El gobierno está cómodo

Redacción

Por Redacción

RICARDO VILLAR (*)

Conflicto docente en Neuquén

El gobierno neuquino saca provecho del prolongado conflicto docente; su mejor aliado es la dureza de la huelga y la falta de variantes negociadoras. El gobernador Jorge Sapag ha destrabado situaciones más intrincadas. Lo hizo con oportunidad, decisión y algunos recursos. Fue porque le interesaba que no se cayeran negocios petroleros o mineros o grandes obras públicas. Con la continuidad de este paro –que es más ruidoso que efectivo en cuanto a inasistencias– más las actividades callejeras que se desarrollan, el gobierno logra como efecto inmediato la adhesión de buena parte de la población. Sapag juega al desgaste del conflicto; maneja números de asistencias, evolución y encuestas sobre el humor social y ahora espera el efecto de los sucesivos descuentos salariales. Su objetivo de fondo es quebrar a una conducción gremial con la que le resulta difícil acordar. Por eso es tan duro en su postura. No escucha otras voces, no acepta otras participaciones. Disciplinar parece ser la consigna. La conducción gremial, por su lado, tiene particularidades que son respetables dentro de un juego propio, pero que debería empezar a revisar dados los trascendentes intereses generales que se juegan. Los hechos se lo están señalando. Gobierno y gremio, gremio y gobierno juegan a esta altura a torcerse el brazo. Victoria pírrica para el que lo logre. El maestro no debe retornar al aula o seguir en ella, derrotado, quebrado anímicamente, degradado en su autoridad. El alumno sufrirá las consecuencias de ese estado. Hace por lo menos doce años –con excepción de uno– que se acarrea este problema de malas relaciones entre gobierno y gremio. Ya es tiempo, entonces, de que como sociedad nos pongamos firmes en la exigencia de una buena formación de nuestros pibes. No solamente exigiendo al maestro, que tiene un rol central. Quienes gobiernan también lo tienen y no deben victimizarse. Las víctimas están en un solo lugar. Hay que ser claros: si queremos una educación pública jerarquizada, debemos jerarquizar todos los eslabones y piezas del sistema. Esto incluye objetivos claros a corto y mediano plazos, por lo menos, flexibilidad para ir acompañando procesos sociales y económicos, idoneidad y respetabilidad en quienes conducen y docentes bien formados, con capacitaciones permanentes e integrados al proyecto común. Y por supuesto, salarios jerarquizados, adecuados a la trascendente tarea. La sociedad tiene que asumirlo como la mejor inversión y el administrador del Estado tiene el deber y el derecho de seleccionar estratégicamente el sector al que volcará mayores recursos, sin que esto genere precedentes para que otros sectores demanden lo mismo. Las estrategias de un Estado tienen estas reglas. El gobierno asegura que destina 22.000 pesos por año y por alumno. ¿Es suficiente? Dice que el 31% del presupuesto se afecta a Educación. ¿Se gasta o invierte bien? ¿El Consejo Provincial de Educación cumple su rol? Aparece como un organismo mal conducido, superpoblado, lento y con fuertes sospechas de tener bolsones de corrupción. Hace algunos años se destinaron 50 millones de pesos para “una emergencia educativa”. Las rendiciones de gastos no se han podido aprobar por falta de documentación probatoria. ¿Qué papel juega el Ministerio de Educación, a cuya titular ni siquiera se la escucha? Los porteros, transformados en un fuerte poder en las escuelas, son un producto del clientelismo partidario. E inciden en la vida escolar. Increíble pero cierto. De lo antedicho, el gobierno no se puede desentender. Podemos criticar al gremio por su metodología intransigente. Pero el máximo responsable de la situación es el gobierno. No hay dudas. Cuando se gobierna, se debe tener capacidad, voluntad y habilidad para enfrentar adversidades. También un fuerte respaldo ético que blinde sus flancos. El gobierno se ufana con las cifras de mortalidad infantil, que rondan el 6,5 por mil. Un avance extraordinario. Pero igual énfasis debería aplicar en su preocupación por los magros resultados de su sistema educativo. Baja calidad, expulsión y miles de adolescentes que no estudian ni trabajan. Si hay preocupación, falta acción. Terrible contradicción: se minimiza la mortalidad de los recién nacidos y se descuida a los pibes a medida que van creciendo, etapas en que son acechados y cooptados por la violencia, la droga o sometidos a la dádiva interesada. En la demanda de escuelas abiertas, sin otras condiciones, se explicita el objetivo gubernamental. Importa que los chicos estén cuatro o cinco horas diarias allí. No se habla de otros requisitos. Una escuela abierta casi reducida a una guardería. Se cumpliría con lo formal. Y de paso, se redondearía otro objetivo no explicitado: un chico mal formado no tiene demasiadas aspiraciones en la vida. Fácil presa para los demagogos. Este conflicto en algún momento se terminará, al menos en lo formal, en la superficie. Pero el problema real, de fondo, trascendente, hoy no se discute. Pareciera que es una discusión de otro mundo, o de otros países al menos. Nuestros gobernantes, en tanto, están muy cómodos. Tienen muchos aliados en este juego perverso. (*) Presidente de la Junta Provincial CC-ARI Neuquén


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