El regionalismo económico

Por Adriana Giuliani y Ernesto Bilder (*)

Por Redacción

La regionalización en las provincias de la Patagonia Norte ha sido en los últimos tiempos tema de variados análisis. Una de las perspectivas aún poco exploradas es la que nos brinda la teoría económica, la cual representa una herramienta adecuada para reflexionar sobre posibles estrategias de desarrollo y acerca de los argumentos que puedan fundamentar la conformación de nuevas regiones. Es importante tener presente que el área de influencia de una economía regional es generalmente difusa y que sus fronteras raramente coinciden con la división política que delimita los estados. También, que desarrollo no es sinónimo de crecimiento y que necesariamente implica cierto grado de industrialización. La separación de la Patagonia es una cuestión que nada tiene que ver con el debate teórico que pretendemos recrear. Revisando los aportes más representativos, nos encontramos con las siguientes líneas de pensamiento:

a) La clásica teoría de los costos comparativos que justificó la especialización internacional. Ella afirma que cualquiera sea la dotación de recursos de un área económica, es posible escoger, entre diversas alternativas de producción y en función de la estructura de precios, un tipo de bien que genere ventajas de intercambio. En la Norpatagonia son las reservas energéticas las que proporcionan tales ventajas y las que generan la renta pública. Sin embargo, en este caso no se analizan distintas opciones; sólo se explota el recurso natural.

b) Los trabajos de Douglas North sobre la creación de una economía a partir de una base común de exportación y sus efectos multiplicadores. La explotación de un producto exportable (a ser colocado en la extra-zona) incentiva el desarrollo de nuevas actividades, que con el tiempo ampliarán la base de exportación. En este marco, aun cuando la región depende de actividades primarias, y entre ellas las extractivas, es posible que alcance un adecuado nivel de maduración, siempre que una porción de los ingresos derivados de la actividad principal sea invertida en la expansión de la base. Ahora bien, en países periféricos como el nuestro el capital es a menudo foráneo y normalmente las ganancias fluyen fuera de la región; en ese caso, es el Estado quien tiene a su cargo la responsabilidad de la diversificación, destinando a ese fin al menos parte de las regalías e impuestos cobrados, máxime cuando la actividad principal consiste en la explotación de recursos no renovables.

El documento «Neuquén 2020», elaborado por el gabinete técnico gubernamental en 1997, esbozaba la intención de «cambiar el paradigma productivo basado en hidrocarburos» por un esquema agroindustrial. No es la oportunidad de realizar juicios valorativos sobre el mismo, pero lo cierto es que en poco tiempo, presa de las disputas internas por el poder en el seno del partido gobernante, pasó a ocupar un espacio en las bibliotecas, convirtiéndose en mero material de consulta.

c) La conocida hipótesis del gran impulso o «big push», en el marco de la teoría del crecimiento desequilibrado. En su versión más tradicional, expresada por uno de sus principales mentores, el profesor Perroux, establece que el crecimiento no se da en forma simultánea en todos los sectores de la economía sino que, por el contrario, en determinado momento el equilibrio económico es alterado por el surgimiento de centros motrices que expanden sus efectos al resto de la economía. Son industrias que introducen antes que otras procesos novedosos, que posteriormente se propagarán entre las restantes, transformando la «estructura espacial de las actividades» del área geográfica bajo su influencia. Los famosos «polos de desarrollo» se inscriben en este marco teórico y han sido recurrentemente anunciados por los gobiernos de turno en el Neuquén. Sin embargo, su eficiencia nunca pudo ser puesta a prueba, ya que uno tras otro se frustraron antes de existir.

d) Los estudios más recientes sobre localización y concentración industrial. La referencia ineludible en este sentido es Paul Krugman (1992), quien con su redescubrimiento de la geografía económica conduce a pensar sobre el emplazamiento de la actividad económica en el espacio. ¿Cómo surgen los conglomerados industriales y qué es lo que incita a las fábricas a establecerse juntas? Ya que la evidencia empírica nos muestra que muchos nacieron merced a algún «accidente histórico», lo que interesa es el proceso acumulativo que acontece luego de la instalación de la primera empresa. Krugman revaloriza la interacción de los rendimientos crecientes, los costos de transporte y la demanda. Las economías de escala favorecen la concentración, lo cual se potencia con la cercanía respecto de los grandes centros consumidores y oferentes de servicios que facilitan la producción. Aunque puede constatarse fácilmente que la tendencia más frecuente ha sido la concentración al amparo de grandes ciudades, recientes experiencias nos señalan modernos núcleos tecnológicos que fueron creados a iniciativa de los gobiernos locales con el apoyo de universidades o institutos de investigación, no necesariamente cercanos a localidades importantes. Es que la gravitación de la distancia respecto de los centros de distribución puede atenuarse si se asume el carácter endógeno de la reducción de los costos de transporte, ya que la existencia de un importante número de firmas bien puede justificar inversiones en nuevas redes de comunicación. Finalmente, en cuanto al tamaño del mercado, si bien los empresarios querrán montar sus fábricas donde exista el mercado más grande, también es cierto que el mercado será mayor allí donde se hayan situado los empresarios. Esta propuesta puede parecer impracticable en aquellas regiones dotadas en recursos naturales; sin embargo, existen exitosas experiencias en el mundo de complejos productivos creados en torno de ellos, que se dedican no sólo a su extracción y procesamiento más simple, sino también a múltiples actividades eslabonadas que van agregando valor en cada etapa.

Las recientes menciones sobre la regionalización por parte de sectores políticos llevan a preguntarnos cuál es la propuesta de desarrollo económico que sustentaría la eventual creación de una nueva región. Si la idea consiste en extender el modelo neuquino a las provincias que deseen anexarse, entonces es preciso que nos detengamos a revisar sus particularidades. La dotación de recursos energéticos ha sido y es su ventaja absoluta y, al no haberse desarrollado industrias donde las economías de la producción en gran escala tuvieran importancia, creció como correlato del gasto público un gran sector terciario vinculado con la educación básica, la salud y otros servicios. También, un importante número de empleados públicos y un grupo empresarial, aunque parte de él subsiste como clientela del aparato estatal, que a su vez lo utiliza como factor de legitimación y apoyo. Es sabido que a fines de los «60, de la mano de las grandes inversiones estatales en las represas hidroeléctricas y el descubrimiento de importantes yacimientos petrolíferos y gasíferos, Neuquén se convirtió en la provincia argentina de mayor tasa de crecimiento del producto geográfico y de población; inclusive fue el Estado (excluyendo la Capital Federal) que generó mayor producto bruto por habitante. Sin embargo, la explotación tipo enclave de sus recursos implicó que aunque en el territorio se generaran elevados niveles de producto, el ingreso de sus habitantes no se correspondiera con esos valores.

Luego vinieron la oleada de privatizaciones, el retiro del Estado de la actividad económica y el quiebre institucional y del sistema financiero, sobreviniendo una crisis de inédita magnitud que golpea a todo el territorio nacional. No obstante, en los días que corren nos enfrentamos en Neuquén con una situación paradójica. En su condición de exportadora de recursos energéticos, se ha visto beneficiada tanto por el alto precio del petróleo como por la devaluación pos-convertibilidad. A tal punto es favorable la coyuntura, que le ha permitido incrementar sus ingresos en concepto de regalías en una proporción cercana al 100% respecto del año anterior. Sin embargo, figura entre las provincias más afectadas por la desocupación (20,9% en el conglomerado Neuquén–Plottier según la Encuesta Permanente de Hogares efectuada en mayo del 2002), lo que inevitablemente impacta en los indicadores de pobreza y marginalidad: el relevamiento del INDEC muestra que un 47,6% de los habitantes de Neuquén–Plottier es pobre y el 20,7% indigente. Más grave aún es la situación de los niños, ya que el 59,7% es pobre y el 31,4% indigente.

En realidad, el argumento que más concretamente se ha esgrimido en torno de la regionalización es la «reducción del costo político», proveniente de la posible supresión de cargos de diputados y concejales, juntamente con sus estructuras burocráticas. Sin embargo, la política tiene otros costos cuya eliminación la sociedad reclama, tales como el inherente a la corrupción y a la proliferación de políticos profesionales, que lejos de servir a la comunidad pretenden vivir de ella.

La gravedad de la hora obliga a diagramar con seriedad opciones estratégicas para el futuro socioeconómico de nuestra región.

(*) Facultad de Economía y Administración – Universidad Nacional del Comahue.


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