El general en su tinta

Por Jorge Castañeda

La fecha de nacimiento del general José de San Martín fue definitivamente aclarada debido al valioso hallazgo documental de un historiador y sacerdote domínico llamado Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar que dio con la partida de bautismo del Padre de la Patria.

La misma fue publicada por algunas revistas de poca circulación, pero sirvió para despejar las dudas de los académicos con respecto a tan importante fecha. Realiza el descubrimiento de dicha partida bautismal en 1921 y varios historiadores dan fe de la autenticidad de la misma.

Reproducida por el profesor Fermín Chávez en su libro «Castañeda, Un Gringo, Fray Reginaldo y un Darwin Cristiano» dice en su texto íntegro:

«En veinte y seis días del mes de febrero de mil setecientos y setenta y ocho años, yo el infrascripto, Fray Francisco de la Pera, Orden de Predicadores, cura doctrinero del pueblo de Ntra. Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, misiones del Uruguay, bautizé (sic), puse óleo y crisma al párbulo blanco Franc. Joseph, nacido en el día de ayer, hijo legítimo del capitán y teniente gobernador de este departamento y su jurisdicción por S. Nag. (q.D.gde.) don Juan de San Martín, natural de la villa de Cervatos, en el reino de León, y de doña Gregoria Matorras, natural de Buenos Aires. Fueron sus padrinos, don Cristóbal de Aguirre y doña Josefa de Matorras, a quienes advertí su cognación espiritual. Por verdad lo firmo. Fray Fco. de la Pera».

En la misma se afirma erróneamente que doña Gregoria Matorras era natural de Buenos Aires, lo que no invalida su autenticidad.

Espigando en el numeroso epistolario del Libertador vale reproducir una carta a don Tomás Guido en la que con clarividencia profética expone las vicisitudes de los argentinos:

«El foco de las revoluciones, no sólo en Buenos Aires sino en las provincias han salido de esa capital… estos medios de desorden deben desaparecer…»

«Que sepan los díscolos que un par de regimientos de Milicias de la campaña impide la entrada de ganado por 15 días y yo estoy bien seguro que el pueblo mismo será el más interesado en evitar todo trastondo, so pena de no comer y esto es muy normal. A esto me dirá que el que tenga más ascendiente en la Campaña será el verdadero jefe de Estado; y en este caso no existirá el orden legal. Sin duda señor Don Tomás, ésta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no está asignado a la más o menos liberalidad de sus principios, pero sí a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen. Ya es tiempo de dejarnos de teorías que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades, los hombres no viven de ilusiones sino de hechos. ¿Qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad, si por el contrario se me oprime? ¡Libertad! désela a un niño de dos años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y Usted me contará los resultados. ¡Libertad! para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa licenciosa sin que haya leyes que lo protejan… ¡Libertad! para que si me dedico a cualquier género de industria, venga una revolución que me destruya todo el trabajo de toda una vida… Libertad para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de especulación hacer una revolución y quedar impunes… Libertad para… Libertad para… etc., etc.»

«Maldita sea la tal Libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja de los bienes que me brinda la actual libertad… convenga Ud. que a 53 años no puede uno admitir de buena fe el que le quieran dar gato por liebre… Dejemos este asunto y concluyo diciendo que el hombre que establezca el orden en nuestra patria, sean cuales sean los medios que para ello emplee, es él solo el que merecerá el noble título de su libertador».

Con respecto a la claridad de sus intenciones patrióticas el 8 de setiembre de 1820 dijo que «mi misión es proteger al inocente oprimido, restablecer a los habitantes de esta región en el goce de sus derechos y promover la felicidad, arrancándolos para siempre del yugo español».

Y el 29 de setiembre de 1822, ante el Primer Congreso Constituyente del Perú, el Gran Capitán al resignar su mando expresó que «si algo tienen que agradecerme los peruanos, es el ejercicio del supremo poder que el imperio de las circunstancias me hizo obtener. Hoy que felizmente dimito yo pido al Ser Supremo que conceda a este Congreso el acuerdo, luces y tino que necesita para hacer la felicidad de sus representados. Peruanos: desde este momento queda instalado el Congreso y el pueblo reasume el poder supremo en todas sus partes».

Ya próximo a morir el 2 de noviembre de 1848 en una carta a Juan Manuel de Rosas, observando los avatares políticos de la vieja Europa, intuía los movimientos sociales que sacudirían el siglo al expresar que «en cuanto a la situación de este viejo continente, es menester no hacerse la menor ilusión: la verdadera contienda que divide a la población es puramente social; en una palabra, la del que nada tiene y que trata de despojar al que posee».

Por último es conveniente reproducir un fragmento de la carta escrita al mismo Restaurador datada en Boulogne Sur Mer el 6 de mayo de 1850 cuando le escribe que «como argentino me llena de verdadero orgullo el ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecido en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán hallado, por tantos bienes realizados yo felicito a Ud. sinceramente como a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. de salud completa y al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento del pueblo argentino, son los votos que hace y hará siempre en favor de Ud., éste su apasionado amigo y compatriota. Q.B.S.M. Firmado José de San Martín».

Para finalizar este breve escolio sobre los documentos relativos al general José de San Martín al haberse cumplido un nuevo aniversario de su fallecimiento, vale la pena reproducir un fragmento de una biografía publicada sobre el mismo en los periódicos Gazette de Tribunaux y Courrier du Havre a un mes de su fallecimiento en Francia donde expresa en su parte final que «Este hombre ilustre, superior, que murió el mes pasado en Boulogne Sur Mer, en los brazos de su hija querida Mercedes y de su hijo político, el señor Balcarce, nunca se olvidó la tragedia de Cádiz. Era un verdadero republicano: porque su espada ha fundado tres repúblicas y su abnegación las ha consolidado. Detestaba el vicio y su opinión política puede exprimirse en este dicho: «El progreso es hijo del tiempo».»


La fecha de nacimiento del general José de San Martín fue definitivamente aclarada debido al valioso hallazgo documental de un historiador y sacerdote domínico llamado Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar que dio con la partida de bautismo del Padre de la Patria.

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