El Huracán insaciable

Narváez se mantiene más vigente que nunca. Es un ejemplo.



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En la última de sus presentaciones Omar Narváez volvió a redefinirse. A los 37 años, y con algunas lesiones crónicas que sobrelleva con hidalguía, se mostró como un boxeador adrenalítico, ofensivo y con un despliegue físico elogiable. El Huracán fue el hombre que reabrió el Luna Park después de muchos años, quizá el padre, el precursor de esta nueva generación de púgiles de la que tanto habla la opinión pública actual. El boxeador sureño puso la piedra fundamental allá por 2002, cuando se consagró campeón por primera vez. 10 años pasaron, 25 peleas mundialistas y 262 rounds oficiales para el chubutense, un tipo simple y con una decisión inquebrantable. Su última víctima se llama David Quijano, puertorriqueño al que dominó a lo largo de los doce asaltos en una noche con lujo durante la que retuvo la corona supermosca OMB. Ya nadie duda que Narváez pasará a habitar las páginas gloriosas del box nacional. La gran pregunta es hasta dónde llevará su carrera, si ésta ya tiene fecha de caducidad. Interrogante que se gestó sobre todo por su lesión crónica en los puños y por su edad, pero aplacada después de la última demostración en el ‘paquete’ Salón Central del hotel Hilton Garden Inn, de San Miguel de Tucumán. Narváez elevó su palmarés a 38 triunfos, una derrota y dos empates, con 20 nocauts, y puso en juego el cinturón que conquistó cuando derrotó por decisión unánime al nicaragüense Everth Briceño, en mayo de 2010. Además, lo defendió con éxito ante el mexicano Víctor Zaleta, el puertorriqueño César Seda, el colombiano William Urina y los mexicanos José Cabrera y Johny García, todas ganadas por puntos salvo la de Cabrera, y luego perdió con el filipino Nonito Donaire, en Nueva York, pero por el título OMB gallo. Una enorme carrera.

Omar defendió con éxito y por sexta vez la corona supermosca.


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