El neotribalismo juvenil
Por Mabel Bellucci
Desde una mirada clásica de la antropología, el tribalismo constituye una forma de agrupación humana que se distingue por generar a sus integrantes un referente social, económico, cultural y religioso estable. Las familias y clanes con un patriarca en común así como el compartimiento de un territorio, creencias y prácticas rituales configuran su estructura social.
Ser miembro de una tribu otorga un sentimiento de pertenencia «identitaria» y pautas que permitirían lograr una permanencia en el tiempo y en el espacio. De esta manera, se propician interacciones estables y seguras con roles sumamente fijos. A diferencia, en las culturas urbanas capitalistas actuales surge el fenómeno del neotribalismo. El mismo responde a la premisa de concentrarse y luego desconcentrarse las veces que sea necesario, caracterizándose por su inestabilidad y variedad. Por todo ello, estaríamos hablando de una tendencia al pluralismo asimétrico de culturas, sujeto a la mutación y al cambio. La sociedad deja de ser homogénea y pasa a ser heterogénea. Cada grupo vive su propia realidad, compartiendo motivaciones, valores y costumbres.
De acuerdo con el planteo de Angel Aguirre y Marisol Rodríguez en «Skins, punkis, okupas y otras tribus», el neotribalismo se desarrolla mediante las relaciones afectivas y se referencia con lo cotidiano, el estar juntos y básicamente se contrapone a la cultura hegemónica y normativa impuesta desde el poder. El vínculo así se transforma en eficaz, sólido y presentista. Tanto la identificación entre sus miembros fundada en la igualdad de necesidades como la participación común, representan ejes de la identidad grupal. Vale decir: carecen de estructuras orgánicas y jerárquicas en tanto que las relaciones que se llevan a cabo en su interior son de igual a igual. Por ello, hacen proclamación expresa del sentido colectivo y grupal por encima de lo individual.
Las tribus urbanas son un claro ejemplo del fenómeno microgrupal. En las grandes ciudades, las pandillas, bandas de jóvenes y adolescentes se relacionan de modo parecido, siguen hábitos comunes y se visibilizan por sus indumentarias, rituales, símbolos y estilos, los cuales constituyen formas nuevas de autorrepresentación y representación colectiva. Los elementos tribales están destinados a provocar o distanciarse de las instituciones y conferir un status cultural diferente.
A inicios de los setenta, los estudios culturales ingleses abordaron los orígenes de las subculturas juveniles pertenecientes a la clase trabajadora. Para Hall- Jefferson, la abundancia de la Inglaterra de posguerra permitió el surgimiento de jóvenes sin clase, que se agrupaban de acuerdo con su edad y su búsqueda del ocio. A su vez, entendían a las subculturas juveniles como una reacción de esta franja etárea contra la cultura hegemónica como también contra la cultura de los adultos.
En la misma línea argumentativa, para D. Dancis las diversas tendencias de la música juvenil, como expresión más significativa de la cultura neotribal «encierran no sólo un enérgico ataque estético a las propuestas dominantes dentro de la cultura popular, sino a su vez encierran una forma de resistencia de las clases trabajadoras contra el paro, la pobreza, la censura del gobierno, el autoritarismo, el racismo, el fascismo, la industria del disco, el star-system y la tradicional relación entre artistas y audiencias. Es una manifestación de la desesperación y la decadencia cultural que revelan el nihilismo, el sexismo, la glorificación de la violencia y del imaginario fascista y la incompetencia musical».
En suma: la subcultura neotribal reposa sobre una paradoja esencial, el vaivén constante que se establece entre la masificación creciente y el desarrollo de microgrupos. Se trata de la tensión fundadora que caracteriza la socialidad de este fin de siglo. No reposa entonces en una lógica de la identidad; sin un fin preciso, ni sus protagonistas son los actores de una historia en marcha como en décadas anteriores representó la clase obrera como sujeto central del relato de la modernidad.
Comentarios