El macrismo avanza
El triunfo del planteo de Ernesto Sanz en la Convención radical que acaba de celebrarse en Gualeguaychú cambió drásticamente el panorama político nacional al posibilitar la formación de un frente opositor que, tal y como están las cosas, podría estar en condiciones de derrotar al peronismo kirchnerista en las elecciones presidenciales que se avecinan. De no haber votado la mayoría de los delegados radicales a favor de un acuerdo con el Pro de Mauricio Macri, la campaña electoral que ya está en marcha podría haber degenerado pronto en otra interna del PJ, en esta ocasión protagonizada por el semioficialista gobernador bonaerense Daniel Scioli y el diputado Sergio Massa, con los demás, incluyendo a Macri, compartiendo los votos de los reacios a verse obligados por las circunstancias a elegir entre dos peronistas. Aunque Macri tendrá que enfrentar el peligro de que el a veces eficaz aparato radical se las arregle para hacerlo tropezar en las primarias, lo que sería desastroso para él, el que sea, por mucho, el precandidato presidencial mejor ubicado de la flamante agrupación debería ser suficiente como para permitirle salir airoso de la prueba así supuesta. Al fin y al cabo, la razón por la que tanto los radicales como la gente de la Coalición Cívica de Elisa Carrió se acercaron a Macri consistía en la convicción de que, sin su ayuda, ya tenía una buena posibilidad de ganar las elecciones presidenciales, mientras que los aspirantes de sus propias agrupaciones o de Unen lograrían a lo sumo obtener el 10% de los votos. De haber sido Macri otro político del montón, no se les hubiera ocurrido aliarse con él por considerarlo un representante de lo que se acostumbraron a llamar “la derecha liberal”, o sea un excéntrico mezquino sin posibilidad alguna de triunfar en un país de cultura política populista como es la Argentina. En verdad, no hay mucha diferencia entre las medidas concretas que avalaría Macri y las que se resignaría a tomar un eventual gobierno “popular” en el caso de que lograra asumir, pero sucede que a los radicales les encanta hablar de sus principios ideológicos o, como dicen algunos, sus “banderas”, lo que les parece más digno de lo que sería confesar que, en muchos casos, lo que más les interesa es el poder. Con todo, el de las hipotéticas diferencias ideológicas es un asunto menor. Para que se consolide la alianza de Pro con la UCR y la CC, sus respectivos líderes, Macri, Sanz y Carrió, tendrán que confeccionar listas de candidatos a los distintos puestos electivos según criterios pragmáticos, tratando de impedir que sectores importantes se sientan marginados a causa de su presunta adhesión a ideas determinadas, lo que les brindaría un pretexto para abandonar la alianza en busca de padrinos más generosos. Una vez superados los muchos obstáculos que encontrarán en el camino, los tres líderes y sus allegados podrán concentrarse en elaborar un programa de gobierno que, mal que les pese a muchos radicales y seguidores de Carrió, será forzosamente “de derecha”, porque el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se encargará de un país al borde de la bancarrota. Repartir dinero es fácil, administrar la escasez no lo es en absoluto. Para Massa, que compite con Macri para encabezar la oposición al kirchnerismo, la decisión de la Convención radical fue un revés duro del cual le costará recuperarse. De polarizarse, como luce muy probable, el electorado entre Macri y Scioli, se vería marginado. Aunque ha conseguido distanciarse irremediablemente de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus incondicionales, lo que le ha merecido el apoyo de muchos peronistas disidentes y otros que les son afines, a juicio de cada vez más personas sigue comprometido con el viejo orden populista que quisieran dejar atrás. Será por eso que, según las encuestas de opinión, su candidatura ha estado perdiendo terreno últimamente mientras que la de Macri, que nunca ha desempeñado un cargo en el gobierno kirchnerista o militado en el peronismo, ha continuado avanzando poco a poco. Merced a los empujones que le han dado Sanz y Carrió, además de su propia gestión en la capital federal, la candidatura del jefe del gobierno porteño podría estar por pegar un salto al difundirse la sensación de que le tocará ser el próximo presidente de la república.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 17 de marzo de 2015
El triunfo del planteo de Ernesto Sanz en la Convención radical que acaba de celebrarse en Gualeguaychú cambió drásticamente el panorama político nacional al posibilitar la formación de un frente opositor que, tal y como están las cosas, podría estar en condiciones de derrotar al peronismo kirchnerista en las elecciones presidenciales que se avecinan. De no haber votado la mayoría de los delegados radicales a favor de un acuerdo con el Pro de Mauricio Macri, la campaña electoral que ya está en marcha podría haber degenerado pronto en otra interna del PJ, en esta ocasión protagonizada por el semioficialista gobernador bonaerense Daniel Scioli y el diputado Sergio Massa, con los demás, incluyendo a Macri, compartiendo los votos de los reacios a verse obligados por las circunstancias a elegir entre dos peronistas. Aunque Macri tendrá que enfrentar el peligro de que el a veces eficaz aparato radical se las arregle para hacerlo tropezar en las primarias, lo que sería desastroso para él, el que sea, por mucho, el precandidato presidencial mejor ubicado de la flamante agrupación debería ser suficiente como para permitirle salir airoso de la prueba así supuesta. Al fin y al cabo, la razón por la que tanto los radicales como la gente de la Coalición Cívica de Elisa Carrió se acercaron a Macri consistía en la convicción de que, sin su ayuda, ya tenía una buena posibilidad de ganar las elecciones presidenciales, mientras que los aspirantes de sus propias agrupaciones o de Unen lograrían a lo sumo obtener el 10% de los votos. De haber sido Macri otro político del montón, no se les hubiera ocurrido aliarse con él por considerarlo un representante de lo que se acostumbraron a llamar “la derecha liberal”, o sea un excéntrico mezquino sin posibilidad alguna de triunfar en un país de cultura política populista como es la Argentina. En verdad, no hay mucha diferencia entre las medidas concretas que avalaría Macri y las que se resignaría a tomar un eventual gobierno “popular” en el caso de que lograra asumir, pero sucede que a los radicales les encanta hablar de sus principios ideológicos o, como dicen algunos, sus “banderas”, lo que les parece más digno de lo que sería confesar que, en muchos casos, lo que más les interesa es el poder. Con todo, el de las hipotéticas diferencias ideológicas es un asunto menor. Para que se consolide la alianza de Pro con la UCR y la CC, sus respectivos líderes, Macri, Sanz y Carrió, tendrán que confeccionar listas de candidatos a los distintos puestos electivos según criterios pragmáticos, tratando de impedir que sectores importantes se sientan marginados a causa de su presunta adhesión a ideas determinadas, lo que les brindaría un pretexto para abandonar la alianza en busca de padrinos más generosos. Una vez superados los muchos obstáculos que encontrarán en el camino, los tres líderes y sus allegados podrán concentrarse en elaborar un programa de gobierno que, mal que les pese a muchos radicales y seguidores de Carrió, será forzosamente “de derecha”, porque el sucesor de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se encargará de un país al borde de la bancarrota. Repartir dinero es fácil, administrar la escasez no lo es en absoluto. Para Massa, que compite con Macri para encabezar la oposición al kirchnerismo, la decisión de la Convención radical fue un revés duro del cual le costará recuperarse. De polarizarse, como luce muy probable, el electorado entre Macri y Scioli, se vería marginado. Aunque ha conseguido distanciarse irremediablemente de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus incondicionales, lo que le ha merecido el apoyo de muchos peronistas disidentes y otros que les son afines, a juicio de cada vez más personas sigue comprometido con el viejo orden populista que quisieran dejar atrás. Será por eso que, según las encuestas de opinión, su candidatura ha estado perdiendo terreno últimamente mientras que la de Macri, que nunca ha desempeñado un cargo en el gobierno kirchnerista o militado en el peronismo, ha continuado avanzando poco a poco. Merced a los empujones que le han dado Sanz y Carrió, además de su propia gestión en la capital federal, la candidatura del jefe del gobierno porteño podría estar por pegar un salto al difundirse la sensación de que le tocará ser el próximo presidente de la república.
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