El regreso del hijo pródigo

Redacción

Por Redacción

A diferencia de su antecesora, que creía que le convendría agregar los países principales del Occidente a su larga lista de enemigos, el presidente Mauricio Macri quiere minimizar la importancia de los conflictos existentes y subrayar las ventajas de la colaboración. Puede que no sean muy grandes los beneficios políticos internos que le aportaría tal postura, ya que ha quedado demostrado que a amplios sectores les encanta el nacionalismo aislacionista, pero está convencido de que, a menos que la Argentina consiga inversiones cuantiosas y acceda muy pronto a los mercados de capitales, los años próximos le serán sumamente difíciles. Felizmente para Macri, los mandatarios de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania y otros países están más que dispuestos a darle la bienvenida. En los encuentros que celebró en la localidad suiza de Davos con personajes como el vicepresidente norteamericano Joe Biden y el primer ministro británico David Cameron, lo trataron como el líder de un país con abundantes ventajas comparativas que, por razones que nunca lograron entender muy bien, durante mucho tiempo pareció resuelto a mantenerse subdesarrollado. Con todo, si bien no cabe duda de que los norteamericanos y europeos más influyentes quieren que resulte exitosa la gestión de Macri, para que lo sea el gobierno que encabeza necesitará recibir mucho más que palabras de aliento. Si los grandes inversores optan por esperar hasta que tengan motivos concretos para confiar en que el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay logre restaurar cierto orden en las cuentas nacionales, frenando la inflación y reduciendo el abultado déficit fiscal, una eventual decisión de aprovechar las oportunidades para hacer buenos negocios podría llegar demasiado tarde, ya que, como se enteró el expresidente Fernando de la Rúa, los tiempos económicos no suelen coincidir con los políticos y sociales. Ya se han producido algunas señales positivas. Luego de reunirse con Prat Gay el secretario del Tesoro norteamericano Jack Lew, se anunció formalmente que Estados Unidos dejaría de impedir que los organismos de crédito internacionales otorguen préstamos a la Argentina, como hacían desde el 2011 debido a la negativa del gobierno anterior a respetar las normas internacionalmente vigentes. Asimismo, Prat Gay está resuelto a poner fin a la económicamente costosa, pero políticamente provechosa, vendetta con el Fondo Monetario Internacional; afirmó que en adelante la Argentina permitiría que el organismo monitoreara la marcha de la economía ya que “no tenemos nada que ocultar”, lo que dejaría a Venezuela como el único país del mundo que por razones ideológicas se niega a someterse a una auditoría. Por ahora, sin embargo, se trata de un gesto meramente simbólico, ya que no sirven para mucho las estadísticas oficiales confeccionadas por el Indec. La estrategia macrista se basa en la esperanza de que los inversores del resto del mundo se sientan tan entusiasmados por las posibilidades ofrecidas por la Argentina que el gobierno no se vea obligado a aplicar un ajuste que, dadas las circunstancias, podría ser traumático. Se trata de una apuesta arriesgada. Aunque el gobierno se ha privado de ingresos al eliminar algunas retenciones y reducir otras, además de comprometerse a modificar el régimen tributario, aparte de algunas medidas vinculadas con la propaganda estatal que los kirchneristas aprovecharon para difundir “el relato” y bajar línea, ha sido reacio a tocar el gasto público. Cree que le será dado saltar por encima de la brecha financiera resultante merced al ingreso de miles de millones de dólares en concepto de inversiones productivas y créditos para obras de infraestructura. Incluso confía en que le favorezca la crisis que enfrentan casi todos los países “emergentes”, con Brasil como la víctima más notoria del cambio de clima provocado por la ralentización de China y el previsto aumento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, por ser a su juicio la Argentina uno de los escasos países que podrían estar en vísperas de un boom económico. Es de esperar que Macri, Prat Gay y los demás miembros del gobierno nacional hayan acertado; caso contrario, nos aguarda un período acaso prolongado que se verá signado por la austeridad extrema acompañada por inestabilidad política.


A diferencia de su antecesora, que creía que le convendría agregar los países principales del Occidente a su larga lista de enemigos, el presidente Mauricio Macri quiere minimizar la importancia de los conflictos existentes y subrayar las ventajas de la colaboración. Puede que no sean muy grandes los beneficios políticos internos que le aportaría tal postura, ya que ha quedado demostrado que a amplios sectores les encanta el nacionalismo aislacionista, pero está convencido de que, a menos que la Argentina consiga inversiones cuantiosas y acceda muy pronto a los mercados de capitales, los años próximos le serán sumamente difíciles. Felizmente para Macri, los mandatarios de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania y otros países están más que dispuestos a darle la bienvenida. En los encuentros que celebró en la localidad suiza de Davos con personajes como el vicepresidente norteamericano Joe Biden y el primer ministro británico David Cameron, lo trataron como el líder de un país con abundantes ventajas comparativas que, por razones que nunca lograron entender muy bien, durante mucho tiempo pareció resuelto a mantenerse subdesarrollado. Con todo, si bien no cabe duda de que los norteamericanos y europeos más influyentes quieren que resulte exitosa la gestión de Macri, para que lo sea el gobierno que encabeza necesitará recibir mucho más que palabras de aliento. Si los grandes inversores optan por esperar hasta que tengan motivos concretos para confiar en que el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay logre restaurar cierto orden en las cuentas nacionales, frenando la inflación y reduciendo el abultado déficit fiscal, una eventual decisión de aprovechar las oportunidades para hacer buenos negocios podría llegar demasiado tarde, ya que, como se enteró el expresidente Fernando de la Rúa, los tiempos económicos no suelen coincidir con los políticos y sociales. Ya se han producido algunas señales positivas. Luego de reunirse con Prat Gay el secretario del Tesoro norteamericano Jack Lew, se anunció formalmente que Estados Unidos dejaría de impedir que los organismos de crédito internacionales otorguen préstamos a la Argentina, como hacían desde el 2011 debido a la negativa del gobierno anterior a respetar las normas internacionalmente vigentes. Asimismo, Prat Gay está resuelto a poner fin a la económicamente costosa, pero políticamente provechosa, vendetta con el Fondo Monetario Internacional; afirmó que en adelante la Argentina permitiría que el organismo monitoreara la marcha de la economía ya que “no tenemos nada que ocultar”, lo que dejaría a Venezuela como el único país del mundo que por razones ideológicas se niega a someterse a una auditoría. Por ahora, sin embargo, se trata de un gesto meramente simbólico, ya que no sirven para mucho las estadísticas oficiales confeccionadas por el Indec. La estrategia macrista se basa en la esperanza de que los inversores del resto del mundo se sientan tan entusiasmados por las posibilidades ofrecidas por la Argentina que el gobierno no se vea obligado a aplicar un ajuste que, dadas las circunstancias, podría ser traumático. Se trata de una apuesta arriesgada. Aunque el gobierno se ha privado de ingresos al eliminar algunas retenciones y reducir otras, además de comprometerse a modificar el régimen tributario, aparte de algunas medidas vinculadas con la propaganda estatal que los kirchneristas aprovecharon para difundir “el relato” y bajar línea, ha sido reacio a tocar el gasto público. Cree que le será dado saltar por encima de la brecha financiera resultante merced al ingreso de miles de millones de dólares en concepto de inversiones productivas y créditos para obras de infraestructura. Incluso confía en que le favorezca la crisis que enfrentan casi todos los países “emergentes”, con Brasil como la víctima más notoria del cambio de clima provocado por la ralentización de China y el previsto aumento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, por ser a su juicio la Argentina uno de los escasos países que podrían estar en vísperas de un boom económico. Es de esperar que Macri, Prat Gay y los demás miembros del gobierno nacional hayan acertado; caso contrario, nos aguarda un período acaso prolongado que se verá signado por la austeridad extrema acompañada por inestabilidad política.

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