El Mosconi: el autódromo que nunca más rugió

El TC 2000 y el TC brindaron espectáculo.

diego von sprecher

dievon@rionegro.com.ar

Increíble pero cierto… La pista donde corrieron el Loco Di Palma, Juan María Traverso y otros hoy está abandonada.
Miguel Gambera

Alguna vez, en esa recta en la que hoy brota la maleza por las grietas de lo que queda del pavimento, los grandes pilotos del automovilismo nacional aceleraron a fondo para acariciar la gloria y lucirse ante miles de personas. El autódromo General Enrique Mosconi de Allen fue durante tres décadas un ícono del deporte motor en la región pero hace ya muchos años que en ese lugar se apagaron los rugidos de los coches de carrera y las promesas políticas de repavimentar el circuito sólo sirvieron para alimentar falsas esperanzas.

El Mosconi fue inaugurado en 1970 y supo alcanzar una intensa actividad automovilística. Construido en la zona norte de Allen en un lote que supera las 450 hectáreas, la pista tenía tres variantes que permitían mayor o menor extensión de trazado, según las exigencias de cada categoría. Un grupo de vecinos que fundó el Allen Automoto Club gestó el proyecto “tuerca”, que también intentó ampliar los horizontes ideando el “Complejo Deportivo del Comahue”, un espacio que buscó contener a otras actividades deportivas y de recreación.

Rubén Luis Di Palma fue el primer ganador que en Mosconi y en una carrera de TC se subió al escalón más alto del podio. El autódromo allense también fue visitado en algunas oportunidades por el ídolo Juan Manuel Fangio.

Cuando las carreras llegaban al Mosconi, Allen se vestía de fiesta y la ciudad mostraba con orgullo su pasión fierrera. Las competencias atraían a miles de visitantes y los pilotos más renombrados de las categorías nacionales no se cansaban de elogiar las características del trazado. Muchos coincidían en que el circuito de Allen era uno de los mejores del país, especialmente por su diseño.

Entre la década del 80 y el 90, el TC 2000, las fórmulas especiales y el Turismo Carretera, entre otras categorías, protagonizaron las mejores competencias. En los boxes todos se apiñaban durante la previa de las carreras o después del podio para sacarse una foto o pedirle un autógrafo al “Flaco” Traverso, a “Cocho” López, a Silvio Oltra y tantos otros pilotos que marcaron una época dorada del automovilismo argentino. “Estamos en Allen, en el mejor autódromo de la Patagonia”, anunciaba el relator de ATC (Argentina Televisión a Color) cuando abría las transmisiones de las carreras que se televisaban para todo el país.

Verlo correr al campeón nacional de la Monomarca Sierra, el allense Jorge “El Ruso” Eidilstein, generaba una cuota especial de adrenalina. “¡Ahí viene el Ruso, dale Ruso!”, gritaban desde el alambrado los locales y se les escapaba el corazón por la boca cuando el Sierra que llevaba la publicidad de los vinos “Millacó” daba pelea en las primeras ubicaciones.

En Allen


diego von sprecher

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