El Papa defendió el derecho de los palestinos a un Estado propio
Pidió soluciones para el drama de los refugiados.
BELEN, Cisjordania (Reuters-Télam).- El papa Juan Pablo II oró ayer en el sitio donde nació Jesucristo y utilizó el poderoso púlpito para emitir un emotivo respaldo a un estado palestino independiente.
En su visita a Belén, uno de los santuarios de la cristiandad, el Papa recurrió a un lenguaje inusitadamente directo para abogar por un Estado palestino, a pesar de haber prometido que se apegaría a temas religiosos durante su peregrinaje por Tierra Santa.
«Nadie puede desconocer cuánto ha tenido que sufrir el pueblo palestino en las décadas recientes. Su tormento está ante los ojos del mundo. Y ha transcurrido durante demasiado tiempo», dijo el Papa, en la ceremonia de bienvenida que le ofreció el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat.
En una jornada de gestos de respaldo que dejaron a Arafat resplandeciente de gozo, el Pontífice dijo que el Vaticano siempre había reconocido que el pueblo palestino, «posee el derecho natural a una patria y el derecho a vivir en paz y en tranquilidad con los otros pueblos de esta área».
Israel desestimó las observaciones y dijo que sólo reiteraban una postura ya conocida del Vaticano. Funcionarios israelíes dijeron que estaban negociando qué forma podría tener un estado palestino.
El líder palestino dio al Papa la bienvenida a «Palestina y a su capital eterna, Jerusalén», emulando el discurso de bienvenida pronunciado ayer por el presidente israelí, Ezer Weizman, quien dijo que dicha ciudad era la «capital eterna» de Israel.
Tras la ceremonia de llegada, el Pontífice ofició una misa en la Plaza del Pesebre y luego pasó varios minutos orando en silencio ante el pesebre, en una gruta bajo la adyacente Iglesia de la Natividad, donde se cree que nació Jesús.
El Pontífice se dirigió luego al cercano campamento para refugiados Dheisheh, que es considerado tanto símbolo de los sufrimientos palestinos como de las esperanzas de un estado. El campamento, establecido en 1949, sigue albergando a 9.600 residentes, casi todos musulmanes.
El frágil Pontífice ingresó al campamento apoyado en la mano de Arafat, quien claramente fue estimulado por la visita.
El futuro de unos cuatro millones de refugiados palestinos figura entre los tópicos clave que los negociadores israelíes y palestinos buscan resolver a más tardar para septiembre, en un acuerdo definitivo de paz cuyas negociaciones se reanudaron esta semana en Washington.
En un mensaje que dirigió ante una escuela en el campamento, que estaba decorado con banderas palestinas y vaticanas, el Papa dijo que existe la urgente necesidad de una solución justa a las causas subyacentes de las deterioradas condiciones de los refugiados a lo largo de los años.
«Ustedes han sido privados de muchas cosas que representan las necesidades de todo ser humano: alojamiento, atención médica, educación y trabajo; pero sobre todo guardaron el triste recuerdo de lo que debieron abandonar», afirmó. «Insto a todos los líderes políticos a implementar los acuerdos que ya se han logrado y a avanzar hacia la paz que anhelan todos los hombres y mujeres razonables», dijo.
Assad Abdul-Rahman, un dirigente palestino, dijo en un emotivo discurso al Pontífice: «La Tierra Prometida jamás será la tierra prometida hasta que los derechos de nuestros refugiados, su derecho a regresar, se implementen en su totalidad».
A su llegada a Belén, ciudad cisjordana bajo gobierno palestino, el Pontífice besó un cuenco con tierra que le ofrecieron una niña y un niño palestinos, en un gesto que los palestinos consideraron un sello papal sobre sus demandas de un estado independiente en la Cisjordania y Gaza.
Al ser consultado, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, dijo que el gesto no implicaba reconocimiento a un estado palestino porque aún no se ha declarado la independencia. «Habría sido muy extraño que el Papa no besara la tierra en el sitio donde nació Jesús», afirmó.
Incidentes aislados y una «maldición»
Deheise/Jerusalen (dpa).- Tres personas resultaron heridas ayer como consecuencia de enfrentamientos registrados en el campamento de refugiados palestinos Daheisheh luego de la visita del papa Juan Pablo II.
Según fuentes palestinas, los disturbios se generaron por diferencias entre distintas corrientes ideológicas.
Antes de la visita que el Papa realizó al lugar, el servicio secreto palestino comenzó a despegar de las paredes de las viviendas afiches de George Jabash, líder del radical Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).
Algunos habitantes reaccionaron arrojando piedras contra los efectivos policiales, con lo cual al término de la visita del Sumo Pontífice de la Iglesia se produjeron duros enfrentamientos entre civiles y policías.
Asimismo hubo quejas por la actitud policial de mantener a los habitantes del campamento apartados de la senda del Papa, cuando éste se había acercado al lugar justamente para visitarlos.
Por otra parte, un judío ultraortodoxo fue arrestado ayer por cinco días por maldecir al Juan Pablo II ante las cámaras de un canal de televisión privado, informaron fuentes judiciales.
Meir Baranes, de 32 años, quien pertenece al grupo religioso Lubavitch, practicó el ritual el mismo día que el pontífice iniciaba su peregrinación por Tierra Santa.
Ultraderechistas judíos realizaron la mis-ma ceremonia, denominada «pulsa de nura», antes de que uno de ellos asesinara en 1995 al primer ministro Yitzhak Rabin, impulsor del proceso de paz en Medio Oriente.
Los jueces consideraron que Baranes po-día alentar la violencia contra el Papa, quien el lunes estuvo en Jordania, el martes en Israel y ayer en la ciudad palestina de Belén.