El gobierno no cree que se haya tensado la relación con EE.UU.

Ahora, Alberto Fernández salió a decir que "el ALCA no es malo".

El gobierno argentino negó ayer que el rechazo de Argentina a avanzar en el tratamiento del ALCA en la Cumbre de las Américas haya resentido la relación con los Estados Unidos, e insistió en que solo aceptará el libre comercio si ese país resigna sus políticas proteccionistas.

De todos modos, en la Rosada parecieron reconocer que tensionaron demasiado la situación en la región al frenar el tema del ALCA en Mar del Plata. El presidente mexicano Vicente Fox fue directo sobre ese tema y criticó ayer a Kirchner por no cumplir con el papel de anfitrión que le correspondía. Además, en cercanías del patagónico tomaron nota de que Lula da Silva brindó un trato más cordial a Bush en su país y hasta permitió instalar otra vez el ALCA, previó debate en Doha.

Tras evaluar las nuevas consideraciones registradas tras el cierre caótico de Mar del Plata, el jefe de Gabinete instaló anoche el leve giro en el discurso oficial del gobierno: «El ALCA no es malo», aunque abogó por un acuerdo «inteligente» por una amplia

ción del libre comercio en América.

De todas maneras, en Casa Rosada descreen de la posibilidad de «represalias» de parte del presidente George W. Bush.

Desde Alberto Fernández, hasta funcionarios de la Cancillería y de la Comisión del Mercosur, pasando por el embajador ante la OEA, Rodolfo Gil, todos coincidieron en que la Cumbre fue «positiva» porque se expusieron las posturas con «franqueza» y se «defendieron los intereses» argentinos.

Fernández, afirmó que nadie podía «sorprenderse» por lo que ocurrió en la Cumbre en relación al ALCA, porque las posiciones de cada país ya se conocían de antemano, al tiempo que calificó de «positivo» lo ocurrido allí porque «se trabajó frontalmente y francamente».

El jefe de ministros aclaró que la Argentina «no reniega del libre comercio ni de la globalización» y afirmó que «de malo, el ALCA no tiene nada» salvo «llevarlo adelante en el contexto» en que lo plantearon los Estados Unidos y sus aliados.

Otro de los que se sumaron a la visión positiva del gobierno fue Eduardo Amadeo, jefe de Gabinete de la Comisión del Mercosur que preside Eduardo Duhalde, quien respaldó la actitud del presidente Néstor Kirchner porque planteó «una discusión que viene manteniendo desde el inicio de su gestión».

El funcionario dijo que no cree «para nada que haya sido un fracaso» la Cumbre y evaluó que el encuentro servirá de «envión» para los países del bloque regional».

Por su parte, el funcionario de la Cancillería Agustín Colombo Sierra sostuvo que los argentinos «no deberíamos temer represalias» de parte de los Estados Unidos por la postura de Kirchner en la Cumbre.

Coincidió con esas expresiones el embajador argentino ante la OEA, Rodolfo Gil, quien afirmó que la primera potencia mundial no expresó molestias por la actitud argentina, porque «entiende la defensa de los intereses» del país hecha por el presidente Kirchner. El vicecanciller, Jorge Taiana, afirmó que él no cree que el diferendo sobre la cuestión de los subsidios «se vaya a solucionar en el corto plazo», aunque estimó que la Cumbre fue «buena y positiva».

Desde el duhaldismo, el presidente de la Cámara de

Diputados, Osvaldo Mércuri, también calificó de «correcta» la posición argentina en la Cumbre «ya que no estamos en condiciones de ingresar al ALCA».

Además de avalar la postura de rechazo al ALCA, la CGT, que lidera Hugo Moyano, se preocupó porque los temas centrales de ese cónclave, como el empleo decente y la dignidad de los trabajadores «ni siquiera fue considerado».

El balance positivo no fue compartido por el diputado socialista Jorge Rivas, que sostuvo que el Mercosur «es una de las asignaturas pendientes» del Gobierno y alertó sobre «los conflictos con los países integrantes, sobre todo con Brasil».

 

Elogios en Brasil

 

En el vecino país continuaron los elogios tras la visita de Bush a Brasilia y su encuentro con Lula da Silva

«Todos nosotros nos quedamos muy bien impresionados por esa apertura de diálogo. Fue un diálogo muy franco. No hubo ningún momento de tensión en la conversación», aseguró la cancillería brasileña.

El asesor destacó entre los principales puntos positivos de la visita el compromiso asumido por Brasil y Estados Unidos de actuar conjuntamente en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para lograr la reducción de los subsidios agrícolas.

«Es un hecho muy importante que el presidente Bush haya admitido que la negociación de la OMC es prioritaria y que la reanudación del debate sobre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) recién ocurra después de una decisión sobre esos temas en la OMC», agregó.

Cargarán contra Europa por los subsidios

El Mercosur promete reeditar en diciembre durante la reunión de la OMC en Hong Kong la situación planteada el fin de semana en la Cumbre de las Américas por su oposición a liberalizar sus mercados sin una contrapartida de apertura de la agricultura de los países industrializados, pero esta vez con un nuevo aliado, el propio Estados Unidos.

Los subsidios agrícolas, que rondan los 300 mil millones de dólares anuales y reavivaron las controversias entre Estados Unidos y el Mercosur para relanzar el ALCA, volverán a dividir las aguas en Hong Kong, con una UE aislada frente al G-20, donde militan varios agroexportadores, entre ellos Argentina y Brasil.

Desde el fracaso de la reunión ministerial de Cancún, hace dos años, donde estadounidenses y europeos no lograron torcer la embestida del entonces flamante G20, tanto Washington como Bruselas hicieron nuevas propuestas para reducir los subsidios, aunque con marcadas diferencias que los alejan. La propuesta europea no sólo no sirvió para hacer avanzar las conversaciones en la OMC sino que fue un tanto mal recibida por sus miembros. (Télam)

Cinco contra veintiséis, todo por el PBI

Los cinco países que se opusieron a la aprobación del ALCA en la reciente Cumbre de Mar del Plata poseen un PBI superior en 250.000 millones de dólares estadounidenses sobre los 26 países de América Latina y el Caribe que propiciaron incluir en el documento final la propuesta favorable de Panamá.

Ese fue el argumento que instaló el presidente Kirchner cuando le criticaron porque no respetaba la mayoría de los 26.

Los números reflejan que sólo esos cinco países representan (excluidos Estados Unidos de América y Canadá, dos de los miembros del G7), un PBI superior del orden de los 250.000 millones de dólares estadounidenses respecto de los otros 26.

Los cinco «No» al ALCA suman un PBI de 2.199.900 millones de dólares, mientras que los 26 «Sí» acumulan 1.952.477 millones, lo que da una diferencia precisa de 247.423 millones.

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