El más devoto
Tanta debilidad rionegrina explica este imprevisible escenario provincial.
Sólo la omnipotencia de Kirchner explica su juego político con las ansiedades ajenas.
«El futuro lo garantiza el presidente», conforma el pensamiento único entre los políticos de Río Negro.
La UCR actúa con el pragmatismo de siempre y mucho más. Desplegó ayer unos 200 dirigentes oficialistas en Vicente López para intentar demostrar el poder institucional de Saiz e impresionar a Kirchner como el mejor devoto. Nunca antes esta dirigencia se había desplazado tanto por un extraño.
Saiz exagera cuando replica que al presidente sólo lo une un «acuerdo programático». Repitió esta semana tal argumento al presentar el proyecto consensuado de reforma de la ley de Hidrocarburos. Un comienzo interesante. Su aprobación garantizará a las provincias el manejo de las concesiones petroleras y un ingreso anual por canon, que para Río Negro significará unos 5 millones. Una disponibilidad que servirá para instrumentar de una vez por todas un eficaz esquema de control de la extracción petrolera.
Por ahora, es un proyecto que ingresará al Congreso. Un inicio plausible, pero oportunamente agigantado como paradigma de la concertación.
Un pobre resultado frente al despliegue político que ofrece Saiz en favor del presidente Kirchner. Hay más destinatarios.
En Viedma, el gobernador y el titular de la UCR provincial, Pablo Verani que ayer no estuvo en Vicente López fueron categóricos ante el ex presidente Raúl Alfonsín en la defensa de su autonomía partidaria y electoral. Luego, dos emisarios del gobernador Iván Lazzeri y Daniel Sartor visitaron al líder radical para descomprimir ese frente interno. Machacaron conceptos estratégicos de Saiz: Río Negro votará separado de la Nación y la concertación es programática. Un destino intencionalmente confuso, cuya resolución vendrá con el tiempo y los hechos.
También Alfonsín transita por la dualidad. Actúa en la diplomacia personal mientras recuerda la autoridad orgánica si las provincias no aceptan el mandato nacional de la Convención, que se reunirá el sábado 26 en Rosario. La UCR rionegrina anticipa que no concurrirá frente al poco éxito que anticipa su pretensión: otorgar independencia de alianzas a las provincias.
«No vamos a llegar a eso, pero está la opción de la intervención», es una expresión que se escucha de Alfonsín en ámbitos reducidos y otros no tanto. Disparó esa conclusión hace algunas semanas en el club Progreso, en la cena de dirigentes radicales. No había confusión. El ex presidente aludía concretamente a Río Negro frente a una consulta de la senadora Amanda Isidori sobre qué sería de la UCR si en esta provincia se avanza en su proyecto electoral con Kirchner. Había otros testigos rionegrinos: el ex legislador Salim Bazze y el ex senador Antonio Nápoli.
Hay una razón silenciada que desnuda fuertes motivaciones que acercan Río Negro a la Nación. Sin precisiones, Saiz la esgrimió con Alfonsín cuando habló de «gobernabilidad». Un concepto amplio e ilimitado, pero que digamos las cosas como son se concentra en lo financiero y, más precisamente, en la presión de la deuda provincial.
Río Negro pagará este año más de 300 millones por pasivos. En realidad, sólo afrontó el 40%, ya que el resto 180 millones lo asumió la Nación con un acuerdo de futura cancelación provincial. Los vencimientos para el 2007 superarían los 350 millones, que equivalen a la totalidad de la recaudación por impuestos provinciales.
Para el año próximo, el gobierno de Saiz requerirá de Nación otro Programa de Financiamiento Ordenado para refinanciar, por lo menos, una parte de esos vencimientos. Una pequeña muestra: la demora en la firma del PFO ya determinó en el inicio del 2006 un desfasaje financiero que Hacienda todavía no puede corregir con
proveedores y municipios. Debilidad que proyecta un real motivo institucional y electoral para aferrarse a la «alianza programática» con Kirchner. Más motivaciones: la ejecución de proyectos emblemáticos, como las obras de las rutas 22 y 23.
Aquella fragilidad estructural se potencia con la sostenida tendencia alcista de los gastos del Estado. Tampoco existe un mandato gubernamental. Cada área sigue con su esquema y destino.
La mirada siempre vuelve sobre Educación. Pese a los innegables argumentos en su favor, la reforma de la movilidad no puede imponerse. Sobran las revisiones cuando recién se aplicó parcialmente la ley aprobada en abril (se bajaron los montos, pero todavía no se reasignó el reconocimiento por escuela).
La cartera educativa advierte que la pulseada real estará en la recomposición salarial, cuyo debate se prometió reabrir este semestre. Barbeito revisa el costo de la movilidad y detecta un ahorro mensual de medio millón. Bosquejó su propuesta: «20 pesos más al básico». Un diseño que aún está en análisis, con serias observaciones de Saiz.
Kirchner no sabe de esa realidad educativa. Sí escuchó el jueves de Pichetto complicados pronósticos financieros para Río Negro. Fue lo único que pareció sorprenderlo, pues luego el senador y el diputado Arriaga acompañados por el intendente Icare se repitieron en la estrategia rionegrina del Frente para la Victoria.
El presidente mantuvo silencio. Sólo interrumpió a Arriaga para preguntarle sobre el vicegobernador De Rege que aquél llevó a su despacho y le pronosticó su ingreso al Frente.
«Hay que llamarlo para que se venga con nosotros», sentenció. Una simple frase que se multiplicó en conclusiones y especulaciones.
«El presidente está con nosotros», pensó uno. La referencia a De Rege fue un mandato para insistir en el radical o una indirecta a Arriaga por su frustrado intento de inclusión, se preguntan otros. Igual, el diputado actuó según sus convicciones: le transmitió el mensaje de Kirchner a De Rege, que lo embargó de emoción y de dudas.
Todo tiene una certeza excluyente. Kirchner marcha, y poco importan las metas ajenas.
Pichetto, Arriaga e Icare esperaron dos meses para la audiencia del jueves. El presidente los recibió a horas de la cumbre de los radicales K, que entusiasma tanto a Saiz. No es casualidad.
Una fotografía con Kirchner bastó para oxigenar a un Frente que deambula en la confusión.
«Es inviable en Río Negro cualquier acuerdo con la UCR y habrá expulsiones a quien se anime», repite Pichetto, buscando encadenar voluntades dispersas. Para eso, resulta vital también el gesto presidencial. El próximo que busca el Frente es la presencia kirchnerista en la campaña de Bariloche. El objetivo se centra en el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien podría concurrir el 9 de setiembre al llamado encuentro técnico. Ya habría confirmado su asistencia el ministro Daniel Filmus.
Bariloche concentra poco a poco la atención electoral. El viernes, el Frente reunirá a sus intendentes para establecer posiciones. Volverá el debate entre municipios y provincia. Otra discusión por recursos.
Fragilidad por doquier entre los rionegrinos.
Todos miran al presidente, que siempre es fiel sólo a sí mismo: evalúa y decide con sus encuestas, desconoce objetivos ajenos y se aventura por los suyos. Nada tiene final previsible. ¿Por qué cambiaría con Río Negro? Así, la conclusión por cierto estará vacía de pensamientos rionegrinos.
ADRIAN PECOLLO
pecollowa@yahoo.com.ar
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