El “silencio” en la dictadura
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El recién nombrado papa Francisco recibió críticas –que ayer multiplicó un sector de la sociedad por las redes sociales– por su desempeño durante la dictadura de la década del 70.
Las expresiones son reflejo de la indignación de muchos argentinos con la Iglesia católica por no enfrentar abiertamente al gobierno militar que secuestró, torturó e hizo desaparecer a miles de personas en siete años.
No obstante, bajo la conducción de Bergoglio, ahora papa Francisco, la Iglesia argentina emitió en octubre de 2012 una oferta de disculpas por no defender a su grey durante la década de 1970. La declaración culpó por la violencia de esa época a la junta militar y sus enemigos por igual. Para algunos activistas, la declaración llegó demasiado tarde. Acusaron a Bergoglio de preocuparse por la imagen de la Iglesia más que por ayudar a la investigación de las violaciones de los derechos humanos.
En dos ocasiones, Bergoglio invocó su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer ante un tribunal. Cuando finalmente lo hizo, en 2010, la abogada de derechos humanos Myriam Bregman dijo que respondió con evasivas. Dos casos lo señalaban de manera directa. Uno investigaba la tortura de dos sacerdotes de su orden jesuita, Orlando Yorio y Francisco Jalics, secuestrados en 1976 de los barrios pobres donde promovían la teología de la liberación. Yorio acusó a Bergoglio de entregarlos a los escuadrones de la muerte al negarse a decirle al régimen que apoyaba su trabajo. Jalics se negó a hablar de ello después de recluirse en un monasterio alemán. Los dos hombres quedaron en libertad gracias a las negociaciones de trastienda realizadas por Bergoglio, quien habló de ello por primera vez en una entrevista realizada en el 2010 para su biografía. Bergoglio dijo que ocultó a mucha gente en propiedades de la iglesia en esa época. Pero lo hizo en secreto, mientras la jerarquía eclesiástica apoyaba públicamente a la junta y exhortaba a los católicos a demostrar su “amor a la patria’’ a pesar del terror que imperaba en las calles.
La biografía también fue cuestionada por sus detractores, sobre todo por el periodista Horacio Vertbisky, quien consideró que Bergoglio necesitaba “un lavado de imagen”, “una foja de servicios pulida” ante el declive de Benedicto XVI y su proyección hacia el Vaticano. Insiste en la tesis de la “entrega” por parte de Bergoglio de los sacerdotes Yorio y Jalics a los militares. Las notas pueden leerse en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-143711-2010-04-11.html y http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-143710-2010-04-11.html.
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