Pampa Húmeda y sugerencias para su recuperación», Harvard Univ. Press). Por tratarse de quien se trata y por lo que dice, nos parece adecuado transcribir en integridad su sintético y clarificador análisis del problema. Éste es el texto:

«En los últimos días la prensa ha informado que embriones de anfibios cultivados en un medio que contiene glifosato presentaron anormalidades en su desarrollo. Los informes no precisan detalles como la concentración de glifosato en el medio de cultivo, el porcentaje de embriones afectados en el experimento y en el testigo, y otros detalles clave para evaluar el estudio. Para eso habrá que esperar a que el estudio se publique.

«No debe sorprender a ningún biólogo que embriones de anfibios cultivados en un medio no natural presenten anormalidades. Los embriones de anfibios son muy susceptibles. Pero ¿cuál es el significado de eso? Algunas personas, incluso legisladores, han concluido que es una demostración de que el glifosato es un producto peligroso cuyo uso debería prohibirse. Esa conclusión, sin embargo, no concuerda con cientos de estudios científicos publicados en las revistas de toxicología más importantes que, por el contrario, muestran que el glifosato no presenta un cuadro toxicológico peligroso. Más bien, tanto lo analizado en laboratorio como los epidemiológicos han mostrado que es el herbicida menos tóxico que existe. En 20 años de estudios en California se reportaron muchos casos de problemas médicos debido al uso de herbicidas que requirieron intervención médica y hospitalización. Ninguno de ellos se debió al uso del glifosato.

«Todo producto químico tiene el potencial de afectar la salud humana. El salicilato de sodio (la aspirina común), por ejemplo, es un producto bastante tóxico que ingerido en cantidad es letal. Sin embargo, no por ello prohibimos el uso de aspirina. Los beneficios son tan grandes que a nadie se le ocurriría proponer tal remedio. El glifosato es el equivalente agrícola de la aspirina. Sin su uso se pone en jaque la agricultura pampeana de granos. En la medida en que pudiera representar un peligro para la salud de sapos y ranas, la solución está en regular su uso, sobre todo en la vecindad de lagunas y cursos de agua, donde esos anfibios se reproducen».

(*) Doctor en Filosofía


Hace algunas semanas publicamos una nota relacionada con la polémica desatada en torno de los efectos tóxicos del glifosato, un agroquímico utilizado ampliamente en la agricultura argentina desde hace más de quince años como coadyuvante del sistema de siembra directa. El problema, que había tomado vuelo a partir de denuncias de diferentes actores publicadas en ediciones del diario "Página / 12", cobró relevancia con la creación de una comisión nacional de investigación sobre el mal uso de agroquímicos, en respuesta a comprobaciones del Laboratorio de Embriología de la UBA sobre efectos del herbicida sobre embriones de anfibios comparables a los de humanos. El Ministerio de Defensa nacional emitió una orden al Ejército en la que prohibía el cultivo de soja transgénica en los terrenos urbanos o suburbanos que posee. La Asociación de Abogados Ambientalistas presentó una demanda ante la Corte Suprema para que se impida la utilización del herbicida fabricado por Monsanto. Múltiples asociaciones ecologistas y humanitarias emitieron declaraciones de alarma sobre agroquímicos e insecticidas, al tiempo que actualizaron denuncias concretas sobre hechos demostrativos de la peligrosidad de ellos para la salud humana y el ambiente natural.

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