El poder de la garganta y la guitarra

Paco Ibáñez se presenta mañana en Neuquén, a las 22, con “Un poema, una vida, una canción” en el Cine teatro Español. Antes, “Río Negro” habló con el gran artista español.

Redacción

Por Redacción

“Yo leo mucha poesía y cuando es de verdad, que tiene fundamento, pues es pura energía”, define, perfectamente, Ibáñez.

Paco Ibáñez volvió a la Argentina, y mañana estará en Neuquén, a las 22, en el Cine Teatro Español. Francisco Ibáñez es más que un gran artista dedicado a musicalizar poetas españoles e iberoamericanos, clásicos y contemporáneos. Menor de cuatro hermanos, de padre valenciano –militante en el sindicato de la madera, dirigente de juventudes anarquistas– y madre campesina vasca, conoció los horrores del nazismo, y de la prohibición en su propia patria. Instalado en París a principios de los 50, descubrió a Georges Brassens y a Atahualpa Yupanqui, a Leo Ferré y al movimiento existencialista francés. En el 56 brotó su primera canción sobre “La más bella niña”, poema de Luis de Góngora. Grabó esos versos y otros de Federico García Lorca, en 1964. Una amiga le llevó el disco a Salvador Dalí, a Cadaqués, y cuando éste lo escuchó quizo conocerlo y le dibujó la portada. Estuvo prohibido, volvió a Francia. El gobierno de François Mitterrand le otorgó la Medalla de las Artes y las Letras en el 83, pero Paco no la aceptó porque “un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa”. Todos datos no curriculares que han dado forma a su vida. “El instinto de justicia y de verdad. Es así. Mi padre me llamaba el abogado de los pobres . En el fondo, la trayectoria es esa, no aceptar lo que uno piensa injusto. Cuando te enteras, por ejemplo, del Holocausto, que sabes del millón de gitanos ejecutados, otro millón de españoles muertos ni enterrados, no puedes decir, bueno, ha sido así, qué se puede hacer, y a vivir que son dos días… No puedes, no debes, lo llevas dentro. Llevas el sentimiento de justicia dentro y te sigue a todas lados. Por eso he vivido como un paquete, siempre. – En Argentina también ha pasado con la desaparición forzada de personas… – Y en Chile, en Uruguay… ¿Dónde no ha ocurrido? – Y cada vez que se descubre o se juzga un crimen de lesa humanidad, como le ocurrió en España al Juez Garzón, aparece el latiguillo: revolver el pasado no hace más que reavivar heridas, daña a la sociedad… – Es crearte problemas. Porque a alguien, sobre todos a los poderosos, les interesa taparlo. Y por debajo dicen: ¡no te metas! La actitud social pasiva ante ese drama, ante esa injusticia es insoportable. Ahora, en España, estamos viviendo una especie de vergüenza nacional, después de un golpe de estado militar asqueroso, que fue la Guerra Civil provocada por los generales traidores, setenta años más tarde llegamos a un golpe de estado jurídico que pretende tapar tantos crímenes. No se puede vivir humillado toda la vida. – Ante tanto horror, la canción es un salvavidas, un refugio. – Yo leo mucha poesía y cuando es de verdad, que tiene fundamento, pues es pura energía. Como si bebieras un vaso de no sé qué virtudes para energizarte y satisfacer la necesidad de vivir la vida en toda su extensión. – Tiene, son de respetar, 75 años y anda tomando aviones de un país a otro. ¿Quién lo manda a hacer eso? – Esas ganas de vivir, nada menos. Debe ser… Y las ansias de comunicar todas esas cosas que tengo dentro y quiero participar para que la gente se entere de cómo la tratan, levante cabeza y diga: ¡hasta aquí hemos llegado y el cuento este se acabó! Para eso hay que ir formando en la sociedad una red, una trama potente. Pero mientras no tienes el poder, por un lado, no tienes los medios para comunicarlo, pues uso los únicos a mi alcance: un micrófono, una guitarra, la garganta y un público que tiene ganas de oír lo que le voy a cantar. – ¿Cómo define el vínculo con él? – Puede ser una comunión por puro manejo mediático. Mucha gente se puede entusiasmar con unas canciones hueras, vacías, sin contenido alguno, que las radios han ido poniendo cada día, en cada sitio, aquí y allá. Los medios utilizan sus herramientas para imponer su gusto, mal gusto, no gusto, y mucha gente, pues, se enamora de temas que no tienen sentido. Después hay otro público que se enamora de canciones que sí tienen contenido y yo lo puedo decir porque no soy el autor de lo que canto. Sólo soy un transmisor. Si tomas “Coplas para la muerte de su padre” (de Jorge Manrique) o “Balada del que fue a Granada”, esos poemas los puedes cantar mil veces, un millón, y cada vez será la primera que los entonas. Su contenido es intocable. – Siempre hay algo por descubrir en ellos. – Claro. Y después está la capacidad de crear una emoción en el público. Según los cantas, según transmites esa emoción. Si no la transmites, se queda en una partitura, nada más. Yo pongo empeño en que haya esa vibración

Eduardo rouillet eduardorouillet@ciudad.com.ar


“Yo leo mucha poesía y cuando es de verdad, que tiene fundamento, pues es pura energía”, define, perfectamente, Ibáñez.

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