El lenguaje del cine

Como dice Borges, Poe creó el relato policial y luego a sus lectores. En el cine de ficción es igual: los cineastas inventaron su propio mundo.

emanuel lagos emanuellagos@yahoo.com.ar

Hace algunos años ya, en una entrevista contaba Carrie Fisher –quien interpretara a la Princesa Leia Organa en “La Guerra de las Galaxias” (1977), “El Imperio Contraataca” (1980) y “El Retorno del Jedi! (1983)– que cuando le tocó ensayar el guión les resultaba como algo extraño a todos los del reparto. “¿Quién podía hablar así?”, era el pensamiento recurrente entre el grupo de actores. Al poco tiempo de andar por el mundo, ese mismo lenguaje, esas formas de expresión generaron un fanatismo tal que desbordó toda expectativa, con el éxito mundial de esa primer película y de las dos que le siguieron del gran director George Lucas. Borges decía que “si Poe creó el relato policial, creó después el tipo de lector de ficciones policiales”. De la misma manera, cada uno de los autores y cineastas del género de ciencia ficción fueron innovando y expandiendo las fronteras de lo posible dentro de la rama, instaurando un nuevo lenguaje para un público particular. Algo que al principio parecía poco practicable, impronunciable, pero que terminó convirtiéndose en algo que tanto para la gente del cine como para su propio público, es fundamental: un propio lenguaje, común, rico y nutrido de diversas disciplinas. Al inventar ese lenguaje, también inventaron su propio público. Uno de los casos más paradigmáticos es el del británico Sir Riddley Scott (“Alien, el octavo pasajero”; “Blade Runner”) y su recientemente estrenada “Prometheus”. Esta película fue concebida como una precuela (término que se usa desde los noventa pero que no se encuentra en los diccionarios de lengua española; se refiere a una obra, ya sea una película, novela, historieta, serie de televisión, videojuego, etc., que fue creada mucho después de una pieza original que tuvo mucho éxito; la precuela es anterior a nivel cronológico, y devela causas u orígenes argumentales del antecedente) de la emblemática obra “Alien, el octavo pasajero”. El guión de “Prometheus” reescribe la película con una línea argumental, una historia, aparte, que antecede a los eventos narrados en Alien. Sin embargo, el giro lingüístico está presente y pasa de ser una mera secuencia en la trama, a la resolución de conflicto. Mientras la tripulación de la nave viaja en hipersueño, el androide David (una guiño para quienes recuerdan a Bishop) monitorea el viaje, se entretiene mirando filmes del siglo XX y estudia obras de lingüística tales como La Oveja y Los Caballos. Son esos profundos conocimientos en lingüística –de todas las lenguas de la tierra– los que le permitirán a David entender y manejar la tecnología de los Ingenieros, y hasta lograr comunicarse con ellos en una lengua primal y panaceica. Con estos pequeños destellos en donde se plantea nuevamente el desafío de un lenguaje nuevo, la tensión del relato se bifurca. El público, esos fanáticos de la saga inaugurada con Alien, estuvo quizá más atento a que la historia sea coherente con las anteriores o los argumentos, o se sorprendió asimismo por cómo la película reubicó la trama inicial, que con la forma en la que se explayaron sobre tal o cual tema. Esto se debe a que hoy la lectura de los diálogos es distinta. Un televidente contemporáneo va a encontrar que esta película está bien lograda desde el plano del género, que se corresponde con una obra como Alien y la reescribe, y disfrutar asimismo del corte y la concepción de un realizador maduro de ciencia ficción. No hay salto cualitativo del lenguaje, porque los aportes de las décadas anteriores dejaron un gran cúmulo de herramientas para que estas nuevas películas se puedan “leer” y “entender” por públicos de todo el mundo. La perspectiva se corre un momento del lenguaje para dar lugar a otros conflictos. Con el género consolidado –escribimos este texto desde una contemporaneidad en donde autores como Stanley Kubrick, Jorge Lucas y Steven Spielberg, entre otros tantos, son artistas consagrados– el foco de atención de los adeptos al género cambió. Se toma en cuenta la trama, su construcción, la coherencia con la saga, con las películas que hacen al conjunto de la obra del autor. Términos como láser, atmósferas controladas, viajes en el espacio, sueño criogénico, entre una gran gama disponible, ya son conceptos asimilados. Forman parte del gran inconsciente colectivo del público adepto al género de ciencia ficción. Se podría pensar que ahora las expectativas están puestas en otros puntos, y no tanto en el lenguaje. Pero esto no se corresponde con la realidad del género. De lo que habría que hablar es de cómo se diversificó, se especializó el campo, colocando la dificultad para los realizadores unos niveles más arriba de lo habitual. El ejemplo más claro es quizás el idioma na’vi, lengua artificial creada por Paul Frommer, profesor del USC Marshall School of Bussnis con doctorado en lingüística, a pedido del director James Cameron en el 2005. El requisito que se le impuso fue que fuera pronunciable por los actores de la nueva superproducción que el cineasta estaba gestando. Esta iba a ser después, la lengua de los indígenas del pueblo Na’vi, habitantes de la ficticia luna Pandora, de la mundialmente exitosa película “Avatar”. Lo más sorprendente de todo es que actualmente el vocabulario creado para la lengua supera las mil palabras. ¡Está creciendo! Y esto sucede a medida que los fans de la película van creando nuevos términos que son vistos y aprobados por su autor, Paul Frommer. Si el lenguaje de las películas es performativo con respecto al futuro ya es materia del pasado. Lo que ahora queda por esperar es hacia qué nuevos destinos nos llevará la pantalla grande.

Al leer el guión todos pensaron que nadie hablaba así. Hoy tiene fans.


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