El olvido, Por Jorge Gadano29-11-03
Alguna vez el autor de esta columna tomó del diccionario etimológico de Joan Corominas un hallazgo del verbo olvidar en unas palabras del poema del Cid: «El río del infierno, que los que dél beven se olvidan de todo lo passado».
En la exposición de motivos que precede al proyecto de reforma de la Constitución provincial, enviado por el gobernador Jorge Sobisch a la Legislatura en octubre de 2000, hay un párrafo que explica la incorporación de una norma para la defensa del orden constitucional que mueve a sospechar de que el mandatario, a la vez jefe del partido oficial, ha bebido en las aguas del río del infierno.
El texto en cuestión dice que «…se promueve incorporar a nuestra Constitución una cláusula de salvaguarda del orden democrático en total sintonía con el artículo 36 de la Constitución nacional». Y sigue: «La idea que subyace en esta iniciativa es, obviamente, enfatizar (en) que no ha de haber contemplaciones para aquellos que quebranten el Estado de derecho como lo fuera en el pasado». El énfasis se refuerza con una cita de Aristóteles: «…para el legislador y para los que quieran fundar un gobierno democrático, la tarea más laboriosa no es establecerlo, ni es la única; lo difícil y más interesante es proveer a su conservación, porque no se trata de establecer una forma de gobierno, sea cual fuere, para que dure tres o cuatro días…». Luego, Maquiavelo: «La costumbre de quebrantar la Constitución para hacer el bien conduciría a quebrantarla con ese pretexto para en realidad hacer el mal. Jamás será pues perfecta la organización de una república si sus leyes no proveen a todo fijando el remedio para cualquier peligro y el modo de aplicarlo».
¿Dónde está el olvido? Es lógico que cualquier desprevenido lector del párrafo suponga que el partido gobernante en Neuquén tiene una impecable trayectoria democrática. Es comprensible, porque ese lector ignora lo que el texto ha preferido dejar en el olvido, que es la participación de ese mismo partido en una dictadura militar. El recuerdo está fresco aún, porque no ha pasado tanto tiempo. Unos 40 años, que es la edad del Movimiento Popular Neuquino.
Felipe Sapag asumió su primer mandato el 12 de octubre de 1963. Pero cuando todavía faltaba más de un año para que se cumpliera el plazo constitucional de cuatro años, el 28 de junio de 1966 debió abandonar el gobierno a raíz del golpe militar liderado por el general Juan Carlos Onganía, que derrocó al presidente radical Arturo Illia.
Al cabo de un par de años de paz, el régimen militar debió afrontar una creciente ebullición social que culminó, el 29 de mayo de 1969, en el «Cordobazo», una rebelión obrera y estudiantil que marcó el principio del fin del dictador Onganía (no de la dictadura, que agonizó durante cuatro años más).
Hubo, no obstante, un intento de sobrevivencia tendiente a obtener algún sostén popular. A ese fin se nombraron en ciertas provincias los entonces llamados «gobernadores naturales». En Neuquén el nombramiento recayó en Sapag, reelecto -esta vez por el dictador- a casi cuatro años de haber sido depuesto.
El general Francisco Imaz, ministro del Interior, quien puso en posesión del cargo al mandatario, declaró que «Sapag está consustanciado con la Revolución Argentina».
Sapag recibió luego el juramento de sus ministros. Entonces alcanzaba con tres, que fueron Pedro Fuentes, Pedro Salvatori y Alberto Del Vas.
En realidad, todo el MPN estaba «consustanciado». La crónica de este diario, del 4 de marzo de 1970, informó que «la Policía del Neuquén y la policía militar se vieron en algunos apuros debido al público que se congregó frente a la plaza Roca y en la puerta lateral de la Casa de Gobierno, sobre la calle Rioja. Grupos portando carteles que identificaban barrios de esta capital y localidades vecinas esperaron y aplaudieron la comitiva oficial que provenía desde el aeropuerto». Ese mismo día el obispo Jaime de Nevares deambuló por la Casa de Gobierno intentando, sin éxito, que Imaz hiciera cesar la represión que la dictadura había lanzado sobre los obreros de El Chocón. Imaz dijo que los dirigentes de la huelga eran comunistas y, preguntado sobre si no había libertad de trabajo para los comunistas, contestó, con la lógica de un general de entonces, que «si los comunistas quieren trabajar que se vayan atrás de la cortina de hierro».
Sapag gobernó hasta que, a mediados de 1972, debió renunciar para poder ser candidato en las elecciones de marzo de 1973. En su lugar quedó Salvatori, hoy senador nacional. No hubo un solo dirigente del MPN, ni entonces ni después, que hiciera pública una crítica a esa participación del partido provincial en una dictadura militar.
«…Los que dél beven se olvidan de todo lo passado». Se trata de eso. Se trata de que si un gobierno del Movimiento Popular Neuquino quiere reformar la Constitución debe decir algo de su participación en una dictadura que la subordinó a sus propios fines. Sapag y sus ministros juraron «por Dios, los Santos Evangelios, el Estatuto de la Revolución Argentina y la Constitución nacional».
Alguna vez el autor de esta columna tomó del diccionario etimológico de Joan Corominas un hallazgo del verbo olvidar en unas palabras del poema del Cid: "El río del infierno, que los que dél beven se olvidan de todo lo passado".
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