El Papa dijo que Pío IX «fue calumniado» y defendió su santidad
El pontífice lo beatificó junto con el papa Juan XXIII y tres sacerdotes.
Ciudad del Vaticano (EFE/Reuters).- Juan Pablo II afirmó ayer tras beatificar al polémico Pío IX, a Juan XXIII y a otros tres sacerdotes, que la Iglesia, elevándolos a los altares, no celebra «particulares hechos históricos» por ellos realizados, sino que lo que reconoce es la santidad y sus virtudes.
De esta manera, sin referirse directamente al último Papa-Rey, Juan Pablo II salió al paso de las fuertes críticas que ha levantado, incluso en la misma Iglesia, la beatificación de Pío IX, acusado de ser antisemita, totalitario, retrógrado y contrario a la unidad de Italia.
El papa intentó justificar a Pío IX -del que afirmó que «fue calumniado»- diciendo que hasta los santos tienen limitaciones humanas y están condicionados por la historia.
Juan Pablo II, de 80 años, puso a dos de sus predecesores y a otros tres religiosos que vivieron en los siglos 18, 19 y 20 en el camino de la santidad de la Iglesia Católica, en una solemne ceremonia celebrada ante unas 100.000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro, en Roma.
Los cinco beatificados -el penúltimo paso antes de que la Iglesia Católica les conceda la Santidad- fueron los Papas Pío IX (1792-1878) y Juan XXIII (1881-1963), el obispo italiano Tommaso Reggio (1818-1901), el sacerdote francés Guillaume-Joseph Chaminade (1761-1850) y la abadesa irlandesa Columba Marmion (1858-1923).
«Una época tormentosa»
Juan Pablo II afirmó que Pío IX vivió una época tormentosa (la caída del Estado Pontificio y la unidad de Italia), pero que en esos momentos turbulentos «fue ejemplo de incondicional adhesión a la verdad revelada, fiel a sus compromisos y siempre puso por delante el primado absoluto de Dios».
Mientras que la mayoría de los asistentes fueron a rendir homenaje al recordado Papa Juan XXIII, el más polémico de los beatificados fue el ultra-conservador Pío IX.
Su pontificado (1846-1878) fue el más largo de la historia y coincidió con la pérdida temporal del poder de los Papas y la cesión de enormes extensiones de tierra propiedad de la Iglesia Católica durante el proceso de unificación de Italia.
Pío IX, que se opuso férreamente a la tolerancia religiosa y definió la Doctrina de la Infalibilidad de la Iglesia, se refirió en una ocasión a los judíos calificándolos de «perros» y aprobó el secuestro del niño judío Edgardo Mortara.
Los judíos pidieron al Vaticano que no beatificara a Pío IX debido al secuestro del menor.
Los católicos progresistas se opusieron a su beatificación porque Pío IX centralizó el poder de la Iglesia, combatió el modernismo y se opuso a la unificación de Italia.
Juan Pablo II no mencionó el secuestro de Mortara, sino que repitió la posición expresada por la Iglesia Católica de que se beatificaba a Pío IX porque se le acreditó la milagrosa cura de una monja francesa que apenas podía caminar y comenzó a andar sin dificultades después de rezarle al papa.
«Su larguísimo pontificado no fue fácil y sufrió mucho. Fue amado, pero también odiado y calumniado», subrayó Juan Pablo II, quien agregó que, sin embargo, fue en medio de esos contrastes «donde brillaron sus virtudes».
Aseguró que esas «prolongadas tribulaciones» fueron las que fortalecieron su confianza en la Providencia.
Lo consideró una persona muy serena, que convocó el Concilio Vaticano I para clarificar «con magistral autoridad algunas cuestiones» (Pío IX aprobó el dogma de la infalibilidad del Papa), confirmando -dijo- la armonía entre la razón y la fe.
Destacó que era muy devoto de la Virgen María -al igual que él- y recordó que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción.
De Juan XXIII resaltó que la imagen que tiene todo el mundo del «Papa Bueno» es la de una cara sonriente y dos brazos abiertos en un abrazo al mundo entero.
«El viento de novedades por él traído no fue sólo de doctrinas, sino el modo de exponerla. Nuevo fue el estilo de hablar y de actuar. Fue con este espíritu con el que convocó el Concilio Vaticano II», subrayó el anciano pontífice.
El obispo de Roma añadió que el Vaticano II abrió una nueva página en la historia de la Iglesia y los cristianos se sintieron llamados a anunciar el Evangelio con renovado ímpetu.
«El Vaticano II fue una estación de esperanza para los cristianos y toda la humanidad», aseguró el papa, que participó en el mismo.
Ante la polémica causada por haber sido beatificados el mismo día dos papas tan diferentes, Juan Pablo II respondió indirectamente afirmando que han sido los «designios divinos» los que han querido que la elevación a la gloria de los altares «uniese a dos pontífices que vivieron en contextos históricos muy diferentes, pero que estuvieron ligados, mucho más de las apariencias, por no pocas semejanzas en el plano humano y espiritual».
También habló de los otros sacerdotes beatificados en la jornada de ayer. De Guillermo Chaminade, el fundador de los Marianistas, el Santo Padre resaltó su dedicación hacia los jóvenes; de don Columba Marmion, su espiritualidad y sus escritos, y del arzobispo Tommaso Reggio, fundador de las Hermanas de Santa Marta, su labor en el campo caritativo y educativo.
Cuestionamientos de Israel
Jerusalén (EFE).- El ministro israelí para Asuntos de la Diáspora, Mijael Malchior, lamentóla decisión del papa Juan Pablo II de beatificar a Pío IX.
Malchior -rabino del movimiento religioso moderado Meimad- argumentó que «se sabe que el Papa Pío IX era antisemita y, entre otras cosas, ordenó secuestrar a un niño judío de seis años arrebatándoselo a sus padres».
Indicó que «esperaba que el papa Juan Pablo II mostrara una mayor sensibilidad, en particular después de haber visitado Israel (en marzo pasado)».
El diario conservador «Jerusalem Post» subrayó que Pío IX fue el último papa que confinó a los judíos en guetos, y en 1858 dio orden de secuestrar al niño judío Edgardo Mortara, que había sido bautizado en secreto cuando era un bebé.
Su política respecto a los judíos fue calificada por un historiador italiano de «arrogante y cruel», y el historiador británico Cecil Roth comparó las condiciones en las que vivieron los judíos durante el pontificado de Pío IX con las de la Alemania nazi a principios de los años treinta, antes de la Segunda Guerra Mundial. Comenta que «para los judíos, la beatificación de Pío IX no cuadra con las recientes peticiones de perdón de la Iglesia católica por los actos antisemitas del pasado».
El «Jerusalem Post» añade que «la contradicción es particularmente llamativa porque Pío IX fue beatificado junto con el fallecido papa Juan XXIII, el reverenciado pontífice amado por todo el mundo, que murió en 1963. «Los cinco años de pontificado de Juan XXIII supusieron un vuelco en la historia de la Iglesia y en las relaciones entre judíos y católicos, ya que ayudó a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y en 1962 convocó el Concilio Vaticano II, cuyas resoluciones revolucionaron la Iglesia y la abrieron al mundo moderno», dice.
Quién fue Pío IX
Ciudad del Vaticano (EFE).- Giovanni María Mastai Ferretti, el nombre de pila de Pio IX, nació en Senigallia, costa adriática italiana, el 13 de mayo de 1792, en una familia de pequeña nobleza.
A los 27 años fue ordenado sacerdote. Entre 1823 y 1825 trabajó en Chile como asistente del Nuncio. Fue elegido Papa el 16 de junio de 1846.En 1848 autorizó la creación de las dos cámaras parlamentarias.
Los italianos lo vieron como el jefe para la lucha de liberación de los austríacos, pero él dio marcha atrás ante el temor a haber ido más allá y ante la amenaza austriaca de un cisma.
El 29 de abril de 1848 se declaró neutral y rechazó participar en la guerra contra Austria. En ese momento se acabó la «luna de miel» con el pueblo. La situación se precipitó y el 24 de noviembre de 1848 escapó de Roma vestido de cura y huyó a Gaeta.
El 9 de febrero de 1849 Roma se convirtió en la «república romana» sin el Papa en el poder. Duró poco, ya que Francia envió un ejército que ocupó la Ciudad Eterna el 2 de julio y echó a los republicanos.
El Papa volvió el 12 de abril de 1850, y el pueblo le acogió con resignación.
Murió el 7 de febrero de 1878, tras un larguísimo pontificado de 32 años.
Ya en 1965 quisieron beatificar a Juan XXIII
Ciudad del Vaticano (EFE).- A Juan XXIII, el «Papa Bueno», muchos quisieron ya proclamarle santo por aclamación en 1965 durante el Concilio Vaticano, que él convocó pero no pudo ver concluido. Angelo Giuseppe Roncalli, nació en Sotto il Monte, en la provincia italia-na de Bergamo, el 25 de noviembre de 1881. Tras hacer el servicio militar, el 10 de agosto de 1904 fue ordenado sacerdote. Para ayudar a los jóvenes necesitados de Bérgamo fundó, con sus ahorros, la «Casa del Estudiante», la primera institución en Italia de ese tipo.
Fue visitador apostólico a Bulgaria, Turquía y Grecia. En 1944 fue nombrado por Pío XII nuncio en París, y a finales de 1952 le nombró patriarca de Venecia. En la Ciudad de los Canales permaneció hasta el 28 de octubre de 1958, cuando a la edad de casi 77 años fue elegido Papa y asumió el nombre de Juan XXIII.
Su corto pontificado fue muy prolífico. Escribió ocho encíclicas, entre las que destacaron «Mater et Magistra» y «Pacem in Terris», y convocó al Concilio Vaticano II.
Murió el 3 de junio de 1963, tras una larga y dura agonía que fue seguida con angustia a través de la radio y la televisión por todos los católicos del mundo.
Ciudad del Vaticano (EFE/Reuters).- Juan Pablo II afirmó ayer tras beatificar al polémico Pío IX, a Juan XXIII y a otros tres sacerdotes, que la Iglesia, elevándolos a los altares, no celebra "particulares hechos históricos" por ellos realizados, sino que lo que reconoce es la santidad y sus virtudes.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios