El oro y la gloria para un equipo con identidad

La selección cerró una actuación brillante ganándole a Paraguay 1 a 0.

Hasta el más acérrimo detractor de Marcelo Bielsa y “su” selección, quería que Argentina ganara. Porque fue el mejor equipo de los Juegos Olímpicos, porque derrochó fútbol a borbotones, porque tuvo humildad y porque definitivamente se volvió a meter en el corazón de la gente. Paraguay no fue rival, Argentina le ganó 1 a 0, cortó esa larga sequía de 52 años sin medallas de oro y sumó a las vitrinas el único título que le faltaba. El poco público que había en las tribunas griegas enfrió un poco los festejos, pero poco le importó a ese grupo de jugadores que llegaron para salir campeones y sacarse la espina de aquella cada vez más lejana fatídica tarde en Perú frente a Brasil. Y lo lograron a lo grande. El funcionamiento de Argentina a lo largo de todo el torneo estuvo cerca de la perfección. Si se analizan los números, es muy difícil encontrar una selección que haya ganado un certamen de estas características con tanta claridad: 17 goles a favor en seis partidos y ningún gol en contra. A todo eso le agregó superioridad física y mental. Porque si bien cada vez que entraba a la cancha sabía que era mejor que su rival, siempre logró la difícil tarea de plasmar esa superioridad en los resultados. La maduración que comenzó a mostrar este plantel en la Copa América, fue total en los Juegos Olímpicos, donde estos superprofesionales, llenos de fama y dinero, volvieron a ser simples deportistas en busca de un objetivo deportivo. Desde lo individual, este torneo le dejó varias conclusiones positivas a Bielsa de cara a la continuidad de las eliminatorias: Germán Lux, a pesar de no atajar en su club, sin dudas será uno de los dos arqueros de la selección; la dupla Ayala-Heinze parece de acero, y eso que todavía falta Wálter Samuel; Javier Mascherano, con un despliegue interminable, será el gran caudillo del medio; y adelante la mayor explosión, la de Carlos Tevez, goleador (ocho tantos) y figura del campeón. Su actuación le abrió la puerta grande de la selección mayor y no sería de extrañar que allí también sea titular. En la final sudamericana, Paraguay salió a la cancha a tratar de mojarle la oreja al equipo albiceleste con mucha dinámica en los primeros minutos, pero se fue quedando a medida que avanzaba el reloj y sólo le quedó el recurso de juego fuerte para detener a la máquina argentina. Con su gol, anticipándose al arquero y tocando por abajo, Tevez definió el partido a los 17 minutos del primer tiempo, porque en lo que quedó del partido sólo un tiro libre bien controlado por Lux y otra tapada del “1” a Figueredo fue lo único que hizo Paraguay. Argentina controló a voluntad los ritmos del partidos. Aceleró cuando quiso, durmió la pelota cuando quiso y no pudo convertir más goles por esas cosas que tiene el fútbol. Los paraguayos, sin José Saturnino Cardozo por lesión, y con dos jugadores menos por expulsión, parecían satisfechos con la (meritoria) medalla de plata. Argentina fue a Atenas a colgarse la medalla de oro y lo consiguió. Bielsa logró sacarse la mufa de poder ganar algo grande con la selección y después de mucho tiempo su discurso parece ser nuevamente aceptado por el hincha. Salud Argentina, el futuro es prometedor. (AC)

Nota asociada: La deuda interna Bielsa: «Se pudieron marcar más goles» «Es para el pueblo argentino» Diez años después El básquet argentino toca el cielo con las manos Velas de bronce para el yachting argentino De vuelta en casa Correa paleó 500 metros de emociones

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Hasta el más acérrimo detractor de Marcelo Bielsa y “su” selección, quería que Argentina ganara. Porque fue el mejor equipo de los Juegos Olímpicos, porque derrochó fútbol a borbotones, porque tuvo humildad y porque definitivamente se volvió a meter en el corazón de la gente. Paraguay no fue rival, Argentina le ganó 1 a 0, cortó esa larga sequía de 52 años sin medallas de oro y sumó a las vitrinas el único título que le faltaba. El poco público que había en las tribunas griegas enfrió un poco los festejos, pero poco le importó a ese grupo de jugadores que llegaron para salir campeones y sacarse la espina de aquella cada vez más lejana fatídica tarde en Perú frente a Brasil. Y lo lograron a lo grande. El funcionamiento de Argentina a lo largo de todo el torneo estuvo cerca de la perfección. Si se analizan los números, es muy difícil encontrar una selección que haya ganado un certamen de estas características con tanta claridad: 17 goles a favor en seis partidos y ningún gol en contra. A todo eso le agregó superioridad física y mental. Porque si bien cada vez que entraba a la cancha sabía que era mejor que su rival, siempre logró la difícil tarea de plasmar esa superioridad en los resultados. La maduración que comenzó a mostrar este plantel en la Copa América, fue total en los Juegos Olímpicos, donde estos superprofesionales, llenos de fama y dinero, volvieron a ser simples deportistas en busca de un objetivo deportivo. Desde lo individual, este torneo le dejó varias conclusiones positivas a Bielsa de cara a la continuidad de las eliminatorias: Germán Lux, a pesar de no atajar en su club, sin dudas será uno de los dos arqueros de la selección; la dupla Ayala-Heinze parece de acero, y eso que todavía falta Wálter Samuel; Javier Mascherano, con un despliegue interminable, será el gran caudillo del medio; y adelante la mayor explosión, la de Carlos Tevez, goleador (ocho tantos) y figura del campeón. Su actuación le abrió la puerta grande de la selección mayor y no sería de extrañar que allí también sea titular. En la final sudamericana, Paraguay salió a la cancha a tratar de mojarle la oreja al equipo albiceleste con mucha dinámica en los primeros minutos, pero se fue quedando a medida que avanzaba el reloj y sólo le quedó el recurso de juego fuerte para detener a la máquina argentina. Con su gol, anticipándose al arquero y tocando por abajo, Tevez definió el partido a los 17 minutos del primer tiempo, porque en lo que quedó del partido sólo un tiro libre bien controlado por Lux y otra tapada del “1” a Figueredo fue lo único que hizo Paraguay. Argentina controló a voluntad los ritmos del partidos. Aceleró cuando quiso, durmió la pelota cuando quiso y no pudo convertir más goles por esas cosas que tiene el fútbol. Los paraguayos, sin José Saturnino Cardozo por lesión, y con dos jugadores menos por expulsión, parecían satisfechos con la (meritoria) medalla de plata. Argentina fue a Atenas a colgarse la medalla de oro y lo consiguió. Bielsa logró sacarse la mufa de poder ganar algo grande con la selección y después de mucho tiempo su discurso parece ser nuevamente aceptado por el hincha. Salud Argentina, el futuro es prometedor. (AC)

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