El mundo feliz de Alberto Fernández


La inevitabilidad del triunfo del Frente está persuadiendo a los mercados de que lo mejor sería que supere la línea del 54% con el que fue reelecta Cristina en el 2011. Para el imaginario de Fernández todo esto se resume en que sin generar tensiones con Cristina Kirchner el manejo del poder responderá a su visión estratégica.


¿Se puede confiar otra vez en las encuestas? Es el termómetro del que disponemos. Hoy Ricardo Rouvier registra la misma fotografía del 11 de agosto, con una ligera mejora para la fórmula de los Fernández. También un leve crecimiento de Macri-Pichetto, con más polarización. La diferencia se mantiene en el orden de los 17 puntos. Y siete de cada diez encuestados aseguran que Alberto F. será el próximo presidente.

La inevitabilidad de un triunfo del Frente de Todos está persuadiendo a los mercados de que lo mejor sería que supere la línea del 54% con el que fue reelecta Cristina Kirchner en el 2011. Que gane por más. Hay quienes creen que lo que coseche la fórmula de ahí para arriba abonará la autonomía de Alberto Fernández respecto de su compañera y el vasto conglomerado que lo acompaña. Es correr un albur. Se entendería que hubiera sido Alberto F. quien instaló esa hipótesis.

Son horas en las que se espera lo que se desea. Y el deseo es que Fernández ratifique los fundamentos que lo llevaron a alejarse de la jefatura de Gabinete del primer gobierno de Cristina y restablezca el orden económico del kirchnerismo fundado por Néstor en el 2003 (el kirchnerismo, porque el orden económico en realidad lo había fundado Eduardo Duhalde).

¿Cuánto se parecerá 2020 a 2003? Si se considera un análisis reciente de Roberto Frenkel, el gobierno de Macri podría dejar superávits gemelos, comercial y fiscal primario y un tipo de cambio alto como los que recibió Kirchner. Si fuera cierto, lo que queda es distinguir entre aquella inflación y la de hoy y entre el default que liberó a Kirchner del pago de vencimientos e intereses de la deuda, del “default escondido”, como lo ha llamado Fernández, que dejará Macri.

Pero nadie sabe hoy qué va a pasar con los compromisos por alrededor de u$s 7.000 millones que se acumulan hasta diciembre, más allá del “reperfilamiento” de la deuda de corto y mediano plazo (y esta última también es una incógnita). Además, el FMI no ha dado señales acerca de cuándo hará el desembolso de u$s 5.400 millones que el BCRA necesita para apuntalar las reservas. Nadie apuesta a que liberará esos fondos para un gobierno en retirada.

La imagen que se están formando los mercados de Fernández se cimenta también en el ensayo de un pacto social entre empresas y gremios, de indudable matriz peronista, que el candidato montó el jueves en Tucumán, con el auspicio del gobernador Juan Manzur y la presencia de Sergio Massa. Probablemente hubieran preferido que no estuviera allí el diputado camporista Wado de Pedro, eslabón entre dos universos internos de peronismo.

Nadie sabe hoy qué va a pasar con los compromisos por alrededor de u$s 7.000 millones que se acumulan hasta diciembre, más allá del “reperfilamiento” de la deuda de corto y mediano plazo

Sin embargo, resultó una gran contribución a la construcción de este Fernández deseado el pedido público de “no estar en las calles” hecho por el candidato en las horas previas a la votación en Diputados de la emergencia alimentaria. La intensidad de las movilizaciones de estas semanas es si se quiere otra de las semejanzas con la etapa Duhalde-Kirchner.

Fernández alimenta la idea de que representará un nuevo liderazgo. También al estilo Néstor, pragmático. En el diálogo con empresarios y gremialistas avanzó en cómo será su diseño metodológico. Fernández sostuvo que nada de lo que pasó en los años de Cristina se puede repetir.

Dijo que confía en que ella discutirá como lo hacía con Néstor presidente y que, igual que con su marido, respetará sus decisiones finales. Que como presidente se apoyará en los gobernadores e intendentes del peronismo, aunque deberá darles juego “a las periferias” del Frente (corporizadas en Tucumán por De Pedro). Para el imaginario de Fernández todo esto se resume en que sin generar tensiones con Cristina el manejo del poder responderá a su visión estratégica.

Finalmente, Fernández prometió que su gobierno no confrontará ideológicamente con el poder mundial. Ya hizo un contacto con el embajador estadounidense Edward Prado, quien le confirmó el préstamo de su gobierno a proyectos para Vaca Muerta, según contó. Se verá con él en los próximos días. “El mundo es imperfecto, pero es el mundo”, dice Fernández. El que describe como suyo por el momento es un mundo feliz.



La inevitabilidad del triunfo del Frente está persuadiendo a los mercados de que lo mejor sería que supere la línea del 54% con el que fue reelecta Cristina en el 2011. Para el imaginario de Fernández todo esto se resume en que sin generar tensiones con Cristina Kirchner el manejo del poder responderá a su visión estratégica.

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