El futuro: un déficit global de trabajo decente
Por Juan Somavia (*)
Por todos los sorprendentes logros de la economía del conocimiento a la fecha, su verdadera promesa, en última instancia, será medida en términos de su respuesta a las necesidades humanas. Será evaluada por su capacidad para elevar el estándar de vida y su capacidad para crear más oportunidades para que hombres y mujeres puedan alcanzar bienestar para sí mismos y para sus familias. ¿Podrá ayudar la economía del conocimiento a ampliar la justicia y la equidad para todos?
El hecho es que demasiadas personas y comunidades han quedado excluidas de las ganancias de la economía global por falta de conocimientos, activos u oportunidades. La economía del conocimiento crece a lo largo de una economía informal (incluyendo a la clandestina). Utilizando nuestras mejores predicciones y pronósticos de crecimiento, no tendremos suficientes empleos para satisfacer las necesidades de vida de la gente en la próxima década. Globalmente, hay un déficit de empleo decente.
Encandilados o paralizados por las maravillas de la tecnología, no podemos seguir ciegos al hecho de que aún existen enormes diferencias entre quienes tienen y quienes nada tienen: más de 3.000 personas mueren cada día por accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo, 75% de los trabajadores del mundo no tienen acceso a beneficios por el desempleo y la mitad de la población del mundo subsiste con menos de $2 al día. Las desigualdades se amplían y las inseguridades crecen también.
Los padres temen por el futuro de sus hijos incluso cuando están equipados con una buena educación. El empleo se ha vuelto más precario bajo las presiones competitivas de la globalización, y los trabajos perdidos no se pueden reemplazar con facilidad. Los gerentes de los países industrializados están inseguros sobre el futuro de sus negocios. Muchas personas sienten una dislocación creciente de quienes están en el poder y las decisiones y procesos que fundamentalmente afectan sus vidas. Con frecuencia sienten la distancia y el desinterés de los gobiernos, de las grandes corporaciones y de las organizaciones internacionales para con sus más urgentes necesidades y temores.
Un instrumento estratégico para dar legitimidad social a la economía global es acelerar la tasa a la cual se crean los empleos decentes. Los empleos decentes son el primer paso para salir de la pobreza y un avance importante hacia la integración social. Se trata de capacitar a hombres y mujeres para satisfacer las necesidades de sus familias en seguridad y salud, educación para sus hijos, y ofrecerles seguridad en el ingreso luego del retiro. Un empleo decente también tiene buen sentido económico porque es el cimiento de un crecimiento sostenible a largo plazo.
La promoción del empleo decente en la economía global es central a la tarea de la Organización Internacional del Trabajo. Durante más de 80 años, la ILO ha trabajado como la única institución multilateral del mundo gobernada conjuntamente por empleados, patrones y gobiernos. Nuestra tarea es comprender cada revolución en la producción – cómo crea nuevos patrones de trabajo, nuevas reglas, nuevos ganadores, nuevos perdedores, nuevas instituciones – y proveer el espacio de negociación para encontrar el «timón» de la sociedad, con la forma más justa y equilibrando los intereses de todos quienes tienen algo en juego en el mundo del trabajo. En términos concretos, lo hacemos enfrentando las brechas en el empleo, en los derechos de los trabajadores, de la protección social y el diálogo social.
Considere la brecha en el empleo: mil millones de personas están actualmente desempleadas o subempleadas. Es una gran línea divisoria a lo largo de la economía global. El desempleo no es sólo una estadística. El trabajo es probablemente el elemento más importante que afecta la vida de un individuo. Es crítico para la identidad, dignidad y futuro de la persona. Es el medio principal mediante el cual la gente se relaciona con su comunidad y con el sistema económico general. El empleo también es la ruta principal para salir de la pobreza.
En la nueva economía global, el crecimiento y la creación de empresas necesarias para absorber esta enorme diferencia en el empleo no pueden depender tan sólo de las políticas nacionales. Las políticas y las inversiones del sector público y privado deben dirigirse para la generación de más empleos a una escala global. Muchos aspectos de la economía global pudieran reorientarse para hacer esto. La economía del conocimiento es la más obvia, al abrirse las tecnologías de la información y de las comunicaciones en oportunidades digitales. Pero para la mayoría de las personas en los países en desarrollo actualmente la economía del conocimiento está del otro lado de la división digital y la economía informal es la realidad.
Construyendo puentes entre la economía del conocimiento y la informal
Lo que necesitamos hacer es construir puentes entre la economía del conocimiento y la economía informal. Las firmas pequeñas son la clave pues son la principal fuente actual de creación y crecimiento de empleos. Las iniciativas para el apoyo de las empresas pequeñas y de tamaño medio — con capital, capacitación y acceso al mercado — ayudarán a tender el puente entre las dos. Al mismo tiempo, las firmas que crecen y crean empleos son crecientemente aquellas que basan su éxito en el conocimiento de sus trabajadores. La inversión acelerada en sistemas de educación, capacitación y aprendizaje vitalicio, son por ello cruciales. En la economía del conocimiento, son las determinantes principales del éxito o del fracaso.
La economía del conocimiento no ha eliminado la igualdad de género como una importante prioridad política y económica. Aunque han aparecido nuevas oportunidades de empleo para la mujer – especialmente en el empleo a distancia – se necesitan esfuerzos deliberados para debilitar los estereotipos, oponerse a la discriminación e incorporar las cuestiones de género en la corriente principal de la toma de decisiones privadas y públicas. De otra manera, las mujeres continuarán sufriendo la doble carga de las responsabilidades familiares y del trabajo.
La economía del conocimiento requiere nuevas formas de regulación para el mercado laboral que apoyen la innovación y también defiendan simultáneamente los derechos y el acceso al trabajo. En el mercado laboral más volátil de la actualidad, necesitamos formas justas para combinar la flexibilidad con la seguridad. Si los empleos se pierden con mayor facilidad, se necesitan caminos para regresar al empleo que sean más rápidos.
Más allá de la brecha del empleo existe una brecha en los derechos que es necesario cubrir al mismo tiempo. El trabajo toma muchas formas. La gente se gana la vida en la fábrica, en la granja, en la casa o en la calle. Puede auto-emplearse, ser trabajadora casual o informal, con paga o sin paga, o trabajadora doméstica – principalmente las mujeres – que raramente aparecerá en las estadísticas. Cualquiera que sea la situación, toda persona que trabaje tiene derechos.
Estos derechos básicos recibieron reconocimiento mundial en la cumbre social de Copenhague en 1995, y están claramente establecidas en la declaración de principios y derechos fundamentales de la ILO. Incluye libertad de asociación y negociación colectiva, libertad del trabajo forzado, del trabajo infantil y de la discriminación. Los derechos de los trabajadores no son beneficios adicionales que puedan obtenerse a una fecha posterior, o cuando las condiciones económicas sean convenientes; constituyen el «piso social» de la economía global bajo el cual no debe caer ninguna persona. Estos derechos son válidos en todos los países sin importar su fase de desarrollo, desde las bóvedas del sur y «ciudades interiores» del norte, hasta los asentamientos irregulares y las zonas de procesamiento de exportaciones en el sur. Crucial entre estos derechos es el de la «voz» – el derecho a organizarse y ser escuchado – a la capacidad para defender los intereses de uno y negociar colectivamente es la base sobre la cual pueden ejercerse totalmente otros derechos.
En la economía del conocimiento, se necesitan nuevos tipos de organización porque los trabajadores a distancia no pueden organizarse en la misma forma que los empleados del piso de una fábrica, y las firmas virtuales o en red no proveen un ambiente estable para la negociación colectiva. La naturaleza global de la economía del conocimiento ha convertido la cuestión de la organización y protección social en un tema global. Nuevas agrupaciones sindicales globales, como la Union Network International, comienzan a emerger. Anteriormente este año, la UNI y la multinacional española Telefónica firmaron un sorprendente acuerdo que cubre no únicamente los derechos básicos a nivel mundial, sino también cuestiona la capacitación y el acceso a las telecomunicaciones. Se necesitan innovadores planes que ofrezcan protección social a una escala similar.
Contrario a la sabiduría tradicional, los derechos de los trabajadores no son un obstáculo para el crecimiento. Son esenciales para el crecimiento pues producen precisamente lo que la gente pide en sus vidas diarias – trabajo con seguridad y dignidad. Los derechos de los trabajadores son buenos para la productividad también. Y en donde emergen conflictos de interés, pueden diseñarse marcos institucionales para el diálogo y la participación que produzcan las sinergias positivas. De hecho, el empleo decente basado en el diálogo transparente y libre entre los gobiernos, los trabajadores y los patrones es un medio indispensable para asegurar la resolución de conflictos, la equidad social y la legitimidad en el mundo del trabajo.
Como nos recordó Vaclav Havel durante la reunión anual de las instituciones de Bretton Woods en Praga recientemente, no podemos tener una globalización sostenida sin preocuparnos por los valores. El reto que enfrentamos es guiar la toma de decisiones con una brújula moral, y asegurar que las decisiones se basen en principios de equidad e igualdad compartidos universalmente , sin perder de vista la necesidad del crecimiento económico sostenido y un aumento en la productividad. Tenemos que utilizar instrumentos de política para promover valores y dignidad. Tenemos que relacionar la justicia social y el progreso económico de maneras prácticas para salvar la división entre aquellos que vienen a la vanguardia de la era de la información y quienes viven al crudo borde de la supervivencia.
(c) 2000, Los Angeles Times Syndicate International
(*)Juan Somavia es director general de la Organización Internacional del Trabajo. La ILO recibió el Premio Nobel de la Paz en 1969.
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