El genocidio armenio y los paralelismos del horror



Finalizada la Segunda Guerra Mundial, ante las imágenes desgarradoras que significa el Holocausto judío, se organiza la gobernanza internacional con la creación de las Naciones Unidas y se realizan los juicios de Nuremberg. Dentro de este nuevo sistema universal, la primer Convención se sanciona en 1948 y es sobre la prevención y sanción del crimen de genocidio. Define al mismo “como la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”. Para ello propone la creación de un tribunal internacional. Este crimen junto con el de lesa humanidad, el de guerra y el de agresión, integran el Bloque Penal Internacional. Samantha Power en su obra “Problema infernal, Estados Unidos en la era del genocidio” expresa que durante el resto del siglo XX se produjeron los genocidios cometidos en Camboya, en la ex-Yugoslavia, Rwanda, Sierra Leona, entre otros hechos aberrantes de trascendencia internacional. En casi todos se crearon tribunales especiales internacionales para juzgar y condenar a los perpetradores. Sin embargo, tal como lo menciona Power, quien hace su análisis a partir de comienzos del siglo XX, mucho antes de acuñarse la palabra genocidio por parte del jurista polaco Rafael Lemkin, también en abril pero de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, se produce un hecho aterrador. Más de un millón y medio de armenios fueron masacrados por los turcos, ante la indiferencia de las potencias de entonces y de Estados Unidos frente a los desesperados llamados de su embajador Henry Morgenthau. Hubo un plan para llegar a este resultado: en la primera etapa se descabezó a la intelectualidad de Armenia: en sólo una noche fueron arrestados deportados y luego asesinados los principales pensadores, eclesiásticos, escritores, científicos, políticos, artistas, docentes, médicos, etc. La segunda etapa comprendió la eliminación de los hombres jóvenes, esto significaba la destrucción de “la fortaleza del pueblo armenio” expresa Rita C. Kuyumciyan en su obra “El primer genocidio del S. XX”. Por último, había que destruir al resto de la población a través de la figura de la deportación. Fue una manera de llevar a cabo la matanza sin darle su verdadero significado. Este plan de exterminio de los armenios es el modelo seguido por los perpetradores en todos los genocidios: desde el Holocausto hasta nuestros días. Sin embargo, es el único que no ha sido aún reconocido y mucho menos producido su juzgamiento por parte de la comunidad internacional. Por ello el Consejo Nacional Armenio de Sudamérica ha declarado el 24 de abril como Día contra la Discriminación y la Impunidad con la finalidad de advertir que no es suficiente la memoria, resulta imperativo el juzgamiento y condena de los asesinos para restablecer a las víctimas su dignidad humana. Respecto de Rwanda, en diciembre del 2003, la Asamblea General aprobó la resolución A/RES/58/234, en la que declaraba el día 7 de abril del 2004 Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Rwanda y se repetiría cada año en esa fecha. La petición fue formulada a través de una recomendación del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana. La finalidad es honrar a los más de 800.000 mujeres, hombres, niñas y niños de la etnia tutsi y hutus moderados que fueron masacrados por los hutus durante 100 días, en el país africano. “La matanza comenzó el 7 de abril de 1994, un día después que un avión en que viajaban los presidentes de Rwanda y Burundi fuera derribado por un misil cuando se alistaba a aterrizar en Kigali” (según el reporte de ONU). Consecuentemente, los 7 de abril de cada año se hace un minuto de silencio a las 12 del mediodía de los distintos husos horarios, en homenaje a las víctimas rwandesas. El 19 de abril se conmemora en todo el mundo el levantamiento del Ghetto de Varsovia y con ello se rescata la valentía del grupo de jóvenes judíos dispuestos a enfrentar a los nazis. Es la fecha que se ha elegido también para reflexionar sobre la catástrofe que significa la Shoa no sólo para el pueblo judío sino para toda la Humanidad. Es de esperar que este 24 de abril, en homenaje al pueblo armenio, se alcance el reconocimiento internacional que les corresponde a ellos y a la comunidad en su totalidad para que la barbarie no se repita. (*) Abogada. Coordinadora Cátedra Unesco en Derechos Humanos, Universidad Nacional del Comahue

SILVIA CONTRAFATTO (*)


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