El misterioso caso del “gringo” Tansy
La vida y desgracia del yanqui que incendió a su esposa, fue condenado, se fugó y ya no tendrá beneficios.
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Supo ser un hombre interesante, de carácter, férreo en sus decisiones, un “gringo” que tenía dos particularidades: su pasado era un misterio y sus actitudes una bomba de tiempo. Ahora está demacrado, casi perdido, padece trastornos, habla poco y se comunica menos. Patrick Champlin Tansy es uno de los expedientes X del sistema judicial rionegrino. Para aquellos que recorren las crónicas policiales con ritmo urgente, se trata del norteamericano que hace unos días se fugó del penal de Cipolletti y fue recapturado por la policía cuando vagaba por la Ruta 151. Lejos de resistirse, agachó la cabeza, entregó lo que tenía en sus bolsillos y se resignó a perder la libertad nuevamente. Manso, sin dar problemas, con el cuerpo cansado y varios fajos de billetes en sus bolsillos. Los investigadores no entienden cómo fue que este yanqui que a nadie conoce por aquí deambulaba con 800 dólares, mil pesos y una notebook. Dos teorías se imponen: una ayuda del exterior o la obtención de ese dinero adentro de la cárcel. No abrió la boca. Entornó los ojos y entendió que perdería los beneficios. En el penal juran no entender por qué Tansy vivía en la enfermería y se manejaba por la cárcel sin control alguno. Lo mismo sucede con otros ocho internos. El ginecólogo Carlos Anzaldo es uno de los que habita en ese sector de vía libre (tipo VIP), con tevé por cable, DVD, computadora personal y tranquilidad. Está claro que fugarse para Tansy fue una pequeñez. Recibió la visita de una chica que estaba conociendo y los dos salieron de ahí sin problemas. Caminando. De día. El americano no es ni por asomo el preso más peligroso que existe en el sistema penal rionegrino, pero sí uno de los tantos que desnudó sus falencias. Sus problemas con la ley comenzaron en Estados Unidos, de donde llegó escapado junto a su mujer, la linda y llamativa Tracy Kaye Mollet, a la que transformó en una bola de fuego una tarde de enero de 2008. Tansy, Mollet, una hija de ambos y dos hijos extramatrimoniales de ella llegaron a principio de este siglo a Bariloche, escapados de la justicia norteamericana y con una buena cantidad de dólares. Compraron un caserón (de entre 700 y 900 metros cuadrados) en el selecto barrio privado Valle Escondido, con costa al lago y una tasación cercana al millón de dólares. No trabajaban y peleaban buena parte del día. Tansy era un celoso empedernido, de mirada iracunda y puños veloces. Ella paseaba su intensa femineidad por las calles lacustres y eso lo enfurecía. Después de muchos años de enfrentamientos, una separación, drogas y torrentes de whisky, Tansy, que ya tenía una exclusión del hogar, regresó a su casa y le pidió a Mollet que lo ayudará a poner en marcha el Jeep que guardaban en el garaje. Ella se subió del lado del conductor y cuando le estaba dando arranque, Tansy le colocó el cinturón, le dio un mazazo en la cabeza y vació un bidón de nafta sobre su cuerpo. Bastó la llama de un encendedor y Mollet ardió. Por fortuna, el fuego derritió el cinturón y ella pudo bajar del Jeep. Antes de arrastrarse y pedir ayuda, Tansy intentó ahorcarla y la volvió a golpear. Los vecinos escucharon los fuertes gritos pero en principio no prestaron atención porque eran habituales las reyertas conyugales que tenían. El encargado del barrio se llevó a los hijos de Mollet, de siete y cinco años, y luego quedaron al cuidado de una hermana mayor. Tansy enloqueció y corrió con un cuchillo por toda la casa. Llegó la Policía y convocaron al grupo especial BORA. En un castellano dificultoso aseguraba que estaba armado. Se encerró en un baño y cuando los oficiales tiraron la puerta abajo lo encontraron con el brazo izquierdo sumergido en el inodoro, la sangre que corría por todos lados y muchísimas pastillas. Al igual que su esposa, llegó inconsciente al hospital y durante el juicio dijo que no recordaba nada porque había consumido cantidades descomunales de cocaína. Tansy fue condenado a diez años de cárcel y Mollet estuvo un tiempo internada en el Hospital Británico de Buenos Aires hasta que finalmente se recuperó. Regresó con sus hijos a Norteamérica y no volvió al juicio, a pesar de que poseía la capacidad económica para hacerlo, aseguraron los conocidos. “Nunca se quisieron me parece, yo estimo que su relación tormentosa seguía porque ambos mantenían bajo siete llaves los secretos de vidas pasadas. Es más, él me llegó a decir que su mujer tenía tanto dinero porque había matado a su anterior esposo para cobrar una suculenta pensión”, le contó a estos cronistas un hombre que mantuvo una estrecha relación con el americano antes de que fuera condenado. Lo cierto es que Tansy terminó en el penal de Bariloche y su salud desmejoró. Perdió más de 20 kilos y –recurso judicial de por medio– los jueces autorizaron su traslado a una cárcel con mayores comodidades. En el penal de Cipolletti comenzó a recibir beneficios por su buen comportamiento. Además de moverse con total libertad, les enseñaba inglés al resto de los reclusos y en su tiempo libre captaba buena programación con un decodificador de TV digital. “Hace unos meses conoció a una mujer que venía a visitarlo de Roca”, cuentan los celadores. El último domingo, Tansy, que en dos meses cumple 49 años, dejó el penal sin mayores inconvenientes. Cayó en menos de 24 horas y la aventura le costó el traslado a una cárcel de más seguridad. Su vida pasada es un misterio porque dice no entender el castellano, aunque los profesionales que trabajan en el penal cipoleño no le creen. De Estados Unidos llegó con el dinero de Mollet, vivió bien y se sumergió en los vicios al punto que muchos de sus trastornos se deben al consumo de cocaína, aseguraron los psicólogos. No volvió a ver a su familia, perdió la casa de Bariloche y ya no le queda nada, ni siquiera los beneficios de los que gozaba en el encierro. Su vida de lujos se esfumó cuando hizo arder a su mujer. De aquello sólo le quedan pesadillas y recuerdos.
SEBASTIÁN BUSADER sbusader@rionegro.com.ar juan cruz garcía garciajcruz@rionegro.com.ar
Llegó desde California y se instaló en Bariloche.
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