El invierno más temido



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MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

En el mundo se conocen muchas experiencias de países que han cambiado sustantivamente. Historias de trabajo, sacrificio, dedicación. Desde las ruinas al apogeo. Desde el sangre, sudor y lágrimas al mayor estado de bienestar. En muchos casos, historias de superación desde la más extrema pobreza a una situación confortable y en algunos casos a la riqueza y la opulencia. La que resulta extraña es la historia de un país con una población en su gran mayoría culta, sin luchas étnicas ni religiosas y que, en posesión una enorme cantidad de recursos naturales, haya dejado de disfrutar de una situación holgada en su población. Esta rareza la logró la Argentina luego de 70 años de dirigismo económico con una estructura corporativista que derruyó sus estructuras, fue demoliendo todo vestigio de progreso y agotó sus innumerables recursos naturales. No conforme con la historia, la administración Kirchner está empeñada, ahora, en continuar con el fracasado dirigismo económico. Desde que el kirchnerismo obtuvo su reelección, en octubre pasado, la vocación dirigista se hizo más ostensible día tras día. Y, lejos de lograr su objetivo, el gobierno anotó otro logro en sus pergaminos al complicar la economía, al punto tal de pasar de un crecimiento del 8% a una parálisis. Las restricciones cambiarias y a las importaciones están poniendo a la economía en el freezer. Una de las actividades que mayor dinamismo mostraron en la década, como la construcción a partir del boom inmobiliario, comienza a mostrar síntomas de contracción. Según cifras oficiales, la construcción registró una caída del 3,8% en abril y de casi el 6% en relación con marzo. La crisis fiscal también hace su aporte ya que se están verificando atrasos en el pago a proveedores del Estado que llevaron a paralizar varias obras públicas y pérdida de contratos. La caída en la construcción está afectando a la industria del cemento, del hierro y de bienes durables y se está empezando a notar mano de obra ociosa. Lo mismo está ocurriendo en el sector automotor y su cadena de proveedores y servicios posventa. La producción, en mayo, registró una fuerte caída de casi el 25%, mientras que las exportaciones se derrumbaron casi un 46%. El freno en la actividad económica está reavivando los despidos. Por caso, en el Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria (Seclo) se están acumulando los pedidos de audiencias y no hay turnos hasta septiembre... Mientras la administración Kirchner considere que la crisis cambiaria se limita a una puja, una lucha de sectores contra el gobierno, una pulseada en términos políticos, y no un problema macroeconómico, fruto del desborde del gasto público, emisión monetaria, inflación y fuga de capitales, la parálisis se va a transformar en recesión. Una larga noche. Un invierno no deseado. Las mayores restricciones a las importaciones están acelerando el proceso y están llevando a un aumento de precios de la producción local. A la recesión se le agrega mayor inflación. El actual nivel del dólar negro entre 5,80 y 6 pesos se constituye en el umbral en el cual el mercado está esperando al gobierno a que se decida a llevar adelante una corrección cambiaria. Aunque todavía retumba en la intimidad presidencial, empieza a percibirse una voz de descontento con algunos funcionarios históricos del kirchnerismo. En la Casa Rosada hay quienes hablan ya de cambios en el gabinete, una remodelación, más precisamente una “modernización” de los principales sillones ministeriales por los problemas económicos. Hay algunas señales de querer encarar un cambio. El enroque del área de Transporte, desde Planificación a Interior, es un claro indicio de cierto nivel de hartazgo en la Quinta de Olivos, con algunos funcionarios de la primera hora. Por ahora, el relanzamiento de YPF ha dejado un clima de tranquilidad en el gobierno. Sin embargo, el programa lanzado por el CEO de la compañía, Miguel Galuccio, requiere de una gran inyección de capitales para poder ser cristalizado. La dificultad para fondearse en el exterior, asociarse con empresas extranjeras o arrendar áreas a terceros, habida cuenta de la situación jurídica de la empresa, deja a la compañía con la posibilidad excluyente de tener que trabajar con los flujos de caja. Esto implica que el gobierno deberá inexorablemente levantar el congelamiento tarifario, en especial en gas, para abultar la caja de YPF y lo mismo deberá encarar con el petróleo. De los casi 70 dólares que se vende el barril de crudo en el mercado interno –dependiendo de la calidad–, a los 85 dólares del mercado internacional. Un 20% que se debería trasladar también al surtidor. Como puede observarse, el problema es siempre el mismo: una brutal devaluación en el 2002 que llevó a un eterno congelamiento tarifario, caída de la inversión y un deterioro de las reservas. Será muy difícil que el plan Galuccio sobre los yacimientos no convencionales pueda concretarse hasta el 2017 si no se accede a esta mejora, a menos que se insista en la explotación hasta el agotamiento de las reservas actuales. Un verdadero crimen. Superado el éxtasis ultramontano de la confiscación de YPF, surge la real situación de la compañía: le pasó a Repsol y le va a pasar a Galuccio, a menos que el gobierno desarrolle un giro copernicano. (*) Analista económico DyN


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