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El fenómeno de los cultivos familiares: hay más de 1000 huerteros en Cutral Co

La pandemia permitió a decenas de familias de Cutral Co conectarse con la tierra a través de la realización de las huertas familiares. Desde el barrio Zani, Adriana Coñuecar, quien entiende a la actividad desde un sentido social y terapéutico, difundió la propuesta de volver a la tierra y hoy son más de 1000 los “huerteros” que están incorporados a la realización de estos agrocultivos domésticos.

Adriana hace pocos años que se instaló en Cutral Co, donde vive con su familia y desde los 16 años se considera “huertera”. De a poco, instalada en su casa del barrio Zani empezó con la idea de fomentar la actividad de cultivar la tierra.


Adriana Coñuecar y su pareja Rubén Pelliza, en el escenario de trabajo, en su casa. Foto: Fernando Ranni

Hace unos tres años atrás empezaron de manera tímida con encuentros en el garaje de su casa. Se acercaban vecinos de su barrio, el último creado en la ciudad y del cono de Seguridad. “Nos decían cómo podía ser que tuviéramos un zapallo de gran tamaño (veinte kilos) teniendo el suelo tan arenoso. Ante esas y otras tantas preguntas que nos hacía la gente se nos ocurrió empezar con una charla. Éramos ocho, con un encuentro semanal, los sábados por la mañana y ahí traían sus dudas y consultas”, cuenta.

A los participantes se les entrega las semillas. Con el correr del tiempo se organizaron para trabajar en las huertas de cada uno de los participantes. Eran 20. “Cada sábado íbamos a la casa de uno de los integrantes. Ahí hacíamos la clase teórica y la práctica. Era muy lindo porque se comparten historias, y se conoce cómo está a huerta y qué necesitan”, describe.

Las reuniones continuaron y una vez que se instaló la pandemia, pasaron a la virtualidad. Se fueron sumando y de los 30 a 40 iniciales pasaron a ser cerca de mil.


Se hacen ferias virtuales todos los meses y se genera así un ingreso a las alicaídas economías familiares, comenta Adriana. Foto: Fernando Ranni

“Nos dan testimonios, son muy gratificantes, publican sus invernaderos y en algunos casos, nos cuentan cómo lo hacen, todo”, mencionó.

Hay muchas familias que se volcaron a las huertas como una actividad terapéutica o como hobby pero ahora, como consecuencia de la pandemia, eso les permite contar con una salida laboral o ayudar a la economía familiar, teniendo en cuenta que no tienen trabajo.

Hacen ferias virtuales todos los meses y se genera así un ingreso a las alicaídas economías familiares. “Es una situación difícil y la gente que tiene las verduras o las plantas empezó a vender, eso que sacan lo destinan para las compras del almacén”, por ejemplo, dice.

Adriana explica que brindan de manera virtual hacen un seguimiento y acompañamiento, a través de las redes sociales o las plataformas virtuales que les permiten hacer las reuniones con todos los participantes. Crearon el grupo de whatsapp y vuelcan las consultas o dudas.


Rubén y Adriana, orgullosos de los logros. Su sentido de comunidad en amplio y profundo. Foto: Fernando Ranni

El principal objetivo es que se pueda hacer las huertas con los elementos que cada uno tenga en su casa. “Siempre estuve haciendo huertas y produciendo nuestros alimentos y eso es lo que quisimos volcar, la experiencia de una huertera, siempre con el mismo lenguaje”, comentó. De este modo para que no sea un impedimento, la falta de recursos económicos, se brindan las alternativas para sembrar las hortalizas.

Los micro túneles

Una de las tareas comunitarias que se impulsan es la del armado de microtúneles. Entre todos, se organizaron para hacerlo –todo prepandemia- y de manera más rápida lograron que cada uno tuviera su espacio de huerta.

Rubén Pelliza, compañero de Adriana, es el encargado de montar y explicar cómo se hacen los micro túneles. “Entre todos hacíamos las excavaciones, el cerramiento de todos y otros pasaban las mangueras, en dos horas teníamos la huerta montada”, aclara la huertera.


La cuestión del agua, un recurso escaso en el lugar, amerita un ingenio tremendo por parte de los huerteros. Foto: Fernando Ranni

Para aquellas personas que piensan que la tierra no da si se la trabaja, la idea es que sepan que sí, cuenta Adriana. En este caso, entre las condiciones climáticas lo más complicado no es el suelo sino la falta de agua.

Es necesario garantizarla para poder tener el riego diario de la plantación. Sin embargo, aquellas personas que no tienen como almacenarla e las ingenian para hacerlo. “Una de las vecinas lo que hizo fue juntar las botellas pet, hasta en el basurero, las acumuló como si fuera una pared y las llenó con agua”; describe. Esto le permitirá tener el agua suficiente, en aquellos días que no hay servicio o entrega de agua, o se interrumpe por alguna falla.

“La idea es que condición no nos limite, que no hagamos por no tener dinero. El que tiene para comprar buenísimo pero el que no, buscamos a hacer a bajo costo y que no sea impedimento el dinero”, sintetiza Adriana.


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