El Jubileo 2000 invita al perdón y la hermandad entre las personas
El Papa exhortó a la solidaridad y cooperación. Contra el aborto, la pena de muerte y el uso de armas.
La Iglesia católica inició ayer a la hora 0, la celebración del Jubileo del año 2000, un tiempo de gracia en el que se exhortará a la conversión de los hombres y se pedirá, entre otros signos de justicia, la condonación de la deuda externa de los países más pobres, la moratoria de la pena de muerte en aquellos que la tienen legalizada y la eliminación de la corrupción.
El acto inaugural fue presidido por el papa Juan Pablo II, quien tuvo a su cargo la apertura de la puerta santa de la basílica de San Pedro, que precedió en pocas horas a otras ceremonias similares que se repitieron en Jerusalén, Belén y las restantes basílicas patriarcales de Roma.
En la Argentina, cada obispo dispuso distintos momentos para hacer lo propio en las catedrales diocesanas. En Buenos Aires, la ceremonia se llevó a cabo ayer por la mañana, cuando el arzobispo porteño, monseñor Jorge Bergoglio, efectuó la apertura simbólica del templo catedralicio. En la región las celebraciones se suceden desde el viernes pasado.
En la bula de convocatoria al Gran Jubileo, el Pontífice recuerda que «la Navidad de 1999 debe ser para todos una solemnidad radiante de luz, preludio de una experiencia particularmente profunda de gracia y misericordia divina, que se prolongará hasta la clausura del Año Jubilar el día de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el 6 de enero del año 2001.
La Conferencia Episcopal Argentina que preside monseñor Estanislao Karlic, arzobispo de Paraná, realizará la gran fiesta del tercer milenio de la era cristiana del 8 al 10 de setiembre del año próximo, cuando en Córdoba se efectúe el Encuentro Eucarístico Jubilar.
Pero este especial tiempo para la Iglesia no será simplemente festivo, sino que se propiciarán acciones concretas en pro de la solidaridad, el respeto de la vida humana y la opción preferencial por los más pobres, necesitados y marginados del orbe. Tal como lo reclama el propio Juan Pablo II en su exhortación Apostólica «Tertio Millennio Adveniente» (Cuando se aproxima el Tercer Milenio). «El Jubileo será un tiempo oportuno para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones», enfatiza el Papa.
También en convocatoria, el Santo Padre exhorta a crear «una nueva cultura de la solidaridad y cooperación» y advierte que «la extrema pobreza es fuente de violencias, rencores y escándalos. Poner remedio a la misma es una obra de justicia y, por lo tanto, de paz».
Más allá de este compromiso social, el Año Santo es un tiempo de penitencia y perdón que se manifiesta religiosamente con la concesión de «indulgencias», que son la promesa de una particular intercesión de la Iglesia para que Dios absuelva las «penas temporales de los pecados».
Gracia que se logra participando de la misa, del sacramento de la confesión, rezando a la Virgen María, visitando a los enfermos o impedidos, realizando obras de misericordia o recorriendo los templos que cada obispo diocesano anuncie oportunamente.
Para la Iglesia católica el Jubileo no se inicia con la llegada del nuevo año sino con la Navidad, dado que lo que se celebra es los 2.000 años de la llegada del Hijo de Dios al mundo. Etimológicamente la palabra «jubileo» deriva del latín «iubileum», que tiene raíces en el hebrero «yobel», un cuerno que servía de instrumento sonoro con el que se anunciaba el «Kippur», tiempo de perdón y purificación de las culpas del pueblo.
Este acontecimiento se celebraba con ceremonias litúrgicas especiales y con la aplicación de leyes también particulares. Entre ellas: La tierra quedaba incultivada, gozando de una pausa capaz de generar su fertilidad, y sus frutos espontáneos eran dejados para los pobres. (DyN)
La Iglesia católica inició ayer a la hora 0, la celebración del Jubileo del año 2000, un tiempo de gracia en el que se exhortará a la conversión de los hombres y se pedirá, entre otros signos de justicia, la condonación de la deuda externa de los países más pobres, la moratoria de la pena de muerte en aquellos que la tienen legalizada y la eliminación de la corrupción.
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